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El trauma de los $ 30

Por Gonzalo Dal Bianco

No podía terminar peor el mes que cierra el trimestre y el semestre. Llegó el viernes negro -otro más- y con él un dólar que saltó otra vez hasta quedar al borde de una nueva frontera psicológica: la de los $ 30. En marzo había sido la de los $ 20, y a fines de mayo, la de los $ 25. La cotización del billete verde va rompiendo récords demasiado rápido y eso no sólo está generando dificultades en el sector financiero y en la economía real, también en un elemento clave: la confianza. El Gobierno abandonó hace varias semanas el terreno de la previsibilidad y comenzó a internarse en un camino empantanado. La incertidumbre empezó a ganar espacios y eso a su vez retroalimenta conductas que profundizan las dificultades. Ayer algunos analistas advertían que el mensaje del Presidente dejó de penetrar en determinadas capas que asimilaban sus palabras. Se volvieron refractarias. Por eso no es raro que la imagen de Mauricio Macri haya caído a mínimos históricos. Es que no sólo se percibe al momento actual como difícil, denso y complejo, sino que la expectativa para los próximos meses es igual o peor. Y contra eso no está pudiendo el Gobierno.

A esta altura de la gestión no tiene logros importantes para mostrar, no en términos de metas ya alcanzadas sino que ni siquiera puede decir con cierto grado de verosimilitud que avanza en el rumbo para llegar al destino prometido de bajar la pobreza (los indicadores oficiales que se conocen muestran que descendieron, pero son previos a la crisis cambiaria y al parate de la actividad económica) y aniquilar la inflación. De hecho, no habría que perder de vista que apenas dos meses atrás el ministro de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne, insistía en una meta del 15% para este año. Ya en aquel momento era poco probable de lograr, mucho menos ahora cuando la corrida cambiaria lleva ya 70 días y cerró una semana que dejó infinidad de interrogantes por delante. En ese período el tipo de cambio pasó de 21 a los 29,57 de ayer, lo que representa un 41% de devaluación. Eso está en pleno traslado a precios, aunque el efecto se espera que continúe.

No es gratis la persistente inflación en niveles récords. Es un síntoma de una economía enferma que no encuentra remedio. El Gobierno prometió que bajaría rápido esa fiebre porque según había anticipado se trataba de tener una administración ordenada. O equivocó el diagnóstico, o no supo ordenar lo que entendía como desordenado. La inflación subirá con respecto al año pasado y es probable que los precios de la economía se dupliquen en los primeros tres años de Macri, lo cual sería una marca destacada en la historia económica nacional.

En paralelo hay una actividad económica que se frenó. Las elevadas tasas fueron utilizadas para intentar contener al tipo de cambio, pero generaron secuelas secundarias. El financiamiento desapareció como opción, especialmente para las pymes y aparecieron lentamente problemas en las cadenas de pago. El ministro de la Producción, Dante Sica, que asoma como el de mayor contacto con la realidad, advirtió esta semana por la gran cantidad de cheques rechazados, con una cifra que alcanzaría los 30 mil millones de pesos. En mayo, el presidente de la Unión Industrial de Córdoba, Gerardo Seidel, ya había anticipado las dificultades que llegarían por ese camino y reclamó respuestas. Desde otro sector, el campo también se lo planteará ahora al Presidente cuando reciba a la Mesa de Enlace el martes al mediodía. Los representantes de la Sociedad Rural, Coninagro, CRA y Federación Agraria le plantearán una batería de temas, entre los que estará la discusión por la Ley de Semillas, las altas tasas que impactaron en segmentos importantes de la producción agropecuaria, y el fantasma de los cambios en retenciones. En este último punto, hay versiones que aseguran que podrían reinstalarse los derechos de exportación en trigo y maíz; mientras que otros advierten por la suspensión de la quita de retenciones a la soja. El argumento que alimenta los persistentes rumores no es otro que el déficit fiscal que enfrenta el Gobierno. En ese esquema, las soluciones no sólo se consiguen recortando gastos, sino recomponiendo ingresos. En la agenda de los dirigentes también está la situación de los productores porcinos, vacunos y avícolas. Los tres pasan momentos delicados por la escalada de los granos, en particular el maíz. Pero no quieren ni escuchar hablar de la opción de las retenciones para compensar ese desbalance.

El comercio también mira con preocupación el escenario. No sólo el actual, sino el venidero. Las ventas no reaccionan y más allá de que Sica haya anticipado medidas de reactivación y que proyecte extender Ahora 3, 6, 12 y 18, las expectativas van en la pendiente. Los números del consumo acumulan retrocesos todos los meses y las proyecciones inflacionarias y el impacto en el poder adquisitivo vaticinan que no será simple pensar en romper la tendencia. “Es más que probable que la economía haya encontrado su techo a fines del 2017 y ahora esté ingresando en la fase contractiva. De hecho, la estimación oficial del crecimiento tendencial venía desacelerándose, se frenó en diciembre y, desde entonces, muesta una caída. Ello marcaría al pasado diciembre como el pico de una expansión que se inició a mediados de 2016. Dada la sequía y la corrida cambiaria (y sus derivaciones), el cambio en el ciclo económico era algo que tarde o temprano iba a suceder”, destacó en su último informe económico la consultora Management & Fit. Ahora el desafío es definir cuándo la actividad dejerá de caer y encontrará el piso para empezar a rebotar. El Gobierno confía en que será en el último trimestre del año, lo que implica que este será un duro invierno y habrá que ver si en primavera llegan aquellos prometidos brotes verdes.