Opinión | Gobierno | Alberto Fernández | Cristina

La política le suma carga a la pesada mochila económica

Los indicadores de crecimiento, liquidación de exportaciones, generación de empleo y uso de capacidad instalada son algunas variables que el Gobierno puede lucir. Pero en la base, la vicepresidenta admitió que no tienen resuelto cuál es el rumbo

El discurso de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en Chaco al cierre de la semana pasada fue un repaso de los enormes déficits que acumula el país en materia económica: alta inflación, desequilibrio fiscal, incapacidad de engrosar las reservas aun en el pico y récord de liquidación de exportaciones agropecuarias, un creciente porcentaje de la población en la pobreza (más allá de la baja mostrada en diciembre, a este ritmo de inflación sería una rareza de estudio mundial que no vuelva a subir en esta parte del año), salarios que no alcanzan y trabajadores formales que no logran cubrir la canasta básica mensual, lo que también motivó una mención especial de parte de la titular del Senado.

Lo cierto es que la vicepresidenta marcó claramente una distancia con la responsabilidad de esa atmósfera económica recalentada que enfrenta la gestión de Alberto Fernández. Y lo hizo al destacar que las diferencias internas, que vienen expresándose en una escalada sin pausa en las últimas semanas, en realidad son debates que responden al rumbo o modelo a seguir. Sí, siendo parte del mismo Gobierno y a dos años y medio de iniciado el mismo; o a un año y medio de finalizarlo. En el oficialismo no está definido aún para dónde ir, según explicó la vicepresidenta.

Esta semana se conocerá el índice de salarios de marzo, cuando la inflación fue de 6,7%. Volverán a perder, como lo hicieron en febrero cuando subieron 3,1%.

Pero después, buscó otro camino paralelo para mostrar la distancia sobre las decisiones económicas y sus resultados actuales, que claramente considera muy negativos: cuestionó al equipo económico y dijo no tener nada que ver con su conformación y que la arquitectura y los nombres fueron responsabilidad del Presidente. Allí fue cuando dijo ser “generosa” por no haberse metido en esas definiciones. Pero después también apuntó sus dardos contra el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, la otra pata económica del Gobierno, al que le recordó el crítico libro que escribió contra su gestión (en un momento en el que el propio Alberto Fernández era hipercrítico de Cristina). Es decir, rompió todos los puentes posibles de vinculación con el área económica de la gestión para tomar la mayor distancia posible de lo que posiblemente considere un desastre. A esta altura, Guzmán y Kulfas son dos de las principales figuras dentro del gabinete que responden férreamente a Alberto Fernández. Bombardear sus gestiones claramente deposita esquirlas en el principal despacho de la Casa Rosada.

Pero la principal dificultad de Cristina en su estrategia por tomar distancia del rumbo y los resultados económicos de Gobierno es que ella fue su mentora, la que puso la piedra basal y la que decidió quién iba a encabezar la fórmula que a los postres iba a resultar ganadora de los comicios de 2019. De aquel anuncio en redes sociales que sorprendió con el nombre de Alberto Fernández, pasaron 3 años. Nada de lo que vino después puede independizarse de aquella decisión. Por lo cual serán en vano los esfuerzos directos e indirectos que viene realizando Cristina para despegarse.

El jueves el Indec dará a conocer el índice de inflación que se espera cercana al 6% y podría marcar la tercera medición seguida por encima de los salarios.

Hay, en este punto, un interesante ítem en el que se dividen opiniones sobre si la crisis política alimenta la económica o si es al revés. Claramente en ambas esferas hay crisis, y posiblemente en ascenso.

En lo económico el escenario es por demás de complejo, pero hay algunos indicadores que permitirían avizorar un sendero angosto pero al menos transitable si no fuera por el fuerte ruido político. Y hay algunos datos importantes: la recuperación del empleo asalariado ya está en niveles de 2018, mejor que en la prepandemia; la deuda fue pateada para adelante y aunque hay tareas importantes por realizar en el marco del acuerdo con el FMI, ya no están los pesados vencimientos de este año y el próximo; la economía recuperó en un año lo que perdió por la pandemia en 2020, algo que no estaba en los planes ni de los más optimistas, y el ingreso de divisas al país es récord porque las campañas agrícolas siguen en niveles de producción muy importantes -más allá de ciertas bajas por cuestiones climáticas- y con precios de granos por las nubes (la soja sigue cómoda por arriba de los 600 dólares la tonelada justo cuando Argentina está cosechando).

¿Y entonces? También hay una infinidad de escollos, muchos de los cuales enumeró la vicepresidenta el viernes; pero la principal dificultad es ese debate que Cristina dijo que se da al interior delGobierno: hacia dónde ir, cuál es el rumbo que pretende tomar la gestión de Fernández. Sin esa hoja de ruta, es difícil que se tomen decisiones por parte de los agentes económicos, desde los más grandes hasta los más chicos. ¿El que tiene posibilidad de cambiar el auto hoy, lo hace y se queda sin ahorros o busca comprar dólares y esperar? ¿Y el que tiene fondos para ampliar una habitación en su casa? Ni pensar en quien puede ampliar una línea de producción.

El Gobierno debe resolver ese debate interno y despejar la incógnita política que pesa sobre la economía, que ya de por sí carga con muchas dificultades, si quiere aprovechar el escaso tiempo que le queda para comenzar a ordenar un camino en el que le esperan muchas decisiones incómodas y de gran costo político, como el capítulo energético: ayer subieron las naftas y llega el tiempo de las tarifas; todo en un marco inflacionario que es el más elevado de la gestión de Alberto Fernández.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal