Una resolución publicada esta semana por la Secretaría de Energía de la Nación ratifica que el precio de los biocombustibles estará atado a la evolución que tengan las naftas en los surtidores de las estaciones de servicio YPF de la Capital Federal.
Este esquema, que en rigor venía rigiendo desde el año pasado, ratifica la dependencia del movimiento que vayan teniendo los combustibles fósiles algo que desde las cámaras de biocombustibles se encargaron de cuestionar desde ese momento porque entienden que la conformación de los precios del etanol y la nafta están sujetos a variables y mercados distintos.
Ese mismo cuestionamiento abrió la posibilidad este año para que el exsecretario de Energía, Darío Martínez, termine habilitando un sendero de precios hasta el mes de agosto que le dio cierta previsibilidad al sector, más allá de lo que pudiera ocurrir en los surtidores. En ese momento, la vinculación con los hidrocarburos quedó de lado y las empresas supieron de antemano cuál sería el valor hasta agosto inclusive. Luego se agregó septiembre, ya con la nueva secretaria, Flavia Royón con un valor de $107,411 por litro para el elaborado a base de maíz.
Otra de las políticas erráticas de parte de los distintos responsables de energía fue el trato para con el alcohol de maíz y el derivado de la caña de azúcar. Por momentos, este último gozó de ciertos privilegios, pero desde hace un tiempo, el valor que se le reconoce es considerablemente menor que al del cereal. Desde el 21 de agosto, el litro del derivado de caña, que se produce mayormente en Tucumán, Salta y Jujuy, tiene un precio de $88,24.
Ya finalizando octubre, ninguno de los dos recibió hasta aquí la actualización formal y Energía dispuso con esta resolución que a partir de ahora se moverán a la par de las naftas, aclarando en la misma resolución que será hasta tanto se ponga en marcha un esquema de actualización diferente.

