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El goleador que nació en el Bimaco

Luis Roberto Oste recordó su historia como jugador. Desde los picados en la canchita del barrio hasta el inolvidable gol en la "Final del Siglo". Los directores técnicos que lo marcaron y su presente como entrenador en Ecuador

“El fútbol me dio todo”, “Cumplí el sueño del pibe del interior y le cumplí el sueño a mi viejo”, “En San Lorenzo me sentí por primera vez jugador”. Frases que dejó Luis Roberto Oste, el Lute, al realizar una recorrida de lo que fue su vida como jugador de fútbol.

Instalado en Córdoba mientras espera poder volver a Ecuador para continuar con su trabajo, el hombre nacido en Río Cuarto el 26 de mayo de 1970 se prestó ameno al diálogo para recordar su histo-ria.

- ¿Qué recuerda de sus inicios en el fútbol?

- Yo vivía en el barrio Bimaco. En esa época todavía existía la plaza con la cancha frente a la iglesia. Además había otro campito al frente de mi casa. Me pasaba el día jugando y a la noche lo hacíamos en la calle frente a mi casa. Era un pasaje y teníamos luz artificial. Jugábamos hasta las 12 o 1 que nos llamaban. Eso era cuando tenía seis, siete años. Después empecé en San Cayetano de la mano de Sergio Agüero, que hacía todo a pulmón. Nos llevaba a los torneos con un grupo de padres, entre los que estaba mi viejo que siempre me acompañó.

- ¿Cómo llegó a Estudiantes y que le dejó ese paso por el club?

- A los 10 años fui a Estudiantes, también a jugar los torneos los do-mingos. De las inferiores de Estudiantes tengo los mejores recuerdos. En los inicios estaba Sardonio y Marcial como técnicos en las categorías menores. Fui creciendo y se armó un lindo equipo. Me acuerdo de un montón de nombres, pero jugaba con Martín Herrera y Pablito Villalva. Hugo Ferrarese nos marcó porque nos dio la posibilidad de salir a probar-nos a otro club, afuera de Río Cuarto, algo que en ese momento era difícil porque no había cazatalentos como ahora. Me acuerdo que nos llevó en un Fiat a Martín Herrera, Pablo Villalva y a mí. La primera parada fue Newell´s y en esa prueba quedé yo. Después Martín quedó en Boca. De Hugo tengo los mejores recuerdos por-que fue un avanzado para la época. Enseñaba individualmente. Hacía prácticas individuales donde nos daba trabajos específicos para el puesto en el que jugábamos. A mí me enseñaba a cubrir la pelota y definir. Así fuimos creciendo y tengo los mejores recuerdos porque además teníamos un muy buen equipo que nos permitió ser campeones en séptima, sexta y quinta.

- ¿Cómo fueron esos inicios en Rosario?

Quedé en Newell´s en el 88 cuando salió campeón y después perdió la recordada final de la Copa Libertadores con Nacional de Uruguay. Estaba en la pensión del club. En ese momento estaba todo coordinado por ( Jorge) Griffa y era lo mejor que había en inferiores de la Argentina. Un orgullo. Estuve un año, me lesioné y me tuve que bus-car mi carrera en otro lugar. Lo tuve a Marcelo Bielsa y siempre cuento como anécdota que era un adelantado para la época. En el 88 llegué a jugar partidos en reserva. Nos mostraba videos de los rivales, algo que en ese momento no se acostumbraba y era difícil. Los lunes o martes nos hacía ir una hora antes a los entrenamientos para ver el video. Trabajábamos en la semana con lo que iba a pasar y en los partidos sucedía. Fue un adelantado. Si bien lo tuve poco fue de las cosas que me marcó lo que era su comienzo y lo que es hoy.

- ¿En algún momento de su carrera, antes de llegar a consolidarse en Primera, pensó en dejar y que fue determinante para que no lo hiciera?

- Hubo un momento clave en el 88 cuando me lesioné. Volví en el 89 y me prestan a Atlanta. Cuando llegué a Buenos Aires, después de ese año espectacular en Newell´s en el que vivía en la pensión abajo de una tribuna que da al Parque con Gabriel Batistuta, Fernando Gamboa, Darío Franco y otros chi-cos que llegaron, fue una decep-ción ir a jugar a la Primera B. En Atlanta hubo un quiebre. No me sentía. Pasar de lo mejor de la Argentina a remarla de abajo en la B. Dije me voy a estudiar. Ahí me aga-rró un profe que vivía con nos-otros en la pensión, Hugo Devolis que era de Lincoln. Era en junio, yo había preparado la valija para volverme a Río Cuarto. Me para y me dice 'te pueda dar un consejo. A partir de mañana te matas en los entrenamientos, dejas un ciento diez por ciento de acá a fin de año no vas a perder nada, tu carrera en la Universidad no la podés reiniciar. Son seis meses, si no se da te quedás con la tranquilidad de que diste todo y el fútbol no era para vos’.

En esos seis meses hice eso y no solamente pasé por la curta, reserva, llegué a primera y en diciembre era goleador. Me tocó ascender con Atlanta y se lo agra-dezco porque si no me paraba, me volvía a estudiar. Además de haber contado con el apoyo de mi familia.

- El debut en Primera llegó en el ascenso, en Atlanta. A la distancia ¿qué recuerda?

- La experiencia. En Atlanta lo mejor es que me tocó ascender, salir campeón, ser importante en el final de ese ascenso. Me acuerdo un partido en semifinales con San Martín de San Juan. Hice el gol en el último minuto antes de ir a los penales y conseguimos el pase a la final en la que ganamos a Nueva Chicago. Tenía 19 años.

- De ahí a Defensa y Justicia, Nueva Chicago...

- Estuve un año y me abrió las puertas al fútbol grande. Salí goleador de ese Nacional B en el que había grandes equipos. Nosotros estábamos preparados para luchar abajo y salvarnos del descenso. Con muchachos desconocidos, ante grandísimos equipos como Unión, Colón, Quilmes, Belgrano. Tuve la suerte de ser goleador y es me dio la posibilidad que me vie-ran equipos de primera. Ese fin de año me junté con dirigentes de San Lorenzo e Independiente. Pero surgió la posibilidad de Barcelona y estuve un mes y medio en Es-paña. Las cosas cambiaron, quedé en la filial y me querían prestar. Ante eso, la gente que me mane-jaba quiso que me volviera y llegué a Chicago.

De Chicago tengo un gran recuerdo porque con un equipo de chicos jóvenes que había ascendido, peleamos el ascenso a Primera. El recuerdo de la gente es impresionante, llenaba en todos lados. Además de haber sido el goleador del equipo, estuve entre los goleadores de la B Nacional y me dio de la posibilidad de ir a San Lorenzo.

- ¿Qué significó llegar a San Lorenzo?

- Fue cumplir el sueño del niño que veía desde el interior a la pri-mera muy lejos. Además de cum-plirle un sueño a mi viejo. En esa época no había muchos hinchas de San Lorenzo en Río Cuarto y él era un enfermo por el Ciclón. En ese año 92 me dio dos gustos. Cumplir el sueño de ser jugador de fútbol, llegar a un club considerado entre los cinco grandes del país, la satis-facción de lograr por lo que viví y luché; además de cumplirle el sueño a mi viejo.

Me tocó jugar con grandes jugadores. El Beto Acosta, Pipo Gorosito, García, el Diablo Monserrat, Fabián Carrizo, Simionato, Passet, el Roly Escudero. Tengo los mejo-res recuerdos, ahí me sentí jugador de fútbol.

- ¿Cómo fue su paso por Emelec, en Ecuador?

- En ese momento no había tanta información como ahora en que todo lo podés googlear. Me encontré con un club grande que venía de salir subcampeón el año ante-rior. A los 22 años me di el gusto de tener uno de los récords del fút-bol ecuatoriano de marcar cinco goles en un partido por la liguilla final del campeonato al Cuenca. En ese momento era un hecho histórico porque ningún extranjero lo había logrado. Tuve el récord mucho tiempo. Creo que ahora Barcos los hizo, pero no en un partido de primera sino en una Copa.

Tuve la suerte de ser joven y ser campeón y goleador del torneo. Fue una gran experiencia. A los 22 también jugué la Copa Libertado-res y llegamos a casi a semifinales. Me permitió seguir sumando experiencia y creciendo.

- De Ecuador, la vuelta a Argentina...

- Volví a Deportivo Español que estaba jugando en Primera. De ahí pasé a Huracán Corrientes, aquel equipo de Humberto Zucarelli que ascendió. Era el capitán del equipo, jugué el primer semestre, lo ganamos y aseguramos un puesto en la final. Surgió la posibilidad de Belgrano y cómo era volver a Primera acepté. Estuve seis meses y llegó mi tiempo en Talleres.

- ¿Qué le dio el fútbol?

- Me dio todo. Conocí la Argentina, casi toda Sudamérica, el mundo. Aparte de conocidos por el mundo. Hoy puedo levantar el teléfono y charlar con muchísimas personas, rivales, compañeros. Me dio todo y me sigue dando. Hoy soy director técnico y sigo viviendo y sintiendo como un futbolista, pese a que me retiré hace mucho.

-¿Le quedó alguna cuenta pendiente?

- En general no me quedó nada. Un sueño, no haber podido estar nunca en una selección. Di todos los pasos del sueño del niño de llegar a Primera, más siendo del interior, y de haber jugado en uno de los más grandes de la Argentina y jugar en el exterior. La anécdota que cuento de Devolis que me marcó, la utilicé desde ese día hasta el último que me retiré a los 34 años que empecé a dirigir. Hasta el último día di el máximo y eso da la tranquilidad de saber que hice todo lo que estaba a mi alcance. Me sacrifiqué al máximo. Al fútbol no le debo nada y ni él me debe nada.

Tras cuarenta días sin salir del hotel en Ecuador, volvió en un vuelo humanitario

Luis Oste cuando se desató la pandemia del coronavirus estaba trabajando en Ecuador, integrando el cuerpo técnico con Rubén Insúa en la Liga de Portoviejo. Tras cuarenta días sin salir del hotel, regresó al país en uno de los vuelos humanitarios de repatriación.

“Estuve cuarenta días encerrado en el hotel. Vivía ahí. El hotel se cerró con tres personas que nos alojábamos ahí, más uno de recepción y uno de seguridad. Nos res-guardaron. Estuve muy bien cuidado, sin contacto con la gente. Nos facilitaban la comida. La situación estaba fea en Guayaquil”.

Del consulado -continuó diciendo- nos dicen que la situación iba a ser crítica hasta fin de año y la salud pública no estaba asegurada para los extranjeros. Apareció la posibilidad de los vuelos humanitarios de repatriación y nos vinimos con Rubén, con la autorización del presidente del club porque tenemos contrato hasta fin de año”.

“Ahora estamos a la espera, tratando de volver lo más rápido posible. En Ecuador están trabajando los protocolos necesarios para tratar de largar lo más rápido posible. Pero a nosotros se nos complica porque no están abiertas las fronteras y no hay vuelos. Nos preocupa porque si se autoriza a entrenar y jugar no sabemos cómo volver y tenemos contrato vigente. Esperemos que esto pase rápida-mente y pronto estar haciendo lo que nos gusta”, remarcó.

Finalmente se refirió al trabajo que venía realiando en la Liga de Portoviejo. “Hace del año pasado que estamos con Rubén. Hacía más de diez años que el equipo no podía ascender. Aceptamos el desafío de agarrar el equipo en la B, pese a que no conocíamos la división, porque siempre habíamos es-tado en clubes grandes y en primera. Tuvimos la suerte de cumplir el objetivo y ascender. Este año habíamos cuatro partidos hasta que se suspendió”.

José Luis Debernardi. Redacción Puntal