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Retratos de una campaña histórica a la que sólo le faltó el ascenso

Se terminó un campeonato de excelencia para Estudiantes con números que lo hacen el mejor equipo del año, aunque sin el premio mayor. La historia se encargará de ubicar al mismo en un lugar de privilegio.
 

La Primera Nacional 2019/2020 ya es historia. Lo que comenzó allá por el lejano agosto de 2019 terminó, y para Estudiantes es el retrato de una campaña memorable en todas sus facetas.

Claro está que las dos derrotas por penales contra Sarmiento y Platense hacen que la herida esté todavía muy abierta y con mucho dolor. Pero cuando todo eso comience a sanar y a curar, el tiempo pondrá todo en su lugar, en el sitio que merece este equipo y grupo de jugadores en la historia del fútbol riocuartense.

Jugar finales por ascensos y más a Primera División no es fácil, no es algo que se logra de la noche a la mañana y Estudiantes supo hacer eso posible en tan sólo una temporada, a pesar de todos los matices que tuvo.

Antes de la pandemia hubo un campeonato y el Celeste lo transitó de maravilla, con la base del equipo que ascendió del Federal A y potenciada con hombres importantes de esa categoría. Pensemos el caso del siempre rendidor Emanuel Martienz Schmith, quien jugó gran parte de los partidos por la lesión de Nicolás Foglia procedente del fútbol mendocino.

Estudiantes se potenció desde las bases y ese fue su gran mérito. Cabrera, Benavidez, Cainelli, Sepúlveda o Hesar fueron algunos de ellos, por citar un ejemplo.

Un equipo que jugó siempre de igual a igual ante cualquier rival y en cualquier cancha, que nunca especuló, que siempre intentó ser protagonista, que ganó en Morón, Carlos Casares, Villa Crespo dos veces o en Caseros, por mencionar algunos casos.

Fue el mejor del año, no caben dudas. Cuando Atlanta o San Martín de Tucumán lo fueron antes de la pandemia y después se desinflaron, Estudiantes mantuvo el rendimiento. Es cierto, le costó más de la cuenta en el nuevo campeonato, pero logró lo que quería: jugar una final cuando parecía impensado con los cuatro empates iniciales.

Esa reivindicación del fútbol moderno, entretenido, audaz, rápido y talentoso comenzó a ser la tónica y el invitar a soñar con jugar en Primera.

El presunto ascenso no sólo era de Estudiantes, era de Río Cuarto, era para que las luces del centro, por un ratito, se fijen en nuestra ciudad, para que hoteleros y gastronómicos -por citar un par de rubros- trabajen cuando los hinchas visitantes y de la zona hubiesen venido a ver fútbol, el mejor de la Argenitna. Pero el destino tenía otros planes y otro desarrollo, eso no quita, ni por asomo, todo lo bueno que se hizo.

Quienes fuimos testigos de la gestación del ciclo Vázquez tomamos la real dimensión de todo lo logrado y de la evolución que se produjo con dos ascensos y acariciar la Primera.

A todos les cuesta ascender, incluso a los de más prestigio en el pasado. Quilmes, por caso, en los noventa y principios de los dos mil perdió seis chances, todas claras y en casi todas mereciéndolo, pero las promociones o finales se lo negaron. El propio Sarmiento de Junín perdió cuatro muy similares a las que ganó ante Estudiantes en el 15 de abril. O Talleres a mediadosa de los noventa, con duelos muy recordados ante Huracán Corrientes o Gimnasia y Tiro.

Cierto es también que con esos ejemplos hablamos de clubes con otra estructura y otra situación, pero bien valen estos casos para darnos cuenta de lo que decimos.

Orgullo sobra, emoción también, por eso el fútbol es tan lindo, por eso te hace llorar y reír o viceversa. La historia se encargará de ubicar en su lugar esta campaña, con los actores que hicieron posible que el sueño de un club y de una ciudad quedara a doce pasos de concretarse. Mirar hacia adelante es lo que importa y preparar el próximo campeonato, que en marzo comenzará con ilusiones renovadas y con la vara bien alta por lo que pasó.