El cúmulo de ventajas competitivas que tiene la ciudad sirve como contraste de todo lo que aún no logra encaminar para el desarrollo y el crecimiento que podría alcanzar en virtud de acciones y políticas que claramente exceden la órbita local y deben conjugarse con decisiones de orden provincial y nacional.
La definición de Capital Agroalimentaria de la provincia que llegó hace tres años aún perdura más en los discursos y las promesas que en los hechos. Fue un buen primer paso, pero no más que eso.
Claro que el enorme potencial de la región permite establecer claramente que Río Cuarto tiene con qué responder a ese título que se suma al de la Capital Alterna dispuesta por el exgobernador José Manuel de la Sota. Pero del mismo modo, clarifica lo que puede ser y aún no es.
En términos generales, la ubicación geográfica de la ciudad resulta estratégica. Es un punto central en el mapa nacional y en el que confluyen además rutas troncales del país que comunican internacionalmente y unen el Pacífico con el Atlántico.
Pero no es sólo un sitio confluyente, sino que además se enclava en una prolífica región que le permite, por ejemplo, contar con la mayor producción de maíz de la Argentina, lo que podría darle el título de capital nacional de ese cereal -algo que ostenta la localidad de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires- que ofrece todo tipo de oportunidades claramente subaprovechadas.
En la última campaña gruesa, el departamento aportó 4,2 millones de toneladas, muy lejos de quienes lo secundaron en Córdoba: Unión y General Roca, con poco más de 2 millones cada uno.
Casualmente, esta semana se desarrolló en la capital provincial la 6a Convención del Maíz, en la que se destacó la economía circular que permite establecer a lo largo de los procesos productivos: el Maíz 360°. Aunque esa jornada podría tener un mejor contexto productivo en Río Cuarto y no en Córdoba, fue un encuentro para confirmar la necesidad de avanzar en el crecimiento y estructuración de las cadenas de ese grano y apuntar a un mayor desarrollo de los biocombustibles, que ya posicionaron a la provincia como un actor central para sentarse en la mesa de los hidrocarburos por el corte del 12% que tienen las naftas con el etanol; pero también se destaca la energía eléctrica a partir de silo del cultivo, o las opciones en la transformación en carne vacuna, aviar o la creciente porcina. Pero el maíz también es parte de la industria alimenticia, textil, del plástico, entre otras, a modo de ejemplo sobre las múltiples alternativas que brinda.
Y, a diferencia de la soja, su competidora en superficie, realiza importantes aportes al suelo y a la conservación, como buena gramínea. Sin embargo, casi la mitad de la producción de maíz termina yéndose como grano, para que el agregado de valor se realice en otro lugar. Son oportunidades no aprovechadas que podrían generar mayor empleo de calidad.
La ciudad, que cumple este lunes 233 años, tiene sin embargo otro potencial aún más destacado y que no tiene origen en la naturaleza: la Universidad Nacional. La casa de altos estudios marcó un quiebre definitivo en el destino de Río Cuarto con el aporte de profesionales en numerosas ramas de la ciencia que, en la mayoría de los casos, desempeñan su vida aquí. Pero además, desde su creación, la Universidad fue adaptando su oferta académica a las necesidades y en muchos casos anticipando demandas futuras. La sinergia entre los sectores productivos y la casa de altos estudios debe extremarse para permitir alcanzar de manera más rápida y completa el potencial que sigue teniendo la ciudad.
Hace pocas semanas, un informe de investigadores del Conicet, que contó con participación de profesores de la UNRC, destacó las mejores zonas del país para vivir. En ese marco, Río Cuarto ocupaba un lugar destacado por el modo en que cumplía con las diferentes variables socioambientales y económicas. Después, claro, cuando se hacía foco en la ciudad, se observaban diferencias importantes entre distintos barrios y zonas, como el oeste y la ribera del río, o el sur y el centro. Pero en una mirada global, cuenta con muchas de las virtudes de las ciudades grandes, en cuanto a servicios, sin tener las enormes dificultades de las urbes más importantes, especialmente en lo referido a traslado, ambiente y seguridad.
El mismo informe coincidía con recomendaciones de índole internacional: las ciudades ideales para vivir son generalmente las intermedias.
Pero lo cierto es que más allá de los rasgos positivos que son fácilmente reconocibles, y el potencial innegable, hay una observación frecuente vinculada al avance que tuvo la ciudad en los últimos años. Claramente caminó a un menor ritmo que otras localidades de la provincia, como Villa María, San Francisco o Carlos Paz. Transcurrió sin tener nitidez sobre el rumbo y muchas veces las discusiones a nivel dirigencial quedaron reducidas a un plan de bacheo o al recambio de luminarias. ¿Cuál es el modelo de ciudad que persigue Río Cuarto? Allí puede caer un sinfín de definiciones y títulos que rondan la inclusión, la creación de empleo, el desarrollo industrial con agregado de valor en origen o de tecnología. Pero ese abanico de buenas intenciones no tienen un claro correlato en las acciones ni en las políticas públicas. El sector privado está comenzando a discutir esto y a coincidir con actores de la política y el conocimiento. De esa articulación depende el salto cualitativo de una ciudad que tiene todo para ser mejor.
Claro que el enorme potencial de la región permite establecer claramente que Río Cuarto tiene con qué responder a ese título que se suma al de la Capital Alterna dispuesta por el exgobernador José Manuel de la Sota. Pero del mismo modo, clarifica lo que puede ser y aún no es.
En términos generales, la ubicación geográfica de la ciudad resulta estratégica. Es un punto central en el mapa nacional y en el que confluyen además rutas troncales del país que comunican internacionalmente y unen el Pacífico con el Atlántico.
Pero no es sólo un sitio confluyente, sino que además se enclava en una prolífica región que le permite, por ejemplo, contar con la mayor producción de maíz de la Argentina, lo que podría darle el título de capital nacional de ese cereal -algo que ostenta la localidad de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires- que ofrece todo tipo de oportunidades claramente subaprovechadas.
En la última campaña gruesa, el departamento aportó 4,2 millones de toneladas, muy lejos de quienes lo secundaron en Córdoba: Unión y General Roca, con poco más de 2 millones cada uno.
Casualmente, esta semana se desarrolló en la capital provincial la 6a Convención del Maíz, en la que se destacó la economía circular que permite establecer a lo largo de los procesos productivos: el Maíz 360°. Aunque esa jornada podría tener un mejor contexto productivo en Río Cuarto y no en Córdoba, fue un encuentro para confirmar la necesidad de avanzar en el crecimiento y estructuración de las cadenas de ese grano y apuntar a un mayor desarrollo de los biocombustibles, que ya posicionaron a la provincia como un actor central para sentarse en la mesa de los hidrocarburos por el corte del 12% que tienen las naftas con el etanol; pero también se destaca la energía eléctrica a partir de silo del cultivo, o las opciones en la transformación en carne vacuna, aviar o la creciente porcina. Pero el maíz también es parte de la industria alimenticia, textil, del plástico, entre otras, a modo de ejemplo sobre las múltiples alternativas que brinda.
Y, a diferencia de la soja, su competidora en superficie, realiza importantes aportes al suelo y a la conservación, como buena gramínea. Sin embargo, casi la mitad de la producción de maíz termina yéndose como grano, para que el agregado de valor se realice en otro lugar. Son oportunidades no aprovechadas que podrían generar mayor empleo de calidad.
La ciudad, que cumple este lunes 233 años, tiene sin embargo otro potencial aún más destacado y que no tiene origen en la naturaleza: la Universidad Nacional. La casa de altos estudios marcó un quiebre definitivo en el destino de Río Cuarto con el aporte de profesionales en numerosas ramas de la ciencia que, en la mayoría de los casos, desempeñan su vida aquí. Pero además, desde su creación, la Universidad fue adaptando su oferta académica a las necesidades y en muchos casos anticipando demandas futuras. La sinergia entre los sectores productivos y la casa de altos estudios debe extremarse para permitir alcanzar de manera más rápida y completa el potencial que sigue teniendo la ciudad.
Hace pocas semanas, un informe de investigadores del Conicet, que contó con participación de profesores de la UNRC, destacó las mejores zonas del país para vivir. En ese marco, Río Cuarto ocupaba un lugar destacado por el modo en que cumplía con las diferentes variables socioambientales y económicas. Después, claro, cuando se hacía foco en la ciudad, se observaban diferencias importantes entre distintos barrios y zonas, como el oeste y la ribera del río, o el sur y el centro. Pero en una mirada global, cuenta con muchas de las virtudes de las ciudades grandes, en cuanto a servicios, sin tener las enormes dificultades de las urbes más importantes, especialmente en lo referido a traslado, ambiente y seguridad.
El mismo informe coincidía con recomendaciones de índole internacional: las ciudades ideales para vivir son generalmente las intermedias.
Pero lo cierto es que más allá de los rasgos positivos que son fácilmente reconocibles, y el potencial innegable, hay una observación frecuente vinculada al avance que tuvo la ciudad en los últimos años. Claramente caminó a un menor ritmo que otras localidades de la provincia, como Villa María, San Francisco o Carlos Paz. Transcurrió sin tener nitidez sobre el rumbo y muchas veces las discusiones a nivel dirigencial quedaron reducidas a un plan de bacheo o al recambio de luminarias. ¿Cuál es el modelo de ciudad que persigue Río Cuarto? Allí puede caer un sinfín de definiciones y títulos que rondan la inclusión, la creación de empleo, el desarrollo industrial con agregado de valor en origen o de tecnología. Pero ese abanico de buenas intenciones no tienen un claro correlato en las acciones ni en las políticas públicas. El sector privado está comenzando a discutir esto y a coincidir con actores de la política y el conocimiento. De esa articulación depende el salto cualitativo de una ciudad que tiene todo para ser mejor.

