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La gran final y el partido de las necesidades mutuas

En la previa de Argentina-España, la política acomoda su discurso al ritmo de lo que genera la Selección. Mientras tanto, se producen movimientos de piezas en el tablero político cordobés, en medio de las urgencias coyunturales entre Milei y Llaryora

La bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, que un hincha confeccionó con la sábana del hotel donde se alojaba y que fue filtrada en el partido de la Selección contra Inglaterra, en medio de extremas medidas de seguridad, generó incomodidad en el Gobierno de Javier Milei.

“La política no debe apropiarse de esta fiesta de los argentinos”, respondió el Presidente, durante una entrevista radial, en un intento por bajarle el perfil a la polémica que iba creciendo en la opinión pública.

Pero fue imposible:el partido encerraba una gran connotación política y un largo historial deportivo imposible de soslayar, desde la expulsión de Antonio Ubaldo Rattín en el Mundial de 1966, cuando estrujó el banderín británico, hasta la famosa “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo” de Diego Armando Maradona en el de México de 1986. Era como querer tapar el sol con las manos.

Ya el clima político se entró a calentar cuando la propia vicepresidenta Victoria Villarruel llamó “piratas” a los ingleses y desató la reacción del oficialismo en la persona de la senadora Patricia Bullrich, que le dijo que “si no estás de acuerdo renunciá”, desnudando así la fuerte interna que hay en la Casa Rosada.

Las repercusiones siguieron. El gobierno británico pidió a la Fifa que sancione a la Argentina pero el diario The Guardian reclamó retomar las negociaciones por las Islas Malvinas y hasta el presidente estadounidense Donald Trump defendió el derecho de la Selección a expresar su opinión.

Las Malvinas son una cuestión de Estado y el pueblo argentino lo siente así, máxime después de la guerra en el Atlántico Sur, en 1982, en la que murieron 649 compatriotas durante los 74 días que duró el conflicto.

Y es muy difícil torcer ese sentimiento nacional que está muy enraizado en el corazón de la gente, que no olvida a quienes dieron su vida por las islas que fueron usurpadas por los ingleses en 1833, interrumpiendo el legítimo ejercicio de soberanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La Organización de las Naciones Unidas califica la disputa por las Malvinas como “un caso especial y particular de colonialismo”. Y, a través de resoluciones como la 2065, la ONU exige a Argentina y al Reino Unido retomar las negociaciones para encontrar una solución pacífica que ponga fin a esta disputa.

La ocupación británica constituye un enclave colonial anacrónico que viola la integridad territorial argentina. Sin ir más lejos, después del citado partido, se denunció la presencia de un buque militar inglés en el Mar Argentino.

Para la gran final de hoy entre Argentina y España, el Gobierno de Martín Llaryora preparó un megaoperativo policial con más de 1.000 efectivos en el Patio Olmos, donde se estima que habrá más de 200 mil personas, en una jornada en la que los colectivos no circularán desde las 16.

Pero, en medio del clima mundialista, Llaryora celebra la nueva etapa de “deshielo” en las relaciones con la Nación, desde la llegada de su amigo, Diego Santilli, a la Jefatura de Gabinete de la Nación.

Por un lado, recibió la buena noticia del anticipo de 400 mil millones de pesos, que significa un alivio financiero para las cuentas provinciales, que es bienvenido en épocas de vacas flacas.

De ese total, el 20 por ciento, esto es 80 mil millones de pesos, será destinado a los municipios cordobeses, cuyas finanzas se encuentran complicadas por la caída de sus ingresos y también de la coparticipación.

Y además la Provincia informó que llegó un giro de 5 mil millones de pesos en concepto de Aporte del Tesoro Nacional, envíos que Córdoba no recibía desde que Milei asumió como presidente.

En El Panal, estos fondos fueron interpretados como un “gesto político” del gobierno nacional en esta nueva fase que implica un acercamiento entre ambas administraciones.

En ese marco, se inscribe el reciente nombramiento de Manuel Calvo como jefe de Gabinete de la Provincia, con un doble fin:la coordinación de los ministros provinciales y el nexo con la Nación.

El esquema se completa con Gustavo Brandán, el hombre fuerte del departamento Colón, en la Secretaría de Gobierno, cuyo objetivo será aceitar las relaciones con los intendentes, y con Gabriel Frizza reemplazándolo en el Ministerio de Cooperativas.

Seguirán bajo el ala política de Calvo la secretaria de Hábitat y Desarrollo Emprendedor, Laura Jure, y el secretario general de la Gobernación, David Consalvi, encargado de las paritarias con los gremios.

Entre los jefes de Gabinete que hubo en la Provincia figuran Oscar González, durante la gestión de José Manuel de a Sota, y Silvina Rivero en la administración de Juan Schiaretti.

“Manuel tiene mucha experiencia. Ha sido varias veces ministro, vicegobernador y presidente de la Legislatura y conoce como nadie la ‘botonera’ de la administración provincial. Le va a dar fluidez al gabinete y cercanía con los intendentes. Además, tiene una excelente relación con Santilli”, dijeron a Puntal fuentes consultadas.

Y agregaron:“Este reacomodamiento permitirá al gobernador liberarse un poco de la diaria de la gestión y concentrarse en los grandes temas y en las recorridas por la capital y el interior cordobés”.

Pero el de Calvo no será el único cambio en el gabinete: se espera que Llaryora nombre al nuevo ministro de Producción, cartera que hoy está absorbida por el titular de Bioagroindustria, Sergio Busso, tras la salida de Pedro Dellarossa, y para la cual suenan los nombres del legislador Juan Manuel Llamosas y del diputado Ignacio García Aresca.

El acercamiento de la Nación a la Provincia derivó en un silencio opositor, que fue roto en los últimos días por el diputado libertario Gabriel Bornoroni, quien criticó “la falta de equilibrio fiscal” en la provincia, la “vaca sagrada” del gobierno mileísta.

En medio de los avatares propios de la política, hay un punto de encuentro entre Milei y Llaryora: ambos van por sus respectivas reelecciones y requieren votos, por un lado, y fondos frescos, por el otro, para seguir con sus carreras electorales.

Los cambios políticos llevados a cabo últimamente en el ámbito provincial parecen responder a ese escenario de necesidades mutuas, tanto inmediatas como futuras, entre uno y otro.