Por la cuarta fecha del torneo de la Primera Nacional, en el Estadio José Dellagiovanna de Tigre, el local le ganó uno a cero a Estudiantes con gol de penal a los nueve minutos del primer tiempo convertido por Pablo Magnín.
El Celeste sintió en los primeros cuarenta y cinco minutos el rigor futbolístico de un equipo como Tigre, repleto de jerarquía de la mitad hacia arriba, sumado a un trabajo colectivo muy interesante que pregona Diego Martínez, su entrenador.
Los de Acuña quedaron sometidos a lo que el local propuso y en ningún momento pudieron encontrar la pelota como les gustaría, esa famosa posesión que distingue a Estudiantes.
Más allá de eso, la primera clara del partido antes del minuto fue de Cainelli, quien por poco queda mano a mano con Zenobio, tras un gran pase de Ortigoza.
Desde ese momento en adelante, Tigre creció con Prediger y Menossi como estandartes en la zona media, no sólo en la contención, sino también en la creación y en un poderío ofensivo digno de destacar con Pablo Magnín, el veterano goleador del campeonato, Igiel Protti como centrodelantero y la figura del exquisito Francisco González Metilli.
Los primeros veinte minutos fueron todos de Tigre, al punto de que Olivera se convirtió en la gran figura y el sostén del resultado. La única jugada desafortunada del uno celeste fue el penal claro que le cometió a Tomás Fernández a los siete minutos, que bien cobró Mastrángelo y que Magnín transformó en gol.
Estudiantes sufrió esos minutos, Tigre podría haber aumentado la ventaja de no ser por Olivera, que se lució con un repertorio de atajadas de todo tipo, desde mano a mano, cabezazos, uno clarísimo de Prediger y remates de afuera del área, en especial de González Metilli, quien tiene una zurda de elite.
Lo más claro de Estudiantes fue Ortigoza, entendiendo -como es su costumbre- el juego, siempre bien ubicado, criterioso, inteligente para jugar y hacer jugar, al punto de que tuvo el empate tras un pase de Talpone que lo dejó mano a mano y que Luciatti, zaguero de Tigre, sacó al córner sobre la línea cuando la pelota ingresaba.
Nicolás Talpone también mostró cosas interesantes, en especial mucha movilidad y dinamismo; lo propio con Nicolás Ihitz, regular como de costumbre, sólido en la marca y una constante opción en ataque.
Estudiantes está diseñado para tener la pelota y jugar desde ese lugar con la tenencia pero eso faltó y, sumado al nivel de un rival como Tigre, el desarrollo se puso muy cuesta arriba.
No obstante, los de Victoria pecaron en desperdiciar muchas opciones que le hubiesen permitido finalizar esa primera mitad con una mayor diferencia. De no ser por Olivera, el primer tiempo hubiese terminado con mayor ventaja para el Matador.
Segundo tiempo
El complemento comenzó con mucho menos ritmo que lo mostrado en el inicio, casi que la antítesis de ese primer tiempo arrollador del Matador. Sí cabe destacar el tándem entre Menossi y Prediger como dueños de la mitad de la cancha; sin dudas, una de las mejores duplas de volantes de toda la categoría.
Los primeros quince minutos fueron acompañados de una gran pasividad por parte de ambos equipos, sin que sucediera, por supuesto que en beneficio del local por ser el ganador del partido.
Quien rompió esa pasividad con gran claridad fue el propio Ortigoza con un pase magistral para dejar solo a Cuello frente a Zenobio, quien no pudo definir correctamente. Los cambios de Acuña con Gissi por Arturia y Monti por el amonestado Cuello fueron una clara referencia de intentar cambiar ese desarrollo esquivo.
Así transcurrió el segundo tiempo, con un Tigre que ya no era el equipo incisivo y protagonista de antes y con Ortigoza manejando el juego -hasta que fue reemplazado por Sebastián D’Angelo-, pero redondeando un muy buen partido.
Poco pasó en el encuentro, a esa altura Tigre se lamentaba por no haberlo liquidado antes, pero a su vez Estudiantes careció de ideas para poder llegar a la igualdad. Se les hizo muy difícil a los delanteros de turno tener chances ante el arquero, sea Arturia o Gissi, cuando les tocó. Quedó solo la enjundia de los minutos finales, con Damián Adín y el propio Bottino, que desde la defensa intentaron con ganas y mucha actitud aunque no alcanzó.
De esta manera, Tigre ganó su tercer partido consecutivo. Tras haber perdido con Belgrano en el inicio, pudo vencer a Riestra, Gimnasia en Mendoza y ahora Estudiantes. Es el equipo más goleador del torneo, de los que menos goles sufrieron y además tiene al goleador del campeonato, Pablo Magnín, con seis tantos.
Los de Diego Martínez tienen todo tipo de argumentos para ser uno de los candidatos, al margen de que tanto falte en este certamen. Lo cierto es que desde lo individual, trasladado a lo colectivo, es un equipo que marca diferencia, aun no jugando un buen segundo tiempo, en el que prácticamente no pateó al arco. Olivera se lució sólo en la primera mitad, después no tuvo más trabajo.
Para Estudiantes es la segunda derrota en el campeonato tras lo que fue haber perdido con Quilmes hace siete días en el Candini. Todo, en el contexto de un equipo en formación, claramente, con un ciclo que está por cumplir apenas dos meses de trabajo, con mucho por mejorar, es cierto, pero también con esa sensación de que tiene Acuña que ir probando sobre la marcha y el andar del campeonato.
En Victoria las cosas no salieron, no se vio un Estudiantes que desde la posesión pudiera hacer daño y sufrió el primer tiempo, en el que la diferencia pudo haber sido mayor. Ya en el complemento anuló a Tigre, tuvo más la pelota, pero le cuesta mucho la generación.
Sólo la claridad de Ortigoza fue lo destacable, el resto todavía en ofensiva es materia pendiente. Se vendrá ahora Alvarado, equipo que tampoco comenzó bien el campeonato, y será para Estudiantes un rival a vencer, no sólo para tener la primera victoria del torneo, sino también para comenzar a ganar en confianza y materializar en la cancha y en tres puntos todo lo trabajado en la semana.
Síntesis
Goles: de penal, a los 9 del primer tiempo, Pablo Magnín.
Amonestados: en Estudiantes, Cuello, Bottino, Olivera y Adín.
Cambios: todos, en el complemento.
En Estudiantes, Monti por Cuello, Gissi por Arturia, Martínez Schmidt por Ihitz, D’Angelo por Ortigoza y Müller por Talpone.
En Tigre, Cavallaro por Fernández, Becker por Protti, Díaz por Magnín, Cardozo por González Metilli.
Árbitro: Hernán Mastrángelo.
Asistentes: Alejo Castany y Lucas Pardo.
Cuarto árbitro: Carlos Córdoba.
Cancha: Estadio José Dellagiovana.

