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De Río Cuarto a EEUU: quieren exportar tecnología en biomasa

Es un novedoso desarrollo que crea un circuito cerrado entre la etanolera y el biodigestor

¿Se puede exportar tecnología desde Argentina a Estados Unidos? Eso es lo que está en proceso de realizar la empresa Bio4 con su inédito sistema de integración de la planta etanolera con un biodigestor que produce gas, todo en un circuito cerrado que va dejando productos energéticos y de consumo animal, al tiempo que disminuye fuertemente la huella de carbono.

El esquema, además, tiene el atractivo de que prácticamente elimina el uso del agua y representa una oportunidad de desarrollo en el país del norte debido a los ingresos adicionales que puede generar allí en bonos de carbono.

Y uno de los pasos más complejos que logró sortearse fue el de integrar el digestato (el material que queda después de la digestión anaeróbica de la planta de biogás) nuevamente al proceso de producción de la planta etanolera, inyectándolo al comienzo del circuito, en mezcla con el grano de maíz molido, que luego terminará siendo alcohol como producto principal y con destino al corte de naftas, para que el camino vuelva a comenzar en forma circular.

“La intención es exportar este desarrollo tecnológico para las plantas de biogás porque además advertimos que es inédito. Y surgió, como siempre, por la capacidad del equipo de ingeniería y otro poco por casualidad. Hacer biogás se puede hacer con muchas cosas pero el problema es con qué sustrato se hace”, comenzó explicando Manuel Otero, ingeniero químico y uno de los integrantes del equipo de investigación de Bio4 que trabajó con el objetivo del retorno del digestato a la planta etanolera.

“Hacer una planta de biogás que funcione exclusivamente con el sustrato de la planta de etanol y que se pueda retornar ese mismo sustrato es la clave. Siempre en las plantas de biogás el problema era el digestato, poder hacerle el tratamiento y retornarlo fue el paso que dimos y que hasta aquí no se conocía”, explica Otero.

Luego, se mete de lleno en la operatoria de ese circuito cerrado: “De la columna de destilación sale la vinaza pesada y entra a una máquina que separa sólido de líquido. Lo sólido es lo que se le da de comer a los animales que se llama WDG y la vinaza liviana que tiene 8% o 10% de sólido dependiendo de la planta va a un sistema de evaporación. De allí sale el jarabe que en muchos casos se une al WDG y se le da a los animales o se seca para obtener el WDGS. En este caso se reduce la cantidad que se envía a evaporación por el costo de gas que eso insume y se empiezan a hacer pruebas en la planta de biogás que ya andaba con silaje de maíz. Se inyecta aumentando el flujo de a poco y es allí que se observa que la vinaza liviana anda bien, que produce gas, que funciona. Y así fue que de a poco se fue migrando el sustrato. Entonces se avanza y se hace funcionar la planta de biogas con un 80% de vinaza y 20% silo de maíz”, indicó como un primer paso. Pero luego hubo más.

“Por una falla operativa en un momento se impide la incorporación de silaje en la planta y no queda otra opción que operarla con 100% de vinaza liviana. Era eso o frentar la planta, cosa que no era posible. Se midió mucho y se controló para ver cómo evolucionaba y a medida que avanzamos, se dieron altos y bajos, pero finalmente se logró estabilizar el sustrato para producir 100% con vinaza liviana. Eso fue un logro total”, remarca el joven ingeniero. Pero aún faltaba una parte, el retorno del digestato a la etanolera.

“En la planta de bioetanol se ingresa el maíz que se muele, se mezcla con líquido, y comienza el proceso de fermentación. Y para no utilizar agua la idea fue entonces reemplazarla con el digestato, que es el material que queda después de la digestión anaeróbica. El trabajo que hicimos fue llegar a que el 100% de eso vuelva a la planta de etanol, para que en definitiva todo lo que salga vuelva a entrar. Para eso hicimos varios tratamientos y pruebas que nos terminó dando esa posibilidad. De esa manera logramos hacer un ciclo cerrado entre las plantas. Para nosotros es fantástico porque no tenemos desechos”, remarcó Otero.

Y agregó: “En Estados Unidos hay unas 200 plantas de etanol mucho más grandes que las de Argentina, pero con el adicional de los créditos de carbono que funcionan allá. Cada tonelada de carbono reducida se paga. Y esta tecnología permite justamente esto, porque además allá no pueden tener ningún desecho, que es lo que brinda este esquema.No tienen piletas de tratamiento y por lo tanto no se podría montar una planta de biogas que tuviera el digestato como desecho, debía incluírselo en el proceso de retorno a la etanolera. Además, funciona 100% con vinaza liviana y no hay que estar buscando sustrato de otro lado”.

El desarrollo permite además “utilizar todo el gas generado para reemplazar al gas natural fósil y con eso baja más la huella de carbono y mejora la ecuación económica. Cuando se suman todos los puntos se reduce fuertemente el consumo de combustible fósil en el proceso y la huella”, destacó.