Dujovne y una resignación offshore
Por Gonzalo Dal Bianco
El déficit comercial de enero, que se conoció esta semana, quedó a poco de los mil millones de dólares y ya proyecta al menos US$ 10 mil millones para el año. El dólar volvió a avanzar en las pizarras 23 centavos en la semana. La sequía alcanzó traducción en la pérdida de la cosecha gruesa, que sería de unos 7 millones de toneladas de soja y al menos 4 millones de maíz. Eso es menos ingreso de dólares para la economía: unos 6 mil millones, de acuerdo a las primeras estimaciones. Como se sabe, la inflación comenzó el año con niveles elevados para las intenciones del Gobierno de cerrar 2018 con el 15%.
En medio de ese cúmulo de dificultades que quedaron expuestas en los últimos días, el Gobierno, lejos de llevar tranquilidad y alentar expectativas positivas, irrumpió con un confuso mensaje que además salió de la boca del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, un hombre que se mostró excesivamente optimista desde que ocupa ese cargo en el gabinete del presidente Mauricio Macri. Sin embargo, su paso por España dejó una seguidilla de traspiés.
Empezando por la sorprendente frase “No contamos con las herramientas suficientes para hacer frente a la inflación, pero sí con una voluntad de hierro” que no puede generar más que una montaña de dudas sobre cómo hará el Gobierno para poner freno a una de las preocupaciones centrales de los argentinos. La definición de Dujovne no es propia del mejor equipo de los últimos 50 años del que debería esperarse destreza y cualidades messianas antes que capacidades ruggerísticas. “El 10” en materia económica resultó un voluntarioso, uno dispuesto a transpirar la camiseta, sin demasiadas virtudes para la creación de estrategias que permitan superar los obstáculos que tiene por delante. “No tenemos las herramientas suficientes” supone también cierta resignación ante un problema central que en algunas encuestas nacionales ya desplazó a la inseguridad -después de muchos años- como la máxima preocupación. Lo mostraron en un estudio conjunto las consultoras nacionales Taquion y Trespuntozero a comienzos de mes, en particular cuando la pregunta apuntó a las dificultades personales antes que a las del país. El informe también refleja otro dato inquietante: casi el 47% de la población no cree que alguien pueda arreglar esos problemas. ¿Cómo será este último número ahora, tras los dichos del ministro?
Por otro lado, los efectos de ese sincericidio en el mercado seguramente no ayudarán a la porción de la inflación alentada por expectativas. Y mucho menos a aquella atada a la especulación de algunos actores que, apoyados en cierta posición privilegiada, aprovechan para ajustar sus valores al alza más allá de lo razonable.
Evidentemente las palabras de Dujovne no despiertan el entusiasmo de la tribuna que sigue mirando con preocupación un partido en el que el Gobierno no hace pie y viene perdiendo desde el arranque. Sólo hace falta repasar que en los dos primeros años de gestión se acumuló una inflación del 65%, lo que a otros países del mundo les demanda casi 70 años.
Pero, lejos de amilanarse, Dujovne volvió a la carga ayer con un nuevo contratiempo. Esta vez fue en medio de una charla en la que fue interpelado por Jorge Fonseca, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid. El docente lo interrogó acerca de cómo piensa que las inversiones pueden llegar a la Argentina si como responsable del Ministerio de Economía mantiene su patrimonio en offshore. La daga fue directa y dejó al ministro en una más que incómoda posición. Y recordó, además, la frase que había disparado desde el escenario montado sobre la avenida 9 de Julio el secretario general de los camioneros, Hugo Moyano, apenas 48 horas antes. El dirigente gremial había dicho que “ni ellos -por los integrantes del Gobierno- tienen confianza en sus políticas, porque si la tuvieran traerían todo el dinero que tienen afuera”.
Esa crítica replicada de ambos lados del Atlántico llamó la atención del consultor y analista político Gustavo Córdoba, que asegura que “Moyano encontró un eje discursivo sobre el que seguramente se montará la oposición si logra articular una alternativa competitiva frente a Cambiemos para el año próximo”.
Claramente Dujovne amplificó los problemas reales que hay en la calle y que el Gobierno -lógicamente- siempre intenta relativizar y poner en una perspectiva de un largo plazo promisorio. El ministro además lo hizo en un momento en el que la imagen de la gestión está en un punto bajo. Hubo un quiebre en el cierre de 2017 con respecto a la mirada que la población tenía sobre la marcha del país. Hasta las elecciones de octubre el clima y el humor acompañaban al Gobierno, pero después algo pasó. La sanción de la reforma previsional no fue gratis para la Casa Rosada. La falta de resultados en materia económica, tampoco. A eso se sumaron las denuncias sobre los fondos y las empresas offshore que alcanzaron a Dujovne, Luis Caputo -ministro de Finanzas- y Valentín Díaz Gilligan, que terminó renunciando a su cargo de subsecretario general de la Presidencia luego de que el diario El País de España informara sobre una cuenta suya de 1,2 millón de dólares no declarados en Andorra, un paraíso fiscal. Y, por último, se plegó la denuncia sobre el ministro de Trabajo Jorge Triaca y su empleada. El Presidente decidió sostenerlo en su cargo a cambio de una erosión importante.
En ese denso contexto, la UCR decidió organizar un encuentro de su conducción nacional para reclamarle al Gobierno -del que forma parte- mayores resultados y “que se deje de hacer goles en contra”. La capacidad tiempista de la UCR fue cuestionada por sus socios del Pro. Si algo no necesita el oficialismo es, en esta nube de dificultades y torpezas, dar señales de grietas internas que alienten mayores dudas a las que ya avivan buena parte del gabinete.
En medio de ese cúmulo de dificultades que quedaron expuestas en los últimos días, el Gobierno, lejos de llevar tranquilidad y alentar expectativas positivas, irrumpió con un confuso mensaje que además salió de la boca del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, un hombre que se mostró excesivamente optimista desde que ocupa ese cargo en el gabinete del presidente Mauricio Macri. Sin embargo, su paso por España dejó una seguidilla de traspiés.
Empezando por la sorprendente frase “No contamos con las herramientas suficientes para hacer frente a la inflación, pero sí con una voluntad de hierro” que no puede generar más que una montaña de dudas sobre cómo hará el Gobierno para poner freno a una de las preocupaciones centrales de los argentinos. La definición de Dujovne no es propia del mejor equipo de los últimos 50 años del que debería esperarse destreza y cualidades messianas antes que capacidades ruggerísticas. “El 10” en materia económica resultó un voluntarioso, uno dispuesto a transpirar la camiseta, sin demasiadas virtudes para la creación de estrategias que permitan superar los obstáculos que tiene por delante. “No tenemos las herramientas suficientes” supone también cierta resignación ante un problema central que en algunas encuestas nacionales ya desplazó a la inseguridad -después de muchos años- como la máxima preocupación. Lo mostraron en un estudio conjunto las consultoras nacionales Taquion y Trespuntozero a comienzos de mes, en particular cuando la pregunta apuntó a las dificultades personales antes que a las del país. El informe también refleja otro dato inquietante: casi el 47% de la población no cree que alguien pueda arreglar esos problemas. ¿Cómo será este último número ahora, tras los dichos del ministro?
Por otro lado, los efectos de ese sincericidio en el mercado seguramente no ayudarán a la porción de la inflación alentada por expectativas. Y mucho menos a aquella atada a la especulación de algunos actores que, apoyados en cierta posición privilegiada, aprovechan para ajustar sus valores al alza más allá de lo razonable.
Evidentemente las palabras de Dujovne no despiertan el entusiasmo de la tribuna que sigue mirando con preocupación un partido en el que el Gobierno no hace pie y viene perdiendo desde el arranque. Sólo hace falta repasar que en los dos primeros años de gestión se acumuló una inflación del 65%, lo que a otros países del mundo les demanda casi 70 años.
Pero, lejos de amilanarse, Dujovne volvió a la carga ayer con un nuevo contratiempo. Esta vez fue en medio de una charla en la que fue interpelado por Jorge Fonseca, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid. El docente lo interrogó acerca de cómo piensa que las inversiones pueden llegar a la Argentina si como responsable del Ministerio de Economía mantiene su patrimonio en offshore. La daga fue directa y dejó al ministro en una más que incómoda posición. Y recordó, además, la frase que había disparado desde el escenario montado sobre la avenida 9 de Julio el secretario general de los camioneros, Hugo Moyano, apenas 48 horas antes. El dirigente gremial había dicho que “ni ellos -por los integrantes del Gobierno- tienen confianza en sus políticas, porque si la tuvieran traerían todo el dinero que tienen afuera”.
Esa crítica replicada de ambos lados del Atlántico llamó la atención del consultor y analista político Gustavo Córdoba, que asegura que “Moyano encontró un eje discursivo sobre el que seguramente se montará la oposición si logra articular una alternativa competitiva frente a Cambiemos para el año próximo”.
Claramente Dujovne amplificó los problemas reales que hay en la calle y que el Gobierno -lógicamente- siempre intenta relativizar y poner en una perspectiva de un largo plazo promisorio. El ministro además lo hizo en un momento en el que la imagen de la gestión está en un punto bajo. Hubo un quiebre en el cierre de 2017 con respecto a la mirada que la población tenía sobre la marcha del país. Hasta las elecciones de octubre el clima y el humor acompañaban al Gobierno, pero después algo pasó. La sanción de la reforma previsional no fue gratis para la Casa Rosada. La falta de resultados en materia económica, tampoco. A eso se sumaron las denuncias sobre los fondos y las empresas offshore que alcanzaron a Dujovne, Luis Caputo -ministro de Finanzas- y Valentín Díaz Gilligan, que terminó renunciando a su cargo de subsecretario general de la Presidencia luego de que el diario El País de España informara sobre una cuenta suya de 1,2 millón de dólares no declarados en Andorra, un paraíso fiscal. Y, por último, se plegó la denuncia sobre el ministro de Trabajo Jorge Triaca y su empleada. El Presidente decidió sostenerlo en su cargo a cambio de una erosión importante.
En ese denso contexto, la UCR decidió organizar un encuentro de su conducción nacional para reclamarle al Gobierno -del que forma parte- mayores resultados y “que se deje de hacer goles en contra”. La capacidad tiempista de la UCR fue cuestionada por sus socios del Pro. Si algo no necesita el oficialismo es, en esta nube de dificultades y torpezas, dar señales de grietas internas que alienten mayores dudas a las que ya avivan buena parte del gabinete.