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Silvia Hopenhayn: "Juan Filloy era un gran domador de palabras"

La escritora y periodista cultural llega de Buenos Aires a la Feria del Libro Juan Filloy para presentar su última novela, Vengo a buscar las herramientas

Verónica Dema

Especial para Puntal

Recuerda Silvia Hopenhayn que era una periodista veinteañera cuando hace 30 años entrevistó al escritor Juan Filloy. Por entonces, ella dirigía el suplemento El Cronista Cultural. “Ya me sentía subyugada con los malabaristas de palabras, porque él hacía con las palabras lo que quería. Esos palíndromos infinitos…”, dice la escritora en un bar de Palermo, en Buenos Aires: “Juan Filloy era un domador de palabras”.

Le resulta maravilloso que la feria del libro lleve su nombre. “Es importante nombrar a los que hicieron algo por este mundo y darles un espacio para que lo sigan haciendo”, dice. Sobre la mesa está su último libro, Vengo a buscar las herramientas, que presentará el sábado próximo en la feria en Río Cuarto, que este año lleva por lema El valor de la Bibliodiversidad.

Esta novela –la tercera de la autora después de Elecciones primarias y Ginebra- se trama en tres historias: la de una familia en la Patagonia, en 1966, que advierte que los lugareños no entierran a sus muertos y eso contamina las aguas; la de una madre soltera en el barrio porteño de Villa Crespo, que sale de madrugada a buscar ayuda para cavar un pozo; y la de su pequeña hija que conversa, con su grupo de amigas, sobre la muerte de su gato.

“En el fondo tenemos un cuarto de herramientas, mamá las cuida como si fueran personas”, comenta la pequeña Juana en un pasaje del libro. Las herramientas son protagonistas; reales y simbólicas, constituyen el nacimiento de este libro.

“Vengo a buscar las herramientas habla de las herramientas de la vida, de la escritura, de las relaciones, porque es una novela que surge por haber escuchado una historia”, dice Hopenhayn. “Y creo que la herramienta principal entre los seres humanos es la escucha, después quizá la palabra”.

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-En la novela están muy presentes las madres, sobre todo dos, y sus hijos. ¿Cómo llegás a escuchar las voces de los niños para tu novela?

-Escuchar a los niños es llegar a una lengua que todavía no está contaminada, que viene con toda la pulsión de vivir en estado de experimentación. Ya en mi novela anterior, Elecciones primarias, que estaba poblada de niñas, descubrí la posibilidad de escribir escuchando realmente a mi hija y a sus amigas muy chicas, la edad de Alicia en el país de las maravillas, haciendo lo que podían con las palabras. Los niños no entienden muchas cosas porque aún no se las explicaron (la edad de los porqués), sin embargo, tienen un vocabulario para nombrar, pueden inventar el mundo. A esa novela la escribí casi tipeando el absurdo que escuchaba y me parecía delicioso.

Habiendo escuchado a los niños en Elecciones primarias, acá quise dedicarles una trama. Como ya estaban constituidas como personajes en la anterior novela, hice hablar a esas niñas. La protagonista de Vengo a buscar las herramientas, que es madre de una de ellas, escucha lo que las chicas todavía no saben que están pronunciando, que es el dolor por vivir. Está dado cuando llega la primera muerte. Entonces esta novela de alguna manera es una madre que escucha esa primera señal de dolor en su hija y trata no de remediarlo, porque es imposible, pero de darle un lugar, de acompañarla.

Para que todo esté en orden cuando las chicas despierten, la madre de Juana sale de madrugada a buscar ayuda para cavar el pozo donde enterrar al gato. Ese acto nos lleva a la otra parte de la novela, el mundo de la Patagonia.

Quien pronuncia la frase “vengo a buscar las herramientas” es el hombre que ayuda a esa mujer y cava en el patio el pozo profundo que necesitan. Es un experto: en su infancia, con su padre, armaron el primer cementerio para poder enterrar a los muertos que la montaña se quería sacar de encima.

Vengo a buscar las herramientas habla de las herramientas de la vida, de la escritura, de las relaciones, porque es una novela que surge por haber escuchado una historia Vengo a buscar las herramientas habla de las herramientas de la vida, de la escritura, de las relaciones, porque es una novela que surge por haber escuchado una historia

-Es un hombre el que relata su infancia: ¿cómo llegaste a escuchar al niño que fue?

-Recibí la historia que me contaba ese hombre acerca de su infancia y tuve que pesquisar, ir tras la voz de ese niño. Porque no podía narrar con la voz del adulto recordando, yo quería el acontecimiento vivo, que no fuese la evocación de la historia, sino el nacimiento de la historia. Tuve que escuchar esa voz salvaje. El niño en la Patagonia es un niño que identifiqué muchísimo con algo que hoy preocupa tanto, que es la naturaleza.

-A la vez te conecta totalmente con el título del libro: cuando vos escuchás esa frase se arma la novela…

-Sí, es una novela que aparece por la frase que escucho de él: “Vengo a buscar las herramientas”. La escuché en el momento exacto como para que nazca esta novela y es la frase hilo para tirar y dar con esa historia.

-¿Cuánto creés que influyó la madre de aquel niño patagónico para que este hombre hoy se exprese de ese modo?

-Creo que influyó muchísimo. En general, las madres influyen mucho en la lengua de sus hijos, por algo se llama la lengua materna. Y la lengua es la herramienta que tenemos los seres humanos para nombrar aquello que nos rodea, para pedir, para amar, para protestar. Por lo tanto, es importantísimo ese tesoro de la lengua que brinda la madre, aunque obviamente el padre se enlaza en ese don de la palabra. Cuando escuché a este hombre contarme la historia suya en la Patagonia durante su infancia noté ese don, se me achicó lo discursivo y se me expandió el poder representativo de las palabras. Es de esa gente que arrima mucho la palabra a la cosa, es como si dijese y vos ya estás ahí. Por un lado, es casi una sabiduría adquirida y, por el otro, una poesía innata que en muchos niños está… el tema es que se pierde.

Después de ese episodio, Hopenhayn entrevistó durante horas a este hombre que sería un personaje importante de su novela. Él le hablaba de su infancia en la Patagonia; ella grababa esas palabras que eran “como dardos que daban en el blanco”, cada palabra le revelaba un sentido. “En este tiempo de postverdad, de hojarasca y de tanto discurso vacío encontrar palabras plenas es vital. Por eso quería encontrar en la escritura esa voz, para que la novela estuviese viva”.

En la despedida, la escritora vuelve a la feria, el próximo lugar de encuentro. Y vuelve a Filloy. Trata de recordar detalles de aquella entrevista que hizo de jovencita y que tiene como en nebulosa. Dice que puede vislumbrar la casa y a él, como un hombre de tamaño muy grande. No recuerda el contenido de la conversación. Cree que, de todos modos, podría escribir sobre ese encuentro, contar una verdad, aunque todo lo que escribiese fuese inventado. Allí reside la maestría del texto autobiográfico para ella: poder inventar lo que se está yendo, que es la vida.

Presentación

Silvia Hopenhayn presenta su libro Vengo a buscar las herramientas (Corregidor), este sábado a las 20, en la carpa auditorio Pedro Centeno, en El Andino.