Este estilo comenzó en el año 533 cuando el Papa Mercurio decidió cambiar su nombre por el de Juan II debido a que su denominación era pagana.
Cuando le tocó su turno, tras ser elegido nuevo Pontífice luego del fallecimiento de Francisco, Robert Prevost tomó el nombre de León XIV, en honor a León XIII, cuyo pontificado duró 25 años, el cuarto más extenso, después de los de San Pedro, Pío IX y Juan Pablo II.
¿Y por qué ese nombre? En los corrillos vaticanistas se dice que fue elegido porque, así como León XIII creó la Doctrina Social de la Iglesia, a través de la encíclica Rerum Novarum, frente al desafío de la Revolución Industrial, el actual Santo Padre entendió que su objetivo pastoral sería parecido al de su antecesor, que rigió los destinos de la Iglesia entre los años 1878 y 1903, frente a otro gran reto como es el surgimiento de la Inteligencia Artificial.
Precisamente, en Francia, país que está visitando por estos días, León XIValertó sobre “un paraíso de las máquinas” que podría “socavar a la humanidad”.
La Rerum Novarum consistió en la respuesta de la Iglesia a la explotación extrema de los obreros, las jornadas de trabajo abusivas y la pobreza generalizada generada por el capitalismo liberal.
De ahí que se dice que uno de los ejes del mensaje de Prevost será la justicia social, concepto que no encaja en el discurso político del presidente Javier Milei.
Según se pudo saber, esto ha generado incomodidad en la Casa Rosada porque, a sabiendas de que es un concepto desterrado de la liturgia libertaria, no puede ser tampoco un factor disruptivo con el Santo Padre, que vendrá a la Argentina a traer un mensaje de concordia y esperanza para los argentinos.
Precisamente, el discurso que el Papa dará en el Palacio Libertad, frente a las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, girará en torno de la “unidad”, pieza esencial para la convivencia entre hermanos de un mismo país, justo en un momento de fuerte crispación.
Los obispos que integran la Conferencia Episcopal Argentina remarcaron que el Pontífice no vendrá a la Argentina a hacer política sino a hablarles a todos los habitantes de este suelo.
Es más: añaden que viene a cumplir con el viaje que Francisco no pudo hacer.
Sin embargo, los políticos saben que cada palabra y cada gesto papal lleva consigo un tiro por elevación hacia algún implícito destinatario y, en ese contexto, el gobierno nacional no estará exento de ser el blanco de algún mensaje encriptado.
Por ejemplo, los nuevos datos de la pobreza que dio a conocer recientemente el Indec y que marcaron un crecimiento al 32,3% con 15,5 millones de personas en esa situación entrarán en colisión con el discurso pontificio que apuntará seguramente a combatir la desigualdad social, tal como lo indica la Doctrina Social de la Iglesia, en una coyuntura económica y social donde se amplía cada vez más la brecha entre ricos y pobres.
Otro dato que preocupa al Gobierno, tras el anuncio del cronograma oficial de la visita papal, es la presencia de Prevost en el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole el próximo 9 de noviembre, un día después de su arribo al país, procedente de Uruguay, ocasión en la que será recibido por el presidente Milei.
Es que el Pequeño Cottolengo es una institución de bien público creada por la Obra Don Orione que brinda hogar, atención médica y contención integral a personas con discapacidad.
Y precisamente durante estos días ha recrudecido el conflicto entre el Ejecutivo y los prestadores de servicios a las personas con discapacidad por la quita de beneficios fundamentales.
En ese sentido, la Iglesia acaba de fustigar el ajuste en discapacidad al sostener que “la respuesta del Estado no debe reducirse a una ecuación matemática” y que la reforma oficialista sobre la discapacidad representa un “desamparo ético intolerable”.
También trascendió que la Rosada no quería que se hiciera el encuentro entre el Papa y los empresarios y sindicalistas, pero no pudo evitar que esa reunión fuera sacada de la agenda oficial.
Lo que inquieta al Gobierno es que el mensaje del Papa sea interpretado como una crítica a la gestión mileísta y sea aprovechado políticamente por la oposición en la antesala de un año electoral.
Se sabe del peso político que tiene cada declaración del Papa en el escenario que se trate y de su impacto en una sociedad que busca que su palabra sea un faro de luz en un mundo cada vez más caótico y confuso.
En Córdoba, el gobernador Martín Llaryora es consciente de que durante 8 horas La Docta será la “vidriera del mundo”, cuando el Papa la visite el 10 de noviembre venidero.
Por eso, quiere que la organización del hecho más importante de Córdoba en los últimos 40 años sea impecable.
Los pilares de que la logística funcione a la perfección son el jefe de Gabinete de la Provincia, Manuel Calvo, y los ministros Miguel Siciliano (Vinculación) y Juan Pablo Quinteros (Seguridad).
León XIV llegará por la mañana al Aeropuerto de Córdoba, donde será recibido por Llaryora, quien tendrá un encuentro a solas de 10 minutos; de ahí se dirigirá en auto cerrado a Fadea para presidir la multitudinaria misa; al mediodía irá al Arzobispado a almorzar con el cardenal Ángel Rossi y luego dormirá una “siestita cordobesa”; y, a la tarde, mantendrá un encuentro con el Clero en la Catedral, para luego partir a Buenos Aires.
En el medio, recorrerá 25 cuadras de la ciudad capital en el papamóvil.
El dato es sumamente gráfico: el desembarco papal a la provincia podría movilizar a una multitud equivalente a llenar entre 10 y 15 estadios Kempes.
La seguridad será un punto crucial: el Santo Padre será blindado por tres anillos de vigilancia, el de la Guardia del Vaticano, el de las Fuerzas Federales y el de la Policía de la Provincia, que aportará 11 mil efectivos.
En Fadea, habrá corredores sanitarios por cualquier emergencia, 5 hospitales, 60 ambulancias, 10 mil vallas, 58 corralitos para que la gente lo pueda ver cuando haga una recorrida por el predio, 70 pantallas y además puestos de hidratación.
También un “Papa Fest” con shows musicales y lugares especiales para confesiones, todo esto precedido por una vigilia a la espera de su llegada.
Como hace cuatro décadas con la visita de San Juan Pablo II a Córdoba, nadie se querrá perder la foto con León XIV. Una “estampita” que servirá para el inicio de la campaña electoral.