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El Hacha era un crack

Luis Alberto Ludueña fue un jugador excepcional, al cual tuvimos la gran oportunidad de disfrutar aquí en Río Cuarto, dándole alegrías a Estudiantes

Los años pasan y las mesas de café resisten. Tal vez ya no haya tanta esquina, tanto juntarse en un rincón del barrio o en la Plaza Roca, a charlar de todo y siempre a la misma hora. Pero la mesa de café parlante está.

Con cambios, según los tiempos, con actualidades más ásperas respecto a otros años, con menos tolerancia y al influjo de medios que entregan los discursos hechos, y la gente los repite sin analizarlos.

Una de las cosas que no cambian, aquí o allá, es la descripción de una persona, de la cual su historia llega al café y de la que, seguramente, se atropellan para dar datos y vivencias, los parroquianos del momento. Algo muy porteño, diría de arranque.

Eso de subirse a un taxi y que a los cinco minutos el chofer sea primo de Maradona o compañero de escuela de Alfonsín, sin intermedias.

Es muy lindo, seguramente, con alguna ficción, poder hablar en una mesa de café sobre un futbolista, con propiedad, habiéndolo visto en cancha durante su carrera.

Me pasa con varios, por suerte. De por aquí y a nivel provincial y nacional.

Luis Antonio Ludueña es uno de ellos. Y de los mejores que vi, no tengo dudas.

El Hacha fue un jugador excepcional. Y nos dimos el gusto de tenerlo un tiempo por Río Cuarto, en el recordado Estudiantes que clasificó por primera vez al Nacional, marcando, incluso, ese inolvidable tercer gol en el Chatteau, ante Belgrano.

Nació el 21 de febrero de 1954 en Córdoba. Su historia futbolera comienza en San Lorenzo de Córdoba. En 1972, es campeón con el equipo de “los turcos” en la B de Córdoba. Un club, que juega en el Estadio Yamil Simes del barrio Las Flores, hacia donde se mudó en 1947, gracias a la venta de quién fuera gran jugador de Huracán y Racing. Del club salieron Bernardo Patricio Cos, Sebastián Viberti, José Luis Villarreal, Antonio del Río, y todos los Ludueña, emparentados con el Hacha.

Talleres lo compra para empezar a deslumbrar con un gran equipo en los 70. Entre el 74 y 79, el Hacha ganó 16 títulos locales con la T.

Su aparición en AFA, es en la primera fecha del Nacional 74, en un conjunto que dirigía Ángel Labruna y que arrancó de local ante Gimnasia de La Plata, ganando uno a cero, justamente con un gol de Luis Ludueña de penal a falta de cinco minutos para el final del partido. Fue el 21 de julio del 74 y Talleres con Quiroga; Comelles, Galván, Artico y Ocaño; Muggione, Ludueña y Taborda; Patire, Valiente y Pereyra. Entraron Fachetti y Rivadero. En Gimnasia atajaba el Loco Gatti. 17 mil personas pagaron entrada.

La T terminaría cuarto, en el Octogonal final del Nacional que ganó el San Lorenzo de Zubeldía. Mario Kempes de Central con 25, fue el goleador de ese certamen.

Ya en 1975, gana la titularidad permanente, con Pedernera de técnico, y en el 76 es goleador del Nacional con 12 tantos, la misma cantidad que Erezuma de San Lorenzo de Mar del Plata y Víctor Marchetti de Unión.

Son tiempos extraordinarios para el Hacha. La T hizo una gira grande y llegó a Zaire. Jugó un torneo junto a Temperley, la selección de Zaire y dos equipos más, el Itama y el Vita. Era un gran plantel. “Yo había andado bien, pero nunca me imaginé lo que pasó. Un periodista fue y me dijo que yo era “El Dios del Fútbol”. No lo podía creer. Me decían que me habían visto hacer cosas que ni Pelé había hecho.”, contó Luis en una nota. Y los que fuimos contemporáneos a ello, vaya si nos acordamos.

El 20 de octubre de ese 76 (un año olvidable para la sociedad argentina), fue el Hacha, testigo privilegiado del debut de Diego Maradona en Primera. Talleres ganó en La Paternal, uno a cero con gol de Luis Ludueña. Así lo contaba ante la prensa, varios años después: “Tuve el privilegio de estar en el debut en Primera de Maradona. Fue un miércoles por la tarde, en la cancha de Argentinos. Diego entró en el segundo tiempo y les ganamos 1-0 con gol mío. Es otro lindo recuerdo. Después del partido comentábamos entre nosotros cómo jugaba ese “mocosito”. Para colmo le metió un caño a Juan Cabrera en la primera pelota que tocó. Lo cargamos con eso y él decía que si le hacía otro, lo mataba. ¡Qué lo vas a matar!, le decíamos nosotros, si no lo podes agarrar… era una avispa el pibe ese. Nunca creímos que después podría ser todo lo que fue. Tuve el orgullo de hacer un gol en el debut del mejor jugador del mundo”.

Ese día Talleres ganó en la cancha del Bicho con Quiroga; Ocaño, Galván, Oviedo y Avellaneda; Cabrera, Ludueña y Valencia; Bocanelli, Bravo y Cherini. Entró luego Binello. El Hacha marcó el único gol a los 27 del primer tiempo. El juez fue Maino.

Iba llegando el tiempo de poder integrar la Selección. Fue convocado por Menotti para integrar la del interior, en un partido frente al Palmeiras. 

En 1978, es nuevamente llamado a jugar el mundial, con la selección que sería posteriormente campeona del mundo. Finalmente, no pudo integrar el plantel, ya que el día anterior a la concentración con el seleccionado en Mar del Plata, se cortó un tendón del pie que lo marginó del certamen internacional. “Se hablaron muchas cosas de la lesión que me marginó de la Copa del Mundo del 78. Dijeron que estaba jugando al carnaval con unas botellas, que estaba borracho. No. La verdad es que estaba en la casa de un amigo en Villa Carlos Paz. Tenía dos hijos, mi           exmujer y habíamos comido un asado y tomado dos vasos de vino, y ya me volvía a Córdoba. La empleada, tremenda gorda, me empujó a la pileta. Me volví loco, me saqué los zapatos, y me miré enseguida. Tenía un tajito chiquito. El pie se me había ido y me corté con la piedra laja. Al rato paró la sangre y me curé. Pero al otro día tenía el pie hinchado. Voy a la cancha, me ve el médico y me dice que mueva el dedo. “No puedo”, le digo. “Dale que tenés que viajar el miércoles a Mar del Plata, que ya te quedás concentrado con la Selección”, me insiste. Pero no podía mover el dedo. El doctor se larga a llorar y me dice: “Te perdiste el Mundial, te cortaste el tendón”. Lloré mucho, mucho, mucho. Dios sabrá por qué no lo jugué.”, contó en una nota en El Gráfico, publicada en 2013.

El único registro de presencia oficial en la selección mayor es la del 27 de junio de 1975 en un cotejo ante Bolivia en Cochabamba, en el que jugó diez minutos reemplazando a Antonio Alderete. Ganó Argentina dos a uno con goles de Astegiano y Alderete y el equipo de Menotti fue casi todo cordobés: Quiroga; Ocaño, Galván, Cárdenas y Pavón; Ardiles, Oviedo y Valencia; René Alderete, Astegiano y Antonio Alderete. Entraron Giordano, que fue el único de un equipo porteño (Racing), Villa y el Hacha.

Sin embargo, cuando finalizaba el año 1979, es convocado nuevamente por Menotti para disputar el certamen preolímpico de Colombia donde fue campeón, junto a otros 6 jugadores de Talleres: Quiroga, Ocaño, Binello, Astudillo, Bocanelli y Hoyos. El equipo base era con Quiroga; Ocaño, Rossi, Binello y Astudillo; Ludueña, Osvaldo Rinaldi y Meza; Bocanelli, Randazzo y Hoyos. También estaban Oropel, Veloso, Tártalo, Giovagnoli, Nieto, Juan Carlos Gómez, Roldán, Sperandío y Gasparini.

Jugó en Talleres 10 años, completando un total de 340 partidos con 113 goles, en todo tipo de campeonatos. En 1981, Talleres recibe una oferta del Málaga de España por el Hacha. El jugador no quiso ir por una diferencia económica en su pase. Es conocido por nosotros su paso por Estudiantes de Río Cuarto con la gloria del pasaporte al Nacional 83 y el cierre de su campaña, con unos pocos partidos en Instituto, al año siguiente. Sus hijos Daniel y Gonzalo lo han representado muy bien en la cancha.

En su laburo en la Legislatura y colaborando con su San Lorenzo de origen, transcurre la vida del “Hacha” Ludueña. Me puedo jactar de haberlo visto siempre. Jugar y jugar.

Desde la tribuna o en una cabina o a la par del alambre en un entrenamiento. Siempre me deslumbró y me encanta sentirlo cerca de mis afectos, más allá de contar en el bar: “Yo vi jugar al Hacha, era un crack”.



Osvaldo Alfredo Wehbe