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Capillas ardientes y múltiples homenajes, así vivió Río Cuarto la muerte de Evita

Durante 30 días se realizaron distintos actos para despedir a Eva Duarte de Perón. Así lo contó la doctora en Historia Rebeca Camaño Semprini, quien agregó que la conmoción mayor se dio en los sectores populares

La joven muerte de Eva Duarte de Perón (33), ocurrida a las 20.25 horas del 26 de julio de 1952, despertó muestras de profundo dolor en Río Cuarto, como sucedió en todo el territorio nacional. Más allá de que su figura causó amores y odios, su deceso produjo una conmoción generalizada, por lo que durante varias semanas se desarrollaron distintos actos para homenajear a la abanderada de los humildes. Rebeca Camaño Semprini, doctora en Historia y docente universitaria, recordó a Puntal que en la ciudad hubo capillas ardientes para despedir a Evita y dijo que es difícil que otro fallecimiento se haya vivido con tanta intensidad como ocurrió con la por entonces primera dama.

-¿Cómo recibió Río Cuarto la muerte de Eva Duarte?

-Como en todo el territorio nacional, la noticia del deceso de Evita movilizó a la población a través de distintas manifestaciones de duelo. Además de aquellas organizadas desde el Estado y por las diversas asociaciones peronistas y sindicales, fueron notorias las muestras espontáneas de dolor, sobre todo en los sectores más humildes. Hay algo que llama la atención en la prensa opositora local. Hasta entonces, la figura de Eva Perón y el accionar social de la fundación que llevaba su nombre habían estado prácticamente ausentes. La visita junto con Perón y la oportunidad en que Evita pasó en tren rumbo a Córdoba fueron incluidas en las páginas del diario demócrata El Pueblo, pero en el día a día las menciones eran pocas y generalmente en tono irónico en la columna de chimentos políticos. Sin embargo, al producirse su muerte, el diario no sólo se hizo eco del dolor popular, sino que además reconoció la excepcionalidad de la figura de Evita. El editorial del 29 de julio de 1952, titulado “Ante la tumba prematuramente abierta”, afirmaba: “Muy difícil habría de resultar encontrar en todos y cada uno de los países del mundo una figura, especialmente de mujer, que en el breve lapso de siete años haya seguido la trayectoria, podríamos decir, desde el anonimato hasta la máxima popularidad y que haya ejercido una acción tan gravitante en la vida de su país, como se ha producido con la señora María Eva Duarte de Perón, cuyo deceso conmueve, en estos momentos, las fibras más sensibles de multitudes que veían en ella no solamente a la figura líder de una causa política y social, sino también a su redentora y a su guía, en la que depositaran todas sus esperanzas”.

Seguramente otras muertes fueron sentidas por los riocuartenses, pero no creo que ninguna se haya vivido con tanta intensidad. Fueron notorias las muestras espontáneas de dolor, sobre todo en los sectores más humildes. Seguramente otras muertes fueron sentidas por los riocuartenses, pero no creo que ninguna se haya vivido con tanta intensidad. Fueron notorias las muestras espontáneas de dolor, sobre todo en los sectores más humildes.

-¿En qué consistieron los funerales que se desarrollaron?

-Hubo capillas ardientes para velatorios simbólicos en la delegación del Ministerio de Trabajo y Previsión, en las unidades básicas ubicadas en distintos puntos de la ciudad y en el local de la CGT. Durante 30 días desfilaron por ellas autoridades, gremios obreros y público en general. Los diarios de la época retratan las escenas de profundo dolor, en particular en barrio Alberdi, entonces denominado Presidente Perón. La culminación de estas manifestaciones de duelo fue el funeral que en agosto la Municipalidad hizo oficiar en la Catedral por el eterno descanso de Eva Perón. El templo estuvo repleto, los concurrentes incluso ocuparon el atrio, la calle y los veredones de la Plaza General Roca, hasta donde los cánticos litúrgicos llegaban por medio de altoparlantes. Además, representantes de los gremios locales viajaron a Buenos Aires y participaron en la guardia de honor que los trabajadores de todo el país realizaron en la capilla ardiente del Ministerio de Trabajo y Previsión donde fueron velados los restos de Evita.

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-¿Hubo algún impacto desde el punto de vista político en la Municipalidad?

-El año 1952 fue complicado a nivel nacional, no sólo por la muerte de Evita, que afectó el estado anímico de multitudes, sino también por la crisis económica que atravesó el país y que llevó al Gobierno a implementar un plan de emergencia. En ese sentido, Río Cuarto y su Municipalidad se vieron afectadas como cualquier otra ciudad argentina. Sin embargo, no hubo reacomodamientos políticos derivados del deceso. A diferencia de los años anteriores, en que gobernaban comisionados municipales nombrados por el gobierno provincial, desde junio de 1952 la Municipalidad estaba en manos de un intendente electo por la ciudadanía riocuartense y se había reconstituido el Concejo Deliberante, que había estado ausente desde junio de 1943. Esto le dio mayor estabilidad a la vida política local, hasta entonces más atada a los vaivenes intrapartidarios del peronismo.

Representantes de la ciudad viajaron a Buenos Aires para acompañar las acciones que se desarrollaron allí.

-¿Alguna otra muerte se vivió de la misma manera en la ciudad?

-Seguramente otras muertes fueron sentidas por los riocuartenses, pero no creo que ninguna se haya vivido con tanta intensidad. El diario El Pueblo –vuelvo a destacar que era opositor al gobierno nacional– llegó a aseverar que, aunque Evita no estaba físicamente, “pocas veces se habrá podido decir, con tanta propiedad, que estaba presente su espíritu, pues se reflejaba en los semblantes, en las plegarias y hasta en las lágrimas de muchas personas” (29/07/1952). A comienzos de agosto, en su columna política, relató un episodio que refleja el estado anímico de la ciudad: “Mi compadre presenció uno que lo conmovió por su sencillez. Un grupo familiar que notoriamente venía de larga distancia, formado por un matrimonio joven, la abuela, un niño que llevaba en brazos la madre, otro de la mano de la abuela y otro de unos cinco años, de la mano del padre; éste, además llevaba un bolso con ropas, del que sobresalía un manojo con flores. El grupo, seguido detrás por mi compadre, se dirigió hacia el local de Trabajo y Previsión y a su llegada, el padre, llevando de la mano al hijo mayor, tomó algunas flores y penetró en la capilla ardiente simbólica. De regreso, tomó en sus brazos a los dos menores y permaneció en la vereda, mientras la abuela y la madre entraron con el resto de las flores. Todo ello realizado con un fervor tan sentido como contagioso” (01/08/1952).

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-Se dice habitualmente que Río Cuarto es una ciudad un tanto esquiva al peronismo. Incluso, algunos sectores de la sociedad y de la política participaron activamente del derrocamiento de Perón, en 1955. En ese marco, ¿hubo algún tipo de ataque o hecho repudiable frente la muerte de Eva Duarte?

-Al menos en las fuentes escritas disponibles no aparecen hechos de violencia física o simbólica a la figura de Evita al producirse su muerte. Si las hubo, seguramente los relatos orales serían una mejor fuente para acceder a esa información. De todas maneras, debemos recordar que gran parte de los actores riocuartenses que en 1955 participaron del golpe en 1952 adherían al peronismo. Fue el enfrentamiento entre el Gobierno y la Iglesia católica desde fines de 1954 lo que actuó como catalizador de la ruptura.

Fotos: Gentileza de Daniela Wagner, publicadas en el libro “Peronismo y Libertadora; Río Cuarto en tiempos de lucha y represión”, de Griselda Pécora.

Nicolás Cheetham. Redacción Puntal