Espectáculos Funeral |

Los hombres no somos nada

Sobre la obra “Funeral, qué solos se quedan los muertos”.

'Los hombres no somos nada', filosofa el velatorio,/y entre anices y jolgorios, en la habitación de al lao,/cada uno llora al finao del modo más provisorio”

(“Forasteriándo”. José Larralde).

A pesar de la clara alusión de su título, Funeral, qué solos se quedan los muertos no desarrolla ni por asomo una perspectiva “Becquer”, sino más bien todo lo contrario.

Frente al desgarramiento romántico acendrado del poeta español famoso por sus Rimas y Leyendas, la mirada de Miguel Romano, autor de la dramaturgia, se apoya en la ironía. 

Con una perspectiva realista, que incluso goza de apoyarse en la repetición y los guiños de una situación tópica, el autor transcribe las actitudes de la criatura humana frente a la muerte.

No se trata de una perspectiva digamos que filosófica sino de observación de la vida cotidiana: vamos, lo que ocurre en el momento en el que se ejecuta ese rito de despedida que son los velorios.

Tres personajes, que representan diferentes relaciones con el muerto y su familia, y sus historias, desandan esas perspectivas, que se van acomodando como pueden, in situ, a una situación del todo inasible.

La acción sucede en ese momento en el que consta que a todos nos toca, que en los funerales nadie sabe bien qué decir ni que hacer frente, y que lo que se dice del occiso admite muchas variaciones.

En esa secuencia, ineludiblemente repetida, con sus apología y rechazos expresados entre susurros (lo que hablan en voz alta llaman demasiado la atención en los velorios) se apoya la pieza.

Y la desarrolla con tino, desde una fina capacidad para ubicarse delicadamente en esa entrelínea en la que aparece inevitablemente el detalle de humor negro, pero sin hacer grosero el asunto.

Integrantes del grupo “Malditos Teatro”, los actores Luisina Vergnano, Gisela García y Luciano Ciriliano atienden con singular precisión, y gracia, a la descripción de los caracteres e intereses que asoman allí.

No se trata, para el autor, de moralizar conductas en el tono de reprimenda que suelen expresar aquellos que se avergüenzan de lo que se dice “frente al cajón y con el cuerpo caliente todavía”.

Sino de delinear sin subrayados ni acusaciones esa labilidad que caracteriza al género humano, con su cerebro siempre bullente en una actitud de sobrevivencia aun cuando sabe que la muerte es ineludible.

El resultado de esa mirada da como resultado una pieza que consigue, apoyado en las destacadas actuaciones, generar una especie laxitud, nacida de la capacidad de tomar distancia de la tragedia inevitable, a partir del humor.

R.S.

NOTA:
 Si bien este estreno no es tan reciente, vale la pena una referencia crítica en el marco de celebrar que elencos teatrales riocuartenses sigan estrenando y, además, aunque esto no sea excluyente, escribiendo sus propias obras.