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Efecto carne: se derrumbó la confianza de los productores pese al valor de los granos

"Error, desastre, desconocimiento, ignorancia, locura", son las palabras más mencionadas por los productores para calificar el cierre de las exportaciones de carnes, que fue el detonante en el cambio de ánimo y contrarresta el optimismo por los resultados de la cosecha

El índice Ag Barometer de la Universidad Austral detuvo su mejoría luego de cuatro ediciones consecutivas y las expectativas a futuro son el principal driver del deterioro. ¿Qué explica este cambio en el humor de los productores? Sin dudas, el anuncio del cierre en las exportaciones de carne para reducir los precios internos. Esta medida vuelve a poner sobre la mesa discusiones del pasado y acerca nuevamente el temor de políticas que no han dado resultado.

En un contexto de buenos precios internacionales (los productores manifiestan en su mayoría buenos resultados económicos para la campaña 2020/21), la explicación a este freno en la serie debe buscarse en el contexto político. La intervención en el mercado de carne que prohibió la exportación con el fin de bajar el precio interno, remite a discusiones del año 2006, cuando estas medidas tuvieron muy escaso resultado en su objetivo primario de corto plazo y que, a la vez, generaron efectos muy perniciosos sobre la oferta en el largo plazo.

Entre las palabras más mencionadas por los productores se encuentran “error”, “ignorancia”, “locura”, “desastre“ y “desconocimiento”. “Es evidente la frustración de los productores, sobre todo porque las experiencias pasadas dan sobrada evidencia de que el cierre de los mercados de exportación demuestra un fuerte desconocimiento de la dinámica de mercado en carnes”, dice el informe.

Desafíos a doce meses

Cuando se consulta a los productores sobre las tres principales preocupaciones que tienen de aquí a un año, la incertidumbre política, las retenciones y el aumento de impuestos, sumado a la incertidumbre macroeconómica, dan como resultado un 82 % de las menciones. Esto ratifica que en la Argentina no se vive el mejor clima para los negocios agropecuarios. Más atrás en las preocupaciones siguen el clima (36% de menciones) y el financiamiento y el acceso a crédito (15 %). Esta última ha perdido importancia relativa.

Precios de los insumos y costos

A este contexto de incertidumbre se suman las preocupaciones de la puesta en marcha de la próxima campaña 21/22. La mayoría de los productores manifiesta que hay disponibilidad de insumos necesarios, pero es evidente que hay un incremento en los costos en dólares y que las facilidades no siempre están a la mano. En este sentido, un 70% de los productores percibe costos más altos y más de la mitad asegura, a su vez, que las condiciones comerciales son menos accesibles respecto al ciclo anterior.

A pesar de este contexto, los productores muestran un deseo por seguir invirtiendo y manteniendo el paquete tecnológico aplicado para la próxima campaña. En promedio, la mitad de los consultados invertirá en tecnología lo mismo que la campaña pasada (semillas, agroquímicos y fertilizantes, principalmente). Más aún, un 40% de los encuestados plantea incrementar la inversión, pudiendo esto estar asociado al incremento de costos previamente mencionado.

La estructura de los mercados de los principales insumos está relativamente concentrada en pocas empresas líderes. Las empresas de insumos conocen muy bien los márgenes de los productores y ante la suba en los mismos como consecuencia de los mayores precios de las commodities, tratan de capturar parte de esos excedentes económicos aumentando los precios de sus productos (semillas, agroquímicos, fertilizantes).

Financiamiento

Finalmente, la pregunta por el financiamiento siempre es pertinente ante la puesta en marcha de un nuevo ciclo productivo: ¿cómo financiarán los productores lo que viene? Aproximadamente la mitad de su inversión va a requerir de algún financiamiento. Y en este caso, la alternativa preferida sigue siendo el canje de granos a cosecha, que se da principalmente con los proveedores. En cuanto a financiamiento bancario, el instrumento más tradicional son las tarjetas rurales, y muchos productores están tomando créditos en pesos, tanto a tasas de mercado como en las nuevas líneas subsidiadas que están a disposición. También un 20% de lo financiado irá por cheque de pago diferido.

Es claro en este caso que los productores tienen, por un lado, buenos drivers propios de su actividad, con precios en alza que arrojan un resultado económico positivo para la campaña en curso.

Por otro lado, enfrentan una incertidumbre mayúscula en el frente político, ante las recientes intervenciones en los mercados y con el temor de futuras medidas que aumenten retenciones o cierren mercados en distintos cultivos. Esa combinación hizo mella en la confianza del productor.