En apenas cinco meses surgieron en la agenda productiva nacional tres temas que sirvieron para ampliar el distanciamiento entre Córdoba y la Casa Rosada. Y no solo en lo que respecta al Gobierno y los productores o industriales, sino que también permitió extender la brecha en el terreno político y empezar a definir el escenario electoral de cara a las elecciones legislativas que se realizarán en septiembre y noviembre.
Apenas comenzó 2021, y cuando la pandemia daba algo de respiro en el país, la problemática de la inflación hizo que el Gobierno apuntara a la cadena del maíz y dispusiera un cierre de exportaciones que rápidamente fue mutando hasta alcanzar finalmente el levantamiento de la medida, tras un amague de protesta agropecuaria. Fue el primer ensayo que mostró lo que la Casa Rosada interpretaba sobre el fenómeno inflacionario: los precios de las commodities escalando en los mercados internacionales y un efecto puertas adentro del país que echaba fuego sobre un problema que iba en crecimiento con cambios constantes en los precios de las góndolas. Para el Gobierno, los productos de la canasta subían por efecto de lo que pasaba con las commodities en el mundo, que subían sin pausa por una oferta ajustada de granos y una demanda que no paraba de crecer, especialmente apuntalada por China. De allí que surgiera la intención de “desacoplar” los precios. Una idea que no es nueva y que incluso tiene ya un mecanismo en pleno funcionamiento como son las retenciones. Por el efecto de los derechos de exportación, un productor, por ejemplo, no recibe lo que marca la pizarra en Chicago del precio de los granos. El gobierno cordobés salió rápidamente a despegarse de esa interpretación nacional y marcó su diferencia. La provincia es la principal productora de maíz en el país y por lo tanto la más perjudicada.
Trascartón llegó el debate por los biocombustibles, porque la fecha original marcaba que el 12 de mayo vencía la normativa vigente desde 2006 y eso obligaba a una discusión parlamentaria en la que el oficialismo no aparece cómodo, especialmente en Diputados, donde los números le impiden avanzar en soledad y requiere de apoyos para sancionar leyes. En su momento acordó con los representantes del schiarettismo, pero en los biocombustibles eso fue imposible. Los cuatro diputados que responden al gobernador de la provincia anunciaron rápidamente que iban a defender a la agroindustria de Córdoba. Luego de idas y vueltas, la normativa debió extenderse por 60 días porque no había posibilidades de avanzar con un nuevo proyecto oficialista. Ahora el nuevo mojón es el 12 de julio, y el panorama no aparece mucho más despejado. Es que el Frente de Todos avanzó con su proyecto que deja abierta la posibilidad a una baja en el uso del etanol de maíz y eso encendió todas las alarmas en Córdoba, principal productora de ese biocombustible.
Tanto el maíz como los biocombustibles y la carne son tres elementos que además se integran en procesos virtuosos a nivel provincial por la producción de burlanda para feedlots.
Allí volvió a marcarse una distancia y un posicionamiento opuesto entre el peronismo nacional que integra el Frente de Todos y el cordobés, representado por el gobierno provincial. Por supuesto que junto con el schiarettismo se alineó en esta discusión Juntos por el Cambio, que incluso de manera conjunta hasta promovieron una reunión en Diputados para intentar una prórroga de la vieja normativa por 4 años, en línea con lo que aprobó el Senado por unanimidad en octubre. Aquella sesión en la Cámara Baja fracasó y dejó abierta la posibilidad de que el oficialismo impulsara su proyecto en comisión y hasta lograra dictamen hace un par de semanas. Desde ese momento, el tema perdió protagonismo, en parte porque el Gobierno no puede garantizar aún los números en el recinto para aprobar la propuesta y girarla al Senado, donde le sobran manos. Es un tema aún no cerrado y que también está asociado por el oficialismo a la problemática inflacionaria porque sostiene que los commodities impulsan los costos de producción de bioetanol de maíz y de biodiésel y que eso lleva a que los combustibles aumenten en los surtidores. De nuevo, los mercados internacionales fogoneando la inflación argentina.
El miércoles se levanta el cese en la comercialización de hacienda “siempre y cuando no surja una nueva provocación por parte del Gobierno”, dicen en la Mesa de Enlace.
El tercer punto está en pleno tránsito y tiene que ver con la carne. De nuevo, para la Casa Rosada las exportaciones arrastran los precios internos y eso motivó que en el último año el asado aumentara 96%, lejos del nivel general de precios. Con la misma lógica entonces dispuso cerrar por 30 días las ventas al exterior de carne vacuna, lo que desató la reacción de las entidades del campo, que anunciaron un paro por 9 días en la comercialización de hacienda que hoy cumple 12 luego de una extensión comunicada el viernes y le quedan dos jornadas más. El miércoles a la medianoche la protesta se levanta, pero podría retomarse la semana siguiente.
Aquí también hubo una manifestación cerrada del gobierno cordobés y las entidades agropecuarias e industriales de la provincia en contra de la medida. Todos recordaron los efectos adversos logrados cuando se aplicó esa misma prohibición de exportar en 2006 y a los 5 años Argentina había perdido más de 10 millones de cabeza de ganado por el desincentivo a la producción y allí los precios habían vuelto a subir fuerte por la falta de oferta.
Tanto maíz como biocombustibles y carne son tres elementos que además se integran en muchos casos en procesos virtuosos a partir de plantas de etanol que usan maíz como materia prima y producen, además del alcohol, burlanda para alimentar los rodeos en los feedlots. Círculos en los que Córdoba tiene varias experiencias en marcha y que se ven desbaratadas por las disposiciones nacionales.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal

