Todos son mis hijos es un documental de Ricardo Soto que retrata la historia de Madres de Plaza de Mayo. En su ópera prima, este cineasta chileno que llegó a la Argentina en 2005 y trabajó más de cinco años con el organismo de Derechos Humanos retrata esa historia desde la dictadura hasta el presente, pasando por el regreso de la democracia y la crisis de 2001.
“El proyecto nace desde el área audiovisual de Madres de Plaza de Mayo. Yo trabajé con ellas durante 5 años y fue el tiempo de desarrollo de la peli. Hacíamos un programa de televisión por Canal 7 y en el tiempo que nos quedaba investigábamos para hacer un documental que se alejara de las realizaciones anteriores, que quedaban muy empantanadas en el tema de la dictadura y no abordaban a las Madres como movimiento de mujeres, su actualidad y su lucha política más allá del reclamo inicial en torno a la desaparición de sus hijos”, dice el director.
Sin apoyo económico oficial, la película fue hecha a pulmón gracias al trabajo mancomunado de las Madres con el equipo realizador: “Muchas de las entrevistadas ya no están. Incluso algunas no pudieron llegar a ver el corte final. Pero la cercanía entre las Madres y el equipo permitió que realizaran entrevistas largas, de casi dos horas cada una, en las que lograron recrear un clima de intimidad que resultó determinante y pudimos generar algo que a un documentalista ajeno le costaría mucho”.
Sin apoyo económico oficial, la película fue hecha a pulmón gracias al trabajo mancomunado de las Madres con el equipo realizador: “Muchas de las entrevistadas ya no están. Incluso algunas no pudieron llegar a ver el corte final. Pero la cercanía entre las Madres y el equipo permitió que realizaran entrevistas largas, de casi dos horas cada una, en las que lograron recrear un clima de intimidad que resultó determinante y pudimos generar algo que a un documentalista ajeno le costaría mucho”.

