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Ya hay un número para el girasol: crecería 17,6% el área sembrada

La superficie alcanzaría las 2 millones de toneladas según la estimación de la Bolsa porteña

En la segunda quincena de junio la Bolsa de Cereales de Buenos Aires inició el relevamiento de precampaña para el cultivo de girasol 2022/23 y los primeros datos confirma algo que la cadena venía observando desde hace un tiempo: hay mayor interés en apostar por el cultivo dado un cúmulo de incentivos que vienen desde los mercados pero también desde el clima, ya que se trata de una planta con mayor nivel de resistencia a la falta de humedad, algo que parece que nuevamente podría darse en la próxima campaña por la confirmación de la tercera Niña consecutiva.

La ventana óptima de siembra de la oleaginosa se extiende desde mediados de julio en las zonas del norte del país, hasta fines de noviembre en el sur del área agrícola. Al igual que en la campaña pasada, “el escenario presenta una tendencia positiva en la intención de siembra, que responde a la necesidad de recuperar hectáreas perdidas durante los dos ciclos anteriores debido al déficit hídrico, perspectivas climáticas que nuevamente anuncian año neutral a seco, en donde el cultivo tiene un mejor desempeño relativo, y una relación de precios que continúa siendo favorable pese a la baja de la cotización en los últimos meses”, explica el informe.

Al mismo tiempo, esta intención se enfrenta con factores que restringen el potencial incremento del área, dados por condiciones restrictivas de humedad en la mayor parte del área agrícola y una limitada disponibilidad de materiales para la siembra, como resultado de la baja producción de semilla alcanzada en los ciclos previos por sequía, que podría atemperarse con el ingreso de semilla importada. En cuanto a las dificultades para el abastecimiento de combustibles y otros insumos, tanto por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania como por la situación macroeconómica del país y la falta de reservas, el cultivo tendría una menor afectación relativa dada la menor intensidad en el uso de insumos en comparación con otras alternativas.

En conclusión, sujeta a que la demanda de semillas sea abastecida y que las condiciones agroclimáticas sean adecuadas, la primera proyección de siembra posiciona la superficie a implantar de girasol en 2 millones de hectáreas, lo que refleja un incremento interanual del 17,6% (300.000 hectáreas más), y una expansión del 19,6% respecto al área sembrada promedio de las últimas 5 campañas.

Estimación de área

El relevamiento de pre-siembra presenta una clara intención de expandir el área destinada a girasol, pero limitada por una oferta de semillas que se encontraría por debajo de esta intención.

“Los colaboradores informan un prematuro agotamiento de los materiales disponibles, que sería consecuencia de la fuerte restricción hídrica que atravesó el ciclo de la oleaginosa e impactó negativamente en la producción de semillas. Sin embargo, la posibilidad de importar semillas podría cubrir, al menos parcialmente, la demanda actual. De todas maneras, las expectativas de incremento de superficie continuarán afectadas por la evolución de las precipitaciones, así como por las variables de mercado, especialmente en los núcleos girasoleros del sur del país.

En la región NEA y Centro-Norte de Santa Fe, la intención es recuperar la superficie resignada durante las campañas 2020/21 y 2021/22 por déficit hídrico. Por su parte, la ventana de siembra óptima en las zonas clave del sur del área agrícola ocurre entre la segunda quincena de octubre y la segunda quincena de noviembre, donde las variaciones de área en los últimos 5 años fueron menos significativas.

“En las últimas campañas, el girasol se ha convertido en una de las alternativas productivas más buscadas, por su buen desempeño en condiciones limitantes de humedad”, explica el informe.

No obstante, el escenario actual presenta una muy baja reserva hídrica en el perfil y un bajo contenido de humedad en el estrato superficial, incluso inferior a la disponibilidad al mismo momento de la campaña anterior.

Esta situación afecta especialmente las zonas primicia del cultivo, que no disponen de tiempo más allá de septiembre para esperar a la reactivación de las lluvias, y necesitan de la ocurrencia de chaparrones en el corto plazo que acondicionen los primeros centímetros del suelo como para asegurar la emergencia. “En las zonas del sur, dado que las siembras comienzan en octubre, típicamente más húmedo por la llegada de las lluvias de la temporada primavera/verano, la principal limitante sería la disponibilidad de semillas”, finaliza el informe de la Bolsa.