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“Ahora sé dónde está mi hermano; pude dejarle flores y estar con él”

Oscar y Beatriz Giraudo formaron parte del contingente de argentinos que estuvo el lunes en Malvinas para el acto en el que fueron reconocidos restos de excombatientes. Pudieron ver el nombre de “su héroe” en una tumba y dejarle un recuerdo. “Nadie nos va a devolver su vida, pero al menos cerramos una herida”, indicaron
 
Hernando.- Horacio Giraudo dejó de ser un “soldado argentino sólo conocido por Dios”. Tras la identificación de sus restos, este lunes sus hermanos pudieron ir hasta su tumba y llorarlo como nunca antes habían podido, acariciar esa fría piedra y dejarle la cálida mano de quienes lo llevarán por siempre en su corazón.

Oscar y Beatriz Giraudo fueron parte de las familias de excombatientes de la Guerra de Malvinas que el lunes llegaron a las islas para encontrarse con el lugar donde descansan los restos de sus seres queridos. En el cementerio, finalmente, una lápida lleva el nombre de Horacio, y hoy su familia puede estar en paz.

"Yo había viajado en el 91, pero esta vez me quebré. Encontrarme con la lápida de mi hermano con su nombre fue muy fuerte. Inolvidable, triste y orgulloso a la vez. Entré a gritar y a llorar, me temblaban las piernas, pero finalmente pude dejar flores en la tumba donde ahora sí sé que está mi hermano, mi héroe", relata a PUNTAL Oscar Giraudo (64), vecino de Hernando. Junto a él viajaron su otra hermana, Beatriz María, y el contingente argentino seleccionado tras poder identificarse 90 muertos que hasta entonces estaban como NN en la gesta de Malvinas y que descansan en el cementerio de Darwin. 

Uno de ellos es Horacio Giraudo, excombatiente muerto en Malvinas tras la batalla de Pradera de Ganso. Por aquel tiempo cuando se desató la guerra, este joven hernandense estaba cumpliendo el servicio militar obligatorio. 

Aunque muchos otros excombatientes siguen durmiendo en el sueño eterno bajo la triste frase "Soldado argentino sólo conocido por Dios", algunas familias pudieron con esta identificación cerrar un capítulo de sus historias. Pero no bajarán los brazos hasta que cada una de esas cruces blancas tenga un nombre y apellido.

El contingente argentino que estuvo el lunes en Malvinas avanzó a paso lento desafiando el imponente y helado viento que lo intentaba disuadir de la acción histórica de llegar hasta el cementerio donde encontrarían las tumbas, ahora sí, identificadas de sus hijos, nietos, sobrinos, familiares y héroes, fundamentalmente.

"Se cruzan muchas cosas en la cabeza, entre la ansiedad de llegar y luego no querer volver. Contarle cosas, recordar otras, decirle que no lo vamos a olvidar. Todo se te cruza por la mente y estás allí nuevamente frente a frente, arrodillados y unidos, a pesar de su muerte. Nada nos va a devolver su vida, pero al menos cerramos esta gran herida. Sabemos dónde descansa, dónde está su cuerpo y una tumba tiene su nombre", apunta Oscar en diálogo con PUNTAL.

El último cumpleaños

Recuerda Oscar que la última vez que vio con vida a su hermano fue el 31 de enero de 1982, cuando su familia se reunió para celebrar su cumpleaños y el de su hermano, ya que coincidían en la fecha. Pocos días después, Horacio partió a cumplir con el servicio militar, sin saber que ya no volvería. 

La última noticia fue mediante una carta enviada a su familia que llegó a Hernando el 3 de abril y Horacio ya estaba en las islas. En plena guerra, estuvo internado en el Hospital Británico, a causa de las heridas que había sufrido en combate cuerpo a cuerpo en la Pradera de Ganso.

"Dejamos en su tumba un rosario enviado por la Municipalidad de Hernando -agrega Oscar-. Además de las flores, el cariño de nuestros padres Clotilde y Osvaldo, ya muerto, quienes pudieron viajar en el 91 aunque no se conocía aún dónde estaba su cuerpo”.

Sólo se permitió llevar flores de tela, y rosarios, algunos fluorescentes para que su luz irradie en las noches cerradas de la isla.

Sobre el recibimiento de los isleños, Oscar señala: “Nos recibieron muy bien, con mucha seriedad y mucho respeto. Los ingleses son cerrados, pero nos atendieron muy bien. Igual que en 1991, pero esta vez un poco más relajados, hablándonos incluso en español".

Abrazo, rosario y llanto

La rigurosidad del calendario indicó que ayer, minutos después de las 9 de la mañana, Beatriz María y Oscar Giraudo pudieron arrodillarse, tantos años después, en una tumba donde descansan los restos de su hermano Horacio. 

Tras el silencio que abrazó familiares y tumbas, el protocolo continuó, se realizó un oficio religioso, sonaron acordes y los sacerdotes se esforzaron en disponer de palabras de aliento, perdón y reconciliación. 

Casi dos horas después, la ruta de regreso se puso en marcha, un ómnibus los llevó hasta el avión, luego Aeroparque y desde allí, el contingente se repartió a distintos rincones, provincias y ciudades de la Argentina. 

Oscar dice que los lazos con su hermano no se cortarán nunca. "El dolor es siempre el mismo y sigue estando eso no cambia. Sólo que esta vez sabemos dónde está su cuerpo, su tumba y podemos llevarle flores y reconocerlo como lo que es, uno de los tantos héroes que tiene este país”.

Para agregar: “Provoca mucha tristeza y te tiembla todo, pero estás allí. Y querés reconocerle lo que hizo, valorar su vida y eso es lo que hicimos. Pudimos reconocer dónde está, saber que está una cruz con su nombre y es reconocido como un héroe, porque eso es lo que es", dice a punto de quebrarse.

Oscar señala que el grupo de familiares de excombatientes llevó una Virgen hasta Malvinas y tras el oficio religioso celebrado en el mismo cementerio, se comprometieron a que la imagen religiosa recorra cada ciudad y rincón del país, donde resida un excombatiente, en señal de reconocimiento a su esfuerzo y valor.

Juan Garafulic