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La desesperación de doña Delfina por defender su hogar de las llamas

La mujer, de 84 años, vive en un campo de la zona de Tres Cerros, a 5 kilómetros de Las Albahacas. El fuego llegó a metros de su casa. Ella salió con su crucifijo a implorar protección. Los bomberos y policía fueron a evacuarla

Doña Delfina salió de su casa y el panorama frente a sus ojos era desolador. Las sierras que son el paisaje que cada mañana la reciben y son el patio de su casa en Las Albahacas, arden desde hace días por los voraces incendios desatados en toda la región.

Con sus 84 años a cuestas, salió con su crucifijo, ese que la acompaña desde siempre, y lo elevó por sobre su cabeza en señal de plegaria para aplacar la furia de las llamas. Delfina vive en los Tres Cerros, un rincón serrano ubicado entre Alto Lindo y Villa El Chacay, y a unos 5 kilómetros de Las Albahacas.

Pero el riesgo era demasiado. Bomberos y policía llegaron hasta su casa y rogaron a Delfina evacuarse. Resistió hasta cuando pudo y fue llevada a la casa de una de sus hijas en Las Albahacas.

La noche del lunes y madrugada del martes fueron para esta mujer horas interminables, rezando y rogando para que el fuego no consumiera su hogar. Las llamas no llegaron hasta la casa, pero sí afectaron gran parte del campo familiar. “En menos de 4 horas, el fuego devoró todo”.

María Balmaceda, una de sus hijas, dijo que su mamá se resistía a dejar la casa. “Está preocupada por sus ovejas, sus vacas, caballos, sus cosas. Vive ahí desde hace más de 50 años. Yo me crié en ese lugar”, detalló María a Puntal.

El campo de la familia fue alcanzado por las llamas que llegaron hasta unos 300 metros de la vivienda de doña Delfina, quien nació y vivió siempre por esta zona. Allí crió a sus hijos. “Cuando nos empezamos a casar nosotros, la mamá se quedó sola ahí. Ella se encarga de cuidar los animales, y nosotros venimos a verla y ayudar. En estos días estaba con un nieto y mi hermana más grande”, contó María.

Su hija aseguró que tras llegar el policía, Delfina expresó su voluntad de no irse del lugar. Pero era su vida la que estaba en riesgo.

“Yo entiendo que era para salvarle la vida, pero tampoco es fácil dejar el campo solo”, asumió María.

“Anoche (por el lunes) no ha pegado un ojo. Estaba súper nerviosa, ella al fuego y al agua les tiene terror. Tengo dos hermanos mayores y mis sobrinos que estaban trabajando en lo más alto. Así que ella pensaba por todos y por sus animales”, expresó.

Según contó su hija, Delfina es muy creyente: “Esa cruz la tiene desde que tengo uso de razón. Cuando hay tormenta o lo que sea, la vieja lo tiene en sus manos”. María se refirió a la imagen que se viralizó de su madre sosteniendo en alto una cruz como un escudo contra el fuego.

Permanentemente, la mujer pide saber cómo está su casa, y su hija sentenció: “Como es mi vieja, apenas pueda se viene para acá”.

Facundo Gigena, uno de los policías que fueron a evacuar a Delfina, dice que la conoce desde niño: “Vive ahí desde siempre, pero era muy peligroso que se quedara”.

El agente sostuvo que el único sonido que se escuchaba la noche de la evacuación “era similar a una cascada, pero era el fuego que avanzaba entre la maleza; el humo tornaba irrespirable el ambiente y a lo lejos sólo se veía el rojo de las llamas”.