Hace 70 años, el 28 de septiembre de 1951, un intento de golpe de Estado puso en jaque, como tantas otras veces, la democracia en la Argentina. En este caso, se trató de un levantamiento militar contra el presidente Juan Domingo Perón, quien se encaminaba a buscar la reelección. Si bien la revuelta fue rápidamente sofocada, fue un anticipo de otras acciones que se desencadenaron en contra del titular del Poder Ejecutivo. En diálogo con Puntal, la doctora en Historia y docente de la Universidad Nacional de Córdoba Rebeca Camaño Semprini explicó cómo se sucedieron los hechos e hizo referencia a cómo se vivió aquella jornada en Río Cuarto.
“A medida que se evidenciaba que Perón buscaría la reelección, el clima político argentino se iba cargando cada vez más de tensiones. Algunos líderes opositores comenzaron a pensar seriamente en recurrir a métodos extralegales para impedir otros seis años de gobierno peronista. Encontraron apoyo militar no sólo en las filas de los oficiales retirados, sino también entre algunos en actividad. La mayor concentración de oficiales hostiles se encontraba en la elite intelectual de los militares, las planas mayores de los colegios militares y navales de la zona de Buenos Aires. Además de los esfuerzos gubernamentales por promover la conformidad ideológica y las decisiones sobre el personal que parecían valorar la lealtad individual a expensas de la competencia profesional, otro factor que contribuía al malestar era la campaña de la CGT para lograr que Evita fuera designada candidata a vicepresidenta. La Escuela Superior de Guerra se convirtió en 1951 en el centro de un movimiento conspirativo para destituir a Perón antes de que se produjera su reelección”, indicó Camaño Semprini.
“Sin embargo, casi desde el inicio el movimiento estuvo plagado de rivalidades internas entre quienes competían por el control de la conjura. Uno de los sectores buscaba el liderazgo del general de división Eduardo Lonardi, mientras que el otro estaba encabezado por el general retirado Benjamín Menéndez. A diferencia del primero, que hasta entonces no se había visto involucrado en disputas políticas, Menéndez había participado en una serie de conspiraciones, ninguna de ellas exitosa, en las décadas del treinta y cuarenta. Nacionalista proalemán durante la Segunda Guerra Mundial, había suavizado sus posturas con el paso de los años y establecido vínculos con varios círculos políticos. Incitados por éstos a entrar en acción y convencido de que el sentimiento antiperonista en el ejército estaba cerca de explotar, se lanzó a encabezar el movimiento golpista. Ambos líderes se reunieron para ver si podían crear un levantamiento unificado, pero la renuencia de cada uno de ellos a subordinarse al otro, sumado a las diferencias con respecto a las tácticas revolucionarias y las ideas para un gobierno posterior a Perón fueron obstáculos insuperables”, agregó la doctora en Historia.
-¿Por qué la conspiración no resultó favorable para quienes la organizaron?
-A fines de agosto comenzaron a producirse en el escenario electoral algunos acontecimientos que afectaron el clima de la conjura. El 22, una enorme concentración organizada por la CGT proclamó la candidatura de Evita a la vicepresidencia, pero pocos días después ella renunciaría a través de una emotiva alocución radial. Al suprimir una de las fuentes inmediatas de descontento, el desplazamiento de la candidatura de Evita cambió las perspectivas de éxito del movimiento golpista en gestación. El propio Lonardi empezó a vacilar y finalmente se retiró de la conjura, tras dejar a sus seguidores en libertad de acción para imitarlo o unirse al grupo de Menéndez, lo que algunos oficiales subalternos hicieron. Menéndez estaba decidido a seguir adelante, aun sin contar con la seguridad de un amplio respaldo. El 28 de septiembre lanzó su levantamiento. Geográficamente limitado a las instalaciones del ejército y la aeronáutica en los alrededores de Buenos Aires y a la base aérea de Punta Indio, fue sofocado con relativa facilidad. Una mala planificación, errores en su ejecución y una exagerada creencia en que el accionar de unos pocos valientes generaría un torrente de apoyo en las tres fuerzas contribuyeron a su fracaso.
-¿Cómo se vivió el hecho en Río Cuarto?
-Al llegar a Río Cuarto la noticia de la sofocada intentona y de la movilización obrera hacia la Plaza de Mayo en apoyo al gobierno, los gremios locales convocaron por altoparlantes ambulantes a congregarse en la plaza Roca para escuchar la alocución presidencial, algo que para entonces ya formaba parte de la ritualidad peronista riocuartense, como se ponía de manifiesto cada 1ro. de mayo y 17 de octubre. Luego de escuchar a Perón, ocuparon la tribuna el delegado departamental del Ministerio de Trabajo y Previsión, el secretario local de la CGT y el del Sindicato de Empleados de Comercio, quienes condenaron la rebelión y pidieron severos castigos para los culpables, al tiempo que ratificaron su adhesión a Perón y Evita.
-Más allá del fracaso de la acción militar, el levamiento generó consecuencias…
-Lejos de pasar desapercibido, este levantamiento fallido tuvo consecuencias de gran alcance tanto para las Fuerzas Armadas como para el escenario político. Menéndez fue expulsado de la fuerza y sentenciado a 15 años de cárcel en una prisión patagónica, sus principales colaboradores recibieron penas de 4 a 6 años de cárcel y sumando a quienes fueron presos con aquellos que recibieron sanciones administrativas, alrededor de doscientos oficiales vieron frustradas sus carreras como consecuencia de la intentona de 1951. El gobierno proclamó el estado de guerra interna, que le permitía suspender las garantías individuales y detener a personas sin someterlas a juicio, un instrumento que utilizaría no sólo para reprimir a los conspiradores sino también a opositores políticos, como quedaría demostrado en las semanas previas a las elecciones de noviembre. La máxima responsabilidad dentro de la vertiente civil del fallido golpe recayó sobre los principales dirigentes de la UCR unionista, entre los que se encontraba el riocuartense Miguel Ángel Zavala Ortiz, quien entonces se desempeñaba como diputado nacional y años más tarde participaría de los bombardeos a Plaza de Mayo.
Nicolás Cheetham. Redacción Puntal

