Opinión |

Flaquea la fuente de ingreso de dólares y eso diluye el ajuste

Ya existe un impacto notable del clima sobre el trigo, el puente de divisas que los gobiernos usan para cruzar entre una campaña gruesa y la siguiente. Pero también hay un retraso en la siembra gruesa y se suma un efecto negativo en la cadena cárnica

El clima, algo que desde las grandes ciudades cuesta vincular con la suerte económica del país, está jugando una larga mala pasada al principal sector productivo de la Argentina: el campo. A su vez, una porción de quienes establecen esa relación perjudicial que excede a los productores la vinculan estrictamente a la agricultura. Sin embargo también está provocando efectos decisivos en la ganadería.

El combo es ya muy preocupante para quienes siguen desde el sector privado la evolución de la campaña fina, a esta altura con pérdidas que la ubican 35% por debajo del año pasado. Concretamente la cifra remite al trigo. Pero en verdad, la alarma se encendió con fuerza también en el equipo económico del Gobierno nacional, que viene de construir una suerte de puente Bailey con el dólar soja para intentar llegar sin sobresaltos al otro tendido estacional que lo construye la fina a fin de año. Pero este último, ya se sabe, va a llegar debilitado y su tránsito puede traer sorpresas.

Si bien las estimaciones de las bolsas venían advirtiendo una menor superficie sembrada, después eso se agravó cuando los rindes empezaron a estar en dudas por falta de lluvias. Primero hubo un cálculo de 16,5 millones de toneladas, pero en el cierre de la semana pasada ese número se derrumbó a 15 millones de toneladas. La diferencia no es menor porque la Argentina necesita 6,5 millones para el consumo interno y 10 millones que ya tiene comprometidas para exportar. Claramente con el segundo cálculo la producción no alcanzaría.

Eso presagia naturalmente una tensión en la cadena hacia fin de año. ¿Qué hará el Gobierno, dejará exportar lo que está comprometido y tendrá que salir a buscar trigo para cubrir lo que la industria necesita dentro del país? ¿O pondrá algún nuevo punto de equilibrio exportable para asegurarse el consumo interno y finalmente hará incumplir contratos en el comercio internacional?

La extendida doble Niña le puede generar un nuevo dolor de cabeza al equipo económico del Gobierno porque le quita dólares para el año que viene

Para tener como referencia, vale la pena recordar que el año pasado la producción superó las 23 millones de toneladas. Es decir que el último estimativo de las bolsas establece 8 millones menos que en la campaña previa. Son 8 millones menos de toneladas para exportar.

Por supuesto que esta situación también es seguida de cerca desde afuera. El mundo está atravesando un momento de máxima tensión por la invasión rusa a Ucrania. Y justamente son dos jugadores de relevancia (especialmente Rusia) en el mercado triguero. Y vale agregar que el trigo es la base de una porción importante de la alimentación, por su derivado, la harina. No habría que perder de vista que mientras los organismos internacionales advierten por la fragilidad de la seguridad alimentaria mundial -por las secuelas de la pospandemia y el conflicto bélico- hay muchas naciones en vías de desarrollo que importan ese cereal y necesitan garantizar el abastecimiento. Ahora, si hay escasez, seguramente tendrán que invertir más recursos para comprar contenedores de trigo. Esta última situación le permitiría morigerar el recorte de dólares que tendrá en los ingresos la Argentina. Pero los ingresos no serán los mismos.

La situación no sólo afecta a la cosecha fina y la siembra de la gruesa, sino también a la ganadería que está con precios quietos desde hace meses

El efecto de la falta de lluvias que se arrastra especialmente desde el otoño, pasó por el invierno y cubrío el primer tramo de la primavera, no se sentirá sólo sobre la campaña fina. La gruesa a esta altura debería tener ya una porción mayor de siembra concretada. Pero sin humedad en los perfiles, el trabajo viene muy retrasado y eso quitará también producción y en consecuencia dólares a futuro. Buena parte de la siembra de maíz temprano fue cambiado por planteos para diciembre, de ciclos más cortos. A esta altura, la implantación apenas supera el 10% del área estimada para ese cereal.

También la ganadería sufre el impacto porque sin lluvias las pasturas escasean en buena parte de la principal área productiva nacional y eso obliga a los productores a encerrar o apurar la liquidación en lo que termina significando una “puerta 12” para la hacienda. Con una demanda externa resentida por la retracción de China y un mercado interno golpeado en el consumo por la pérdida de poder adquisitivo, no hay por ahora posibilidad de convalidar mejores precios y tanto los animales en pie como los cortes de carne quedaron muy atrás del proceso inflacionario en los últimos meses. De hecho, ese fue un factor que explicó por qué no fue mayor la inflación a partir de julio, porque el componente de los cortes vacunos tiene mucho peso en la canasta. De todos modos, advierten que en noviembre esa tranquilidad podría modificarse.

Con ese escenario general, el Gobierno deberá encarar el año electoral con menos dólares ingresando por las exportaciones agroindustriales. En los primeros 9 meses del año, la Cámara Aceitera y el Centro Exportador de Cereales estimó más de 33 mil millones de dólares que ingresaron por exportaciones del sector. Alcanzarían los 40 mil millones el 31 de diciembre. “No creo que podamos ni siquiera acercarnos a esa cifra la próxima campaña”, adelantó a este diario la semana pasada el presidente de esas dos entidades, Gustavo Idígoras.

Si eso ocurre, buena parte de lo que pueda hacer el Ministerio de Economía para tratar de equilibrar las cuentas requerirá de un esfuerzo mayor; de un ajuste mayor, justo cuando la carrera a las urnas comienza a intensificarse.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal