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Casi 3 de cada 10 familias tuvieron que pedir plata para gastos básicos

De ese total, el 25% lo hizo para comprar alimentos. Un estudio revela la fragilidad económica de los hogares en la provincia. Casi el 90% de las familias dijeron que no podrían afrontar un gasto extraordinario de 150 mil pesos

En el último mes, casi 3 de cada 10 familias cordobesas tuvieron que pedir plata prestada para poder afrontar gastos básicos. De ese total, casi el 25 por ciento lo hizo para comprar alimentos. Esos datos surgen del último estudio económico y social que dio a conocer el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (Ietse), que relevó la inflación de julio pero también describió un complejo mapa social sobre las estrecheces económicas y alimentarias que están sufriendo las familias de la provincia.

Cuando se les consultó a las familias si habían tenido que pedir dinero prestado en el último mes, el 27 por ciento contestó que sí. Entre ellos, el 24,8 por ciento lo hizo para comprar alimentos y otro 19,3 por ciento para pagar deudas. Un 16,6 por ciento tuvo que pedir prestado para poder pagar el alquiler.

Hay otro dato muy significativo, que habla de la fragilidad de las finanzas de buena parte de las familias: señala que casi 9 de cada 10 hogares no podrían afrontar un gasto imprevisto de 150 mil pesos. Ni con ahorros ni con plata que puedan separar del mes.

Ante la pregunta “si mañana su hogar tuviera un gasto extraordinario equivalente a unos 150.000 pesos, ¿podría afrontarlo sin problemas?”, el 48 por ciento de las familias respondió que no podría hacer frente a ese gasto mientras que otro 39 por ciento manifestó que no podría afrontarlo y que debería pedir dinero prestado;sólo el 9 por ciento podría afrontarlo con ahorros y el 4 por ciento con recursos reservados del mes.

Por otra parte, el Ietse consultó a las familias en qué situación se encontrarían si dejaran de percibir sus ingresos habituales. “¿Cuánto tiempo podría mantener sus gastos habituales?”, fue el interrogante. Ante esa pregunta, el 58 por ciento de los hogares señalaron que podrían mantener sus gastos menos de una semana;por otra parte, el 34 por ciento podría resistir entre una semana y un mes, mientras que solamente el 5 por ciento sería capaz de aguantar entre 1 y 3 meses. Apenas el 3 por ciento de las familias conseguirían sostener su nivel de vida por un plazo mayor a los tres meses.

Ese nivel de fragilidad económica también comienza a expresarse en otros aspectos más básicos, no sólo en la posibilidad de afrontar gastos extraordinarios. En la alimentación, por ejemplo. Según la encuesta del Ietse, el 43,5 por ciento de las familias cordobessas dicen que actualmente la alimentación en su hogar es hoy peor que hace un año mientrasotro 32,6 por ciento sostiene que está mucho peor. El 18,1 por ciento señala que su situación es igual;por otra parte, sólo el 5,8 por ciento considera y manifiesta que está mejor.

Otra pregunta que también habla de la fragilidad de las familias fue: “Durante los últimos 30 días, ¿debieron financiar alimentos para asistir al grupo familiar?”. El 39,3 por ciento contestó que sí y que tuvo que recurrir al fiado para poder comprar la comida;por otra parte, otro 37,9 por ciento debió financiar los alimentos con la tarjeta de crédito. El 11,3 por ciento indicó que pudo comprar los alimentos con dinero prestado. Esto indica que el 88,5 por ciento de las familias tuvo que recurrir a alguna forma de financiamiento para acceder a los bienes elementales que integran la canasta alimentaria.

“En el plano social, los resultados muestran una elevada fragilidad financiera de los hogares. El 27% manifestó haber tenido que pedir dinero prestado para cubrir gastos básicos. Entre quienes debieron recurrir al endeudamiento, el principal destino fue la compra de alimentos (24,8%). La capacidad de resistencia ante una eventual pérdida de ingresos también resulta limitada. La vulnerabilidad se confirma ante la posibilidad de afrontar un gasto extraordinario de aproximadamente $ 150.000. Menores ingresos, menor consumo, mayor utilización del crédito y el fiado, aumento del endeudamiento familiar, menor capacidad futura de compra, presión sobre las ventas y la liquidez comercial. La persistencia de este mecanismo constituye uno de los principales riesgos económicos y sociales a monitorear durante el segundo semestre de 2026”, concluyen los autores del informe.