Guido Sandleris celebra, muy por lo bajo, la segunda semana de tranquilidad en el mercado cambiario que se dio en coincidencia con un retiro del Banco Central de la plaza. No hubo intervenciones y el dólar permaneció en calma. Es el programa de bandas que comenzó a aplicarse en el arranque del mes y que contrario a lo que se pensaba, que era un dólar presionando hacia arriba, la tendencia fue a la baja.
Dante Sica se agarra la cabeza. El ministro identificado con la actividad industrial y con buena relación con los gremios ve cómo hacen cola las empresas para protestar contra las tasas de interés que están impactando de lleno en la actividad económica. Es el remedio que aplicó con sobredosis el Banco Central para desalentar la presión de pesos sobre el dólar y atraerlos a otras opciones financieras. El apretón monetario del Central le está permitiendo ganar tiempo, aunque aún es prematuro para saber si las medidas acertaron contra el mal de fondo.
Tal como describió el último reporte de la consultora Management & Fit, esa política por lo pronto logró que el tipo de cambio mayorista cediera 9,7% y quedara en torno de los 37 pesos. El costo fue una suba de casi 8 puntos en la tasa de interés de referencia que se aplica sobre las nuevas y famosas Leliq. Pese a un contexto internacional volátil, el Central logró traer cierta estabilidad al mercado cambiario, aunque el partido recién comienza.
En ese contexto, la semana próxima, que será corta por el feriado del lunes, resultará “clave para testear el funcionamiento del plan ‘doble cero’, ya que el Indec dará a conocer el dato de inflación de septiembre (que rondaría el 6% o 7% mensual, según mediciones privadas) y habrá una nueva licitación de Lebacs (vencen $255.807 millones y se pretende seguir con el desarme del instrumento). Habrá que ver si el incentivo de tasas y la oferta de divisas que pueda haber en el mercado son suficientes para mantener al tipo de cambio flotando de forma relativamente suave, dentro de la zona de no intervención”, relata el estudio.
El Central apela no sólo a la tasa de interés, sino también a las divisas del Tesoro y, eventualmente, del agro, como para contener las presiones cambiarias y que, en un caso ideal, el tipo de cambio ceda lo suficiente como para tocar el piso de la zona de no intervención. Ello permitiría emitir dinero y aflojar el torniquete monetario, de forma tal de no golpear más sobre un debilitado nivel de actividad.
Sobre este punto clave giró en parte la reunión que mantuvieron empresarios pymes de Río Cuarto con funcionarios del área de Agroindustria, durante una jornada realizada en el Cecis. Muchos explicaron su preocupación por el contexto y el horizonte de corto y mediano plazo en el que creen que todos los que estén atados al mercado interno tendrán una pendiente pronunciada en su nivel de ventas. En particular, un elemento central de los planteos fue el del financiamiento, un factor clave para las pequeñas y medianas empresas. Por ahora ese es un capítulo que se pensaba con una solución de corto plazo, pero que demandará mayor paciencia y resistencia para las pymes. Mientras, las cadenas de pago se van estirando y los costos crecen.
La otra gran pregunta, ya planteada con anterioridad, es el margen social de la política restrictiva.
Pero el tema financiero no es la única preocupación de las empresas, que por supuesto advierten primero que nada la caída de ventas por efecto del derrumbe del mercado interno. En paralelo piden especial atención a las tarifas. Esta semana hubo dos discusiones en simultáneo con respecto a eso: una en el orden nacional y que se refirió al papelón que debió soportar el Gobierno con las 24 cuotas del gas para compensar a las petroleras por la devaluación; y el otro fue de orden provincial con el nuevo pedido de incremento de Epec, también usando el argumento de la brusca modificación del tipo de cambio.
La empresa provincial de energía aplicó 10 aumentos en igual cantidad de meses durante 2018, algunos de los cuales correspondieron a ajustes de períodos de 2017. Lo que será evaluado el 25 en audiencia pública es una suba extra del 5% para los residenciales a aplicar desde el mes próximo. En lo que va del año el incremento supera el 50%, muy por encima de la inflación. Eso que para los hogares es más presión sobre los bolsillos ya deshilachados, en las empresas resulta determinante para los costos productivos. Gas y electricidad son insumos básicos que para las que tienen producción con venta nacional configuran una mochila de plomo. Los que comercializan en el exterior tuvieron compensación en el alza del tipo de cambio, y allí están especialmente sectores de la agroindustria.
Por eso no extrañaron los datos aportados por la Unión Industrial de Córdoba esta semana en los que el 62,7% de las empresas afirmó que producía menos que un año atrás, mientras el 70% cree que su actividad será menor en los próximos cuatro meses. Las expectativas son claramente negativas. Y en eso no sólo juegan ya las variables económicas que no mejoran, sino también los enfrentamientos intestinos de un Gobierno que hizo públicas diferencias profundas esta semana; y que no fueron broma.
Tal como describió el último reporte de la consultora Management & Fit, esa política por lo pronto logró que el tipo de cambio mayorista cediera 9,7% y quedara en torno de los 37 pesos. El costo fue una suba de casi 8 puntos en la tasa de interés de referencia que se aplica sobre las nuevas y famosas Leliq. Pese a un contexto internacional volátil, el Central logró traer cierta estabilidad al mercado cambiario, aunque el partido recién comienza.
En ese contexto, la semana próxima, que será corta por el feriado del lunes, resultará “clave para testear el funcionamiento del plan ‘doble cero’, ya que el Indec dará a conocer el dato de inflación de septiembre (que rondaría el 6% o 7% mensual, según mediciones privadas) y habrá una nueva licitación de Lebacs (vencen $255.807 millones y se pretende seguir con el desarme del instrumento). Habrá que ver si el incentivo de tasas y la oferta de divisas que pueda haber en el mercado son suficientes para mantener al tipo de cambio flotando de forma relativamente suave, dentro de la zona de no intervención”, relata el estudio.
El Central apela no sólo a la tasa de interés, sino también a las divisas del Tesoro y, eventualmente, del agro, como para contener las presiones cambiarias y que, en un caso ideal, el tipo de cambio ceda lo suficiente como para tocar el piso de la zona de no intervención. Ello permitiría emitir dinero y aflojar el torniquete monetario, de forma tal de no golpear más sobre un debilitado nivel de actividad.
Sobre este punto clave giró en parte la reunión que mantuvieron empresarios pymes de Río Cuarto con funcionarios del área de Agroindustria, durante una jornada realizada en el Cecis. Muchos explicaron su preocupación por el contexto y el horizonte de corto y mediano plazo en el que creen que todos los que estén atados al mercado interno tendrán una pendiente pronunciada en su nivel de ventas. En particular, un elemento central de los planteos fue el del financiamiento, un factor clave para las pequeñas y medianas empresas. Por ahora ese es un capítulo que se pensaba con una solución de corto plazo, pero que demandará mayor paciencia y resistencia para las pymes. Mientras, las cadenas de pago se van estirando y los costos crecen.
La otra gran pregunta, ya planteada con anterioridad, es el margen social de la política restrictiva.
Pero el tema financiero no es la única preocupación de las empresas, que por supuesto advierten primero que nada la caída de ventas por efecto del derrumbe del mercado interno. En paralelo piden especial atención a las tarifas. Esta semana hubo dos discusiones en simultáneo con respecto a eso: una en el orden nacional y que se refirió al papelón que debió soportar el Gobierno con las 24 cuotas del gas para compensar a las petroleras por la devaluación; y el otro fue de orden provincial con el nuevo pedido de incremento de Epec, también usando el argumento de la brusca modificación del tipo de cambio.
La empresa provincial de energía aplicó 10 aumentos en igual cantidad de meses durante 2018, algunos de los cuales correspondieron a ajustes de períodos de 2017. Lo que será evaluado el 25 en audiencia pública es una suba extra del 5% para los residenciales a aplicar desde el mes próximo. En lo que va del año el incremento supera el 50%, muy por encima de la inflación. Eso que para los hogares es más presión sobre los bolsillos ya deshilachados, en las empresas resulta determinante para los costos productivos. Gas y electricidad son insumos básicos que para las que tienen producción con venta nacional configuran una mochila de plomo. Los que comercializan en el exterior tuvieron compensación en el alza del tipo de cambio, y allí están especialmente sectores de la agroindustria.
Por eso no extrañaron los datos aportados por la Unión Industrial de Córdoba esta semana en los que el 62,7% de las empresas afirmó que producía menos que un año atrás, mientras el 70% cree que su actividad será menor en los próximos cuatro meses. Las expectativas son claramente negativas. Y en eso no sólo juegan ya las variables económicas que no mejoran, sino también los enfrentamientos intestinos de un Gobierno que hizo públicas diferencias profundas esta semana; y que no fueron broma.

