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La Justicia dijo que a Elsa Segovia la mató su hijo: le dan perpetua

No hubo ni confesión ni arrepentimiento por parte de Héctor Ferreyra. El acusado se mantuvo inexpresivo y se limitó a asegurar que era inocente. "Es todo lo que tengo para decir", remarcó antes de oír el veredicto.

El crimen de Elsa Segovia, la mujer de 83 años asesinada el 2 de agosto de 2018 en su departamento céntrico, fue un matricidio y el responsable, Héctor Marcelo Ferreyra, irá prisión perpetua.

Así lo resolvió en la tarde de ayer el tribunal de la Cámara Segunda del Crimen. Fue con el voto mayoritario de los jueces técnicos Pablo Bianchi y Carlos González Castellanos y el de los 8 jurados populares (ver recuadro).

Ferreyra, el hombre de rostro pétreo que miraba apático la sala de juzgamiento desde un monitor, se transformó durante los 3 días que lo estuvieron juzgando en una incógnita, un alma indescifrable.

De él, el fiscal de Cámara Julio Rivero dijo ayer en su alegato: “Esperaba otra reacción, que al menos por un instinto de supervivencia dijera a los gritos: ‘¡No maté a mi madre, me acusan injustamente!’. Pero nada de eso pasó”.

La hermana del acusado, la bibliotecaria Silvia del Carmen Ferreyra, estaba tan azorada como el fiscal: “Si yo fuera inocente, lo gritaría al cielo y lo demostraría”.

En cambio, el hombre de 60 años, que subsistía con la ayuda económica de su madre y sin una ocupación fija, se encerró en el mutismo y en la apatía. Al punto de que en un momento del juicio llegó a entredormirse, situación que fue advertida en el recinto.

Así, sin dar muestras de arrepentimiento y lejos de ensayar una confesión, Ferreyra escuchó en la tarde del viernes el fallo que lo condenó a prisión perpetua por haber matado a su madre, Elsa Segovia, de 83 años.

Antes de eso, cuando le dieron la posibilidad de pronunciar sus últimas palabras, se limitó a decir: “Soy inocente, es todo lo que tengo para decir”. Sonaron a palabras huecas, sin compromiso emocional. El tono que usó fue el de un formalismo, como si Ferreyra no terminara de entender que se lo estaba acusando de uno de los delitos más graves que contempla el Código Penal.

Estupor

El hecho por el que llegó acusado sucedió el 2 de agosto de 2018 y causó conmoción porque se produjo a plena luz del día, en un edificio ubicado a media cuadra de la Plaza Roca, y por el vínculo entre los protagonistas del hecho de sangre: madre e hijo.

El primero en anoticiar a la Policía de que en el departamento A del tercer piso, en Constitución 564, había una mujer de 83 años sin vida y con signos de haber sido atacada con un cuchillo y con golpes fue el propio Ferreyra.

Sin embargo, la coartada resultó sospechosa a los investigadores. Un corte sangrante en la mano izquierda, que Ferreyra justificó que se había hecho mientras intentaba infructuosamente abrir la puerta del departamento de su madre, puso sobrealerta al fiscal de instrucción Fernando Moine, que ese mismo día decidió su detención.

Las cámaras de seguridad del local Ediciones Gráficas lo captaron alrededor de las tres de la tarde del día del crimen, subiendo al edificio de su madre para bajar luego de media hora. A los pocos minutos, lo registró cuando ingresaba por segunda vez.

Según la interpretación de estos indicios que hizo el fiscal, la primera vez que subió Ferreyra discutío con su madre, presuntamente porque la mujer se negó a salirle nuevamente de garantía en el alquiler de su casa, y la mató con un cuchillo.

A los pocos minutos, regresó y le pidió a un vecino que tenía llave del departamento de Segovia que lo ayudara a entrar, con el pretexto de que su madre no respondía.

“Le di la llave para que abriera él, pero no quiso y cuando abrimos la puerta me dijo que entrara yo y él se quedó afuera”, atestiguó el vecino de departamento, sorprendido por la reacción de Ferreyra.

La hermana del acusado lo describió como una persona mentirosa que mantenía una relación abusiva con su madre, pues le pedía dinero en forma constante y se victimizaba cuando no obtenía su cometido. “Me tendré que ir a vivir abajo de un puente”, solía decir cuando la mujer se rehusaba a facilitarle más dinero, recordó la mujer.

Ayer Silvia del Carmen Ferreyra volvió a hablar frente a los jueces para honrar la memoria de su madre. “Sólo pido justicia, ella es la única víctima. Se expuso por alguien que no merecía su amor”, recalcó.

El rostro de su hermano seguía inexpresivo y así se mantuvo hasta el final, cuando se leyó el veredicto que lo condenó a la pena máxima.