Río Cuarto | Estudiantes

Educación en la cárcel: "Volvemos al aula con dos años de ausencia"

Natalia Ysaacson, directora del Cenma 73 que funciona dentro de la cárcel local, cuenta los esfuerzos para restablecer el vínculo con los estudiantes tras la pandemia. Además, defiende la importancia de que la cultura digital pueda traspasar los muros

Alrededor de 100 personas se inscribieron este año para cursar el secundario de adultos en la cárcel de Río Cuarto. Imagen ilusatrativa. 

 

Este lunes vuelven las clases luego del receso de invierno y en el Cenma 73 Anexo Unidad Penitenciaria también se preparan para arrancar con fuerza el segundo cuatrimestre.

Es debido a que todo lo que venían logrando en la escuela -que el año próximo cumplirá su 20° aniversario- la pandemia por Covid-19 se encargó de obstaculizar.

Uno de los datos que así lo evidencia es la necesidad de ir más lento, más individualizado y reforzar contenidos que creían estaban adquiridos, tanto en educación primaria para adultos como en la secundaria.

Otra situación que refleja el retroceso que produjo la pandemia es que, al retomar las clases presenciales, como el resto de las escuelas de la provincia, advirtieron que menos del 50% de los estudiantes que dejaron en 2019 estaba en las aulas.

Si bien la directora del Cenma, Natalia Ysaacson, reconoce que uno de los motivos puede ser la existencia de traslados o personas que recuperaron su libertad, sin dudas, otras de las causas se la atribuyen a la imposibilidad de compartir las clases presenciales en estos dos últimos años.

“La pandemia dejó en evidencia la necesidad de estar con el otro para el proceso de enseñanza -aprendizaje”. “La pandemia dejó en evidencia la necesidad de estar con el otro para el proceso de enseñanza -aprendizaje”.

-¿Qué dejó el coronavirus?

-Estos dos años que no estuvimos, la escuela no pudo funcionar de ninguna manera. Si bien mandamos audios por las radios, mandamos trabajos por escrito para que los realicen y luego los corregíamos, ese ida y vuelta que suponíamos que existía, cuando nos volvemos a encontrar, vemos que no fue así, ya que muchos estudiantes no han podido hacer un proceso de aprendizaje real…

-¿Cómo empezó este año?

-Arrancamos normalmente como 2019, sin restricción horaria más allá de lo normal. Y tuvimos mucha matrícula, muchos anotados. Algunos que pudieron pasar de año, que son poquitos pero son algunos y otros que se incorporaron recién este año o que vuelven después del 2019.

Volvemos con dos años de ausencia. Hay que trabajar más lento, más individualmente y haciendo foco en las cuestiones básicas, yendo para atrás en los contenidos y reforzando ciertas cosas que en otro momento no nos pasaba.

-¿Con qué porcentaje de los estudiantes que habían dejado en 2019 se volvieron a encontrar?

-Menos del 50%. Siempre pasa que hay mucho movimiento, o salen en libertad o son trasladados. Muchos habían decidido no hacer nada, a otros no les resultaba posible la situación de estudiar solos y otros sí pudieron esforzarse, pero fueron los menos.

-¿Hubo instancias de apoyo entre ellos?

-El primer año de pandemia esa fue la metodología que empleamos, que hubiera un estudiante tutor, que ayudaba al resto, de otros cursos o de nivel primario, a realizar actividades.

El segundo año fue más difícil organizar eso con los tutores. Cada alumno hacía como podía las actividades que les mandábamos. Ya en agosto del año pasado volvimos, pero lentamente, con clases reducidas. Fueron pocos los estudiantes que realmente pudieron acreditar y pasar de año, que pudieron avanzar y hacer un proceso de aprendizaje.

La pandemia dejó en evidencia la necesidad de estar con el otro para el proceso de enseñanza aprendizaje. Nosotros en la cárcel es una cosa que vimos siempre: la importancia del estar. Hubo intentos de hacer modalidad semipresencial, que es una modalidad que funciona en jóvenes y adultos, pero siempre defendimos que en la cárcel no iba a servir una modalidad así. Es fundamental el encuentro presente de los cuerpos y compartir mismos tiempos y espacios para hacer posible la transmisión porque si no, no se da.

-¿Qué responden desde el Ministerio de Educación?

-No están al tanto de lo que pasa. Nunca nos han preguntado. Sí han pedido hacer foco en educación de adultos, o sea que también es para la cárcel, en esto de profundizar la lectura, escritura y oralidad. La matemática como el aprendizaje por problemas, la cultura digital que nos es bastante difícil en la cárcel, casi imposible.

-Vos recién hablabas de la cultura digital, ¿qué se podría hacer para favorecerla?

-Hay una desigualdad increíble, absoluta. Si toda política está sosteniendo que nuestra cultura es digital y la escuela no estamos transmitiendo esa parte que es fundamental o nos atraviesa como sociedad, estamos mezquinando un aspecto importante y afectando la posibilidad de transmitir la cultura y lograr la inclusión, que es la misión de la escuela. Apelamos a luchar para poder llevar algunas cuestiones dentro de lo que nos permite el servicio penitenciario como películas, documentales o cosas que podamos grabar y ver en tele. Usar algo de Google Maps, para geografía, pero es muy limitado lo que podemos hacer. En otro tiempo sí pudimos hacer más cosas.

Faltaría más inversión por parte del Ministerio de Educación en el plano tecnológico y que hagan de nexo con el servicio penitenciario para que no interfieran en la efectivización del derecho.

-¿Qué cambió en estos casi 20 años?

-Hemos avanzado mucho en legislación: la Ley Nacional de Educación, del 2006, fue fundamental para esta modalidad, porque plantea por primera vez que la educación en contexto de encierro es una modalidad del sistema educativo. Esa la ley establece la obligatoriedad de que en todas las cárceles tiene que existir una modalidad dependiente del Ministerio de Educación.

La ley de ejecución de pena, que se modifica, y les permite avanzar en la progresividad de la pena si certifican estudios, cambió la mirada de la educación en la cárcel, donde es una mirada del derecho: gracias a eso aumentó la demanda, hay más matrícula, estudiantes más interesados.

Sin embargo, desde el punto de vista cualitativo, en esta escuela me parece que hemos perdido terreno: hemos hecho mucho para vincular a estudiantes con la cultura y la sociedad que ahora hemos perdido. Tenemos historias de proyectos, talleres, por ejemplo, cuando funcionaba el Centro de Actividades Juveniles, que motorizó experiencias artísticas y deportivas dentro de la cárcel, y ahora no existe más. La biblioteca abierta, que se implementó en todas las cárceles pero después no se renovó más el material. Y la posibilidad de que la escuela fuera un nexo cultura con la sociedad: entre estudiantes y representantes políticos, artistas, deportistas. Y eso se ha perdido antes de la pandemia. Para los que pensamos en el derecho a la educación en las cárceles fuimos perdiendo.

-¿Qué les dijeron los estudiantes cuando se volvieron a ver?

-Nos re extrañaron, porque el aula es como otra vida ahí adentro. Aparte de encontrarse con nosotras que venimos de afuera y traemos otra cosa, que no somos la familia tampoco. Y vieron que el encuentro era la única forma que tenían de aprender y sentían mucha impotencia de querer abordar un texto y no poder entenderlo. Necesitaban el puente entre el material y ellos, la lectura previa, el comentario. Fue una frustración enorme no contar con eso. Veían muy bonito el material que les enviábamos pero no había posibilidad de llegar, de contactar.

-¿Qué sigue para el segundo cuatrimestre?

-Siempre el segundo cuatrimestre es disfrutable porque sentimos que hicimos ya el trabajo pesado de crear la identidad de la escuela, esta idea de que dependemos de otro ministerio, que tenemos independencia y otros objetivos. Ahora nos dedicamos a trabajar más profundamente. Se apropiaron del espacio, del modo y la manera, así que tenemos muchas expectativas en profundizar los contenidos y lo que tenemos para compartir.