El presidente Mauricio Macri aseguró el jueves que lo peor ya pasó, en referencia al momento económico difícil, denso, que buena parte de la población viene atravesando. La afirmación del mandatario en su discurso de inauguración de sesiones en el Congreso estuvo orientada al pico inflacionario que vivió el país en 2016 cuando el crecimiento de la pobreza también se disparó frente a los registros de finales de 2015. Igual, la Argentina deambula desde entonces con un 30% de su población que no logra cubrir sus gastos familiares. Un verdadero escándalo, antes y ahora. También se podría apuntar en ese recuento de “lo peor” los tarifazos en los servicios de electricidad y gas y las pérdidas de fuentes laborales que especialmente durante aquel fatídico 2016 se replicaron con mayor fuerza. Aquel año los salarios perdieron por lejos frente a la inflación y eso arrastró al consumo que no detuvo su carrera descendente. Por el lado de las cuentas fiscales, el déficit continuó aunque con la novedad de que fue en parte cubierto por fuertes emisiones de deuda externa.
En 2017 el proceso inflacionario continuó, aunque a un ritmo menor, pero por encima de lo que esperaba el Gobierno. Los salarios lograron, en promedio, superar levemente la suba de precios aunque muy lejos de poder recuperar lo perdido un año antes. Las fuentes de empleo comenzaron a amortiguar y rebotaron en algunos segmentos como la construcción, que se puso en marcha y empezó a traccionar junto con el otro motor encendido: el del campo, que empujó en soledad en el primer tramo de gestión de Cambiemos.
Pero esa turbina ahora empezó a flaquear. Y no es menor. La sequía que se sigue expandiendo y profundizando en la zona más rica del país promete generar pérdidas millonarias en dólares. No sólo al productor, sino a todo su extenso ecosistema.
Cuando comenzó la campaña había una cuenta que en el departamento Río Cuarto se hacía con cierta facilidad: se habían implantado unas 500 mil hectáreas de maíz que con el rinde del año pasado podían alcanzar una producción tal que se iban a necesitar 124 mil camiones para transportar los granos. Una extensión equivalente a la autovía de la ruta 36 si se colocara un camión tras otro.
Esta semana el Inta Río Cuarto hizo un cálculo que sobre esa superficie, el 30% corresponde a maíz de primera con una pérdida que rondará entre el 10 y el 40 por ciento por la falta de agua; mientras que el 70% restante fue ocupado por maíces de segunda cuya afectación por sequía es mucho más amplia: entre el 50 y el 100% de los cultivos. ¿Tendrá el departamento una producción con un recorte del 50% con respecto a las estimaciones originales? Nadie se anima a redondear esa catástrofe pero es posible que finalmente los camiones que deban llevar los granos de maíz apenas lleguen a Almafuerte si se los colocara uno tras otro. Es decir que se perderían unos 62 mil fletes sólo de maíz en el departamento Río Cuarto, el mayor productor de ese cereal del país. ¿Hay posibilidades de revertir ese cuadro? Los especialistas aseguran que son casi nulas; más bien creen que si no llueve, todo podrá seguir peor. Y si bien se anticipan algunas probabilidades de precipitaciones para este fin de semana, el volumen de déficit es muy importante. Incluso hay estimaciones de que la Pampa Húmeda necesitaría al menos unos 100 milímetros para los próximos 15 días.
Si el balance se posiciona sobre la realidad de la campaña gruesa a nivel país, ya los cálculos hablan de un recorte de cosecha de unos 13,5 millones de toneladas entre soja y maíz, que representarían casi medio millón de viajes menos en camión.
Ese panorama sombrío no sólo inquieta a los productores, transportistas, cargadores, estaciones de servicio y demás integrantes de la cadena de granos, sino que también hay mucha preocupación en la agroindustria. La falta de granos puede ser un sinónimo de dificultades en sí mismo, pero también empujaría los precios de lo que se termine recolectando; y en eso hay algunos indicios ya en las pizarras que empezaron a apurar el paso. Con respecto al cierre del año pasado la soja tuvo un incremento en su cotización de 30 dólares por tonelada, al pasar de 350 dólares a los actuales 380 dólares. Por su parte, el maíz se incrementó de unos 135 dólares a 145 dólares.
“Va a ser un año para transitar pensando en perder lo menos posible, en tratar de superar la tormenta. Va a ser muy difícil para quienes utilizan materia prima del campo en procesos industriales”, confió un empresario riocuartense.
Está claro que el campo no empujará este año y que será necesario encender más fuerte otros motores o poner en marcha alguno nuevo. ¿Podrá ser el consumo el que se reactive? Al menos es difícil imaginar que logre compensar el menor empuje del agro.
De hecho esta semana una de las noticias del comercio local fue la seguidilla de cierres que se observaron en locales del centro. Hay un alerta porque algunos creen que pueden ser en realidad la punta de un iceberg. Y entre las razones muestran una escalada de costos que no tiene un correlato con los ingresos. La ecuación en muchos casos se desequilibra y las persianas terminan bajas.
En la resolución de las paritarias y el avance de la inflación finalmente se terminará de definir buena parte de la suerte del consumo este año.
Lo cierto es que posiblemente 2018 sea mejor que 2016, el primer año de Macri. Pero sin dudas que el impacto de la sequía, una de las peores de las últimas décadas, no será menor para la actividad económica de las principales regiones productivas ni tampoco para las cuentas nacionales. Eso al menos pone en dudas que la comparación con 2017 sea positiva.
Allí habría que agregar además que la balanza comercial se proyectaba con unos 10 mil millones de dólares de déficit para este año. Si los ingresos del agro se recortan fuerte, eso podría ampliarse. En ese plano, sólo Brasil y su recuperación parece ofrecer buenas noticias, que no son menores por la importancia de ese mercado para la Argentina.
Pero esa turbina ahora empezó a flaquear. Y no es menor. La sequía que se sigue expandiendo y profundizando en la zona más rica del país promete generar pérdidas millonarias en dólares. No sólo al productor, sino a todo su extenso ecosistema.
Cuando comenzó la campaña había una cuenta que en el departamento Río Cuarto se hacía con cierta facilidad: se habían implantado unas 500 mil hectáreas de maíz que con el rinde del año pasado podían alcanzar una producción tal que se iban a necesitar 124 mil camiones para transportar los granos. Una extensión equivalente a la autovía de la ruta 36 si se colocara un camión tras otro.
Esta semana el Inta Río Cuarto hizo un cálculo que sobre esa superficie, el 30% corresponde a maíz de primera con una pérdida que rondará entre el 10 y el 40 por ciento por la falta de agua; mientras que el 70% restante fue ocupado por maíces de segunda cuya afectación por sequía es mucho más amplia: entre el 50 y el 100% de los cultivos. ¿Tendrá el departamento una producción con un recorte del 50% con respecto a las estimaciones originales? Nadie se anima a redondear esa catástrofe pero es posible que finalmente los camiones que deban llevar los granos de maíz apenas lleguen a Almafuerte si se los colocara uno tras otro. Es decir que se perderían unos 62 mil fletes sólo de maíz en el departamento Río Cuarto, el mayor productor de ese cereal del país. ¿Hay posibilidades de revertir ese cuadro? Los especialistas aseguran que son casi nulas; más bien creen que si no llueve, todo podrá seguir peor. Y si bien se anticipan algunas probabilidades de precipitaciones para este fin de semana, el volumen de déficit es muy importante. Incluso hay estimaciones de que la Pampa Húmeda necesitaría al menos unos 100 milímetros para los próximos 15 días.
Si el balance se posiciona sobre la realidad de la campaña gruesa a nivel país, ya los cálculos hablan de un recorte de cosecha de unos 13,5 millones de toneladas entre soja y maíz, que representarían casi medio millón de viajes menos en camión.
Ese panorama sombrío no sólo inquieta a los productores, transportistas, cargadores, estaciones de servicio y demás integrantes de la cadena de granos, sino que también hay mucha preocupación en la agroindustria. La falta de granos puede ser un sinónimo de dificultades en sí mismo, pero también empujaría los precios de lo que se termine recolectando; y en eso hay algunos indicios ya en las pizarras que empezaron a apurar el paso. Con respecto al cierre del año pasado la soja tuvo un incremento en su cotización de 30 dólares por tonelada, al pasar de 350 dólares a los actuales 380 dólares. Por su parte, el maíz se incrementó de unos 135 dólares a 145 dólares.
“Va a ser un año para transitar pensando en perder lo menos posible, en tratar de superar la tormenta. Va a ser muy difícil para quienes utilizan materia prima del campo en procesos industriales”, confió un empresario riocuartense.
Está claro que el campo no empujará este año y que será necesario encender más fuerte otros motores o poner en marcha alguno nuevo. ¿Podrá ser el consumo el que se reactive? Al menos es difícil imaginar que logre compensar el menor empuje del agro.
De hecho esta semana una de las noticias del comercio local fue la seguidilla de cierres que se observaron en locales del centro. Hay un alerta porque algunos creen que pueden ser en realidad la punta de un iceberg. Y entre las razones muestran una escalada de costos que no tiene un correlato con los ingresos. La ecuación en muchos casos se desequilibra y las persianas terminan bajas.
En la resolución de las paritarias y el avance de la inflación finalmente se terminará de definir buena parte de la suerte del consumo este año.
Lo cierto es que posiblemente 2018 sea mejor que 2016, el primer año de Macri. Pero sin dudas que el impacto de la sequía, una de las peores de las últimas décadas, no será menor para la actividad económica de las principales regiones productivas ni tampoco para las cuentas nacionales. Eso al menos pone en dudas que la comparación con 2017 sea positiva.
Allí habría que agregar además que la balanza comercial se proyectaba con unos 10 mil millones de dólares de déficit para este año. Si los ingresos del agro se recortan fuerte, eso podría ampliarse. En ese plano, sólo Brasil y su recuperación parece ofrecer buenas noticias, que no son menores por la importancia de ese mercado para la Argentina.

