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Hablemos un poco de violencia de géneros

"Acá el esfuerzo y el debate es cuestionar ciertas formas de violencia que toleramos, sin ningún repaso de su contenido y repercusiones, no solo en nosotros, sino en otros, en definitiva en toda la sociedad", dice la profesional

La salud tanto psicológica como física, depende siempre de los entornos en los que las personas desarrollamos nuestras rutinas. El aire, el sol y los nutrientes de nuestra alimentación delinearán algunas de nuestras posibles respuestas. La calidad de estos componentes optimizará o no nuestra realidad. Los componentes concretos, podrían ser discutidos con mayor facilidad. Lo complicado es discutir aquellos componentes a veces invisibles y nocivos de la realidad, como la violencia, que hemos naturalizado. Nos hemos acostumbrado.

A veces no la vemos y ni siquiera dudamos. Será que entonces no existe?

Acá el esfuerzo y el debate es cuestionar ciertas formas de violencia que toleramos, sin ningún repaso de su contenido y repercusiones, no solo en nosotros, sino en otros, en definitiva en toda la sociedad. Este es el tema que hoy me urge analizar, o al menos empezar a repensar en relación a las mujeres y a la comunidad LGTTTIB+Q.

La violencia, con la que hemos crecido y aceptado en distintos modos, roles, tareas, sin mosquear es lo que en realidad quiero repensar.

La salud pública, la privada, la personal, la corporal, la emocional esta hoy obligada a pensar en la violencia en sus múltiples manifestaciones. Algunas de sus formas son más visibles que otras y cuando hablo de visibilidad no me refiero solo a la violencia física, sino también a la violencia que se ha, obedientemente, naturalizado en forma imperceptible, sin darnos ni siquiera cuenta que la padecemos, o lo que es peor que le hacemos padecer a otros.

Poder individualizar el destrato, el sufrimiento, la discriminación y el abuso naturalizado, es una labor introspectiva y pública que debemos expandir cotidianamente.

Si pensamos en tipos de violencia por motivos de género encontraremos discusiones legales, psicológicas y sociales en relación a la violencia psicológica, sexual, física, económica patrimonial, simbólica, etc. Solo me referiré brevemente a la violencia psicológica, la sexual, la física y la económica.

La violencia psicológica

Es la que acarrea inicialmente un deterioro de la autoestima, esto es: cuando una mujer pierde paulatina o abruptamente la capacidad de valorarse, cuidarse y reconocerse merecedora de cualquier forma de desarrollo personal, profesional y muchos etc.

El deterioro promovido por estas heridas será el cristal por donde la persona “habilite” el potencial avance de la pérdida de autoestima.

La violencia psicológica, por impedir el desarrollo personal, puede ser el precedente de la violencia física o sexual, la económica, y es sin duda, la que deja pasar sin registro a la violencia simbólica, que es nada más y nada menos la manifestada por la sociedad en estereotipos que naturalizan roles, modos, pesos, trabajos, capacidades, subordinándonos más allá de nuestras reales características y potencialidades. Una vez más la teoría nos permite leer rápido, sintiendo que todo esto esta más que claro. Pero pensemos más cosas.

Violencia sexual

Otra forma de violencia es la sexual que incluye también todo tipo de acoso, abuso o intimidación que tenga tinte sexual y que puede producirse en el seno de la familia o fuera de ella. De la primera poco se habla pese a su gravedad y frecuencia. Con la segunda, cuando algún jefe, compañero, o transeúnte se dirigió a vos, te dijo barbaridades al pasar o te tocaron la cola mientras caminabas y vos te quedaste callada y no supiste cómo reaccionar, se estaba cometiendo un acto de violencia sexual, hoy denunciable. Imposible no mencionar al colectivo de LGBTTTIQ+, que padecen constantemente “abusos sexuales correctivos” en nombre de una supuesta normalidad binaria.

Violencia física

En cuanto a la violencia física, por obvia que parezca su definición, es la que, por visible, parece ser la manera más rudimentaria y la más evidente. Un hematoma se verifica rápidamente. El acoso sexual es más difícil de probar. Es, hasta hace algún tiempo, la violencia que más probabilidades tiene de ser creída a la hora de las denuncias. En cualquier caso es una versión más del destrato irreverente por la vida, la discrepancia y la diversidad no solo de género sino ideológica, política y existencial.

En mi trabajo con víctimas de abuso sexual, en la entonces “Casa de la Mujer” en la ciudad de Córdoba, lo más evidente era la violencia física y cuando el abuso sexual era antiguo y difícil de probar, las lesiones físicas, eran la prueba de haber llegado tarde a todo, como sistema, como sociedad y como seres humanos. Tarde a todo.

El cuerpo es el que más fácilmente permite la visibilización de las brutalidades más simbólicas ya instaladas. Paradojicamente cuando el cuerpo da señales de violencia, existieron millones de violencias que nos fueron avisando y no supimos considerar inaplazables. Lamentables aprendizajes sociales que debemos reconocer urgentemente.

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Violencia económica

Otra forma de violencia de la que poco se habla es la económica, es aquella en la que se limita o excluye a una mujer y a la población LGTTTiBQ+ del desarrollo económico por razones de género. Seguramente cualquier mujer o persona LGTTTIBQ+ que haya intentado avanzar en su espacio laboral o bien en su economía familiar habrá sentido esa razón mayor irracional e invisible, ese suelo pegajoso y ese techo de cristal incomprensible que excluye su opinión en la sobremesa o en una reunión de trabajo solo por ser mujer. Parece una locura y lo es.

El destino patrimonial puesto en manos de los primogénitos varones por el solo hecho de serlo pese a su precariedad intelectual y moral, empresas familiares con esposas y hermanas excluidas, no por motus propio sino por una preconcebida y supuesta inhabilidad atribuida por el padre de familia, sostenida por la madre infantil y patriarcal y los varones de la familia que se ven beneficiados económicamente.

La violencia en contra de la mujer y la comunidad LGTTTIBQ+ es tan dolorosa como recurrente en nuestra sociedad. La buena noticia es que, felizmente, la perspectiva de géneros está cambiando la mirada de la justicia que ya no tolera lo intolerable.

Es tiempo de revisar los estereotipos que limitaron la expansión de nosotros mismos, de nuestros seres queridos y de la sociedad toda. Hoy es necesario revisar, reformular y generar estrategias de cambio cultural, para que con más talento creativo, el mundo sea un lugar para todos, algo de lo que estamos muy lejos, a pesar de las buenas noticias.

De las estrategias de reparación social hablare otro día.

Por Gabriela Cantore | Psicóloga | MP 9371