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Optimismo que comienza a preocupar

En el cierre de una de las peores semanas de la gestión de Mauricio Macri, por la fuerte turbulencia que llegó desde el mercado cambiario que obligó a fuertes intervenciones del Banco Central, el ministro de Hacienda de la Nación, Nicolás Dujovne, volvió a relativizar las noticias económicas negativas que acumuló en apenas cinco días. Las reservas internacionales perdieron más de US$ 4.300 millones por la persistente demanda de dólares, que fue favorecida por una poco feliz coincidencia de factores internos y externos.

Curiosamente, ante un escenario de aceleración inflacionaria en Estados Unidos, el rendimiento de los bonos superó, por primera vez desde el año 2014, el 3%. Eso fortaleció el dólar en el mercado mundial y generó devaluaciones en muchos países. Un llamado de atención adicional para la política económica nacional es que el endeudamiento externo comienza a ser cada vez más caro y la posibilidad de financiarse tomando préstamos internacionales es menos ventajosa que en todo este tramo de la gestión Macri, que gozó de tasas internacionales muy bajas.

Puertas adentro, las razones de la estampida y la necesaria intervención de un Banco Central que se declaró siempre observador del mercado cambiario con Federico Sturzenegger a la cabeza son varias. En primer lugar, lo que ocurrió el día de los inocentes. En aquel momento, cuando un ala del Gobierno obligó al presidente del Banco Central a sentarse a la mesa de los funcionarios económicos para dar una conferencia de prensa y anunciar el recálculo de las metas de inflación, pareció que algo se quebró. El Gobierno, que había llegado, entre otras cosas, prometiendo contrastes importantes con respecto a la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, a poco de cumplir su segundo año de gestión deterioraba la inmaculada independencia de la entidad monetaria, algo que reclamó cuando sus funcionarios fueron oposición en los años de Alejandro Vanoli. Muchos sostienen que aquello fue mérito del jefe de Gabinete, Marcos Peña.

No sólo se decidió en aquel momento cambiar los objetivos inflacionarios para este año, que se acomodaron en el 15%, sino que también se relajaron las tasas de interés para permitir la reactivación de la actividad económica, que mostraba en el cierre del año ciertos rasgos de fatiga.

Pero priorizar actividad y subestimar la inflación fue un claro error. El escenario todavía no permitía ese cambio. De hecho, diciembre terminó con niveles inflacionarios superiores al 3% y eso fue el comienzo de una serie de indicadores altos en los precios que se trasladaron a todo el primer trimestre de este año. Enero llegó con el 1,8%, febrero sumó 2,4% y marzo,  2,3%. Abril no traería mejores datos, especialmente por el impacto de las tarifas y de los combustibles. Así, el cuatrimestre cerraría alrededor del 9 por ciento. Es el talón de Aquiles de la gestión que comenzó en diciembre de 2015 diciendo que ese sería un tema menor, de fácil resolución, y que en poco tiempo quedaría en el pasado. Casi 29 meses después, nada de eso ocurrió. El jueves a la noche, en una entrevista televisiva, el presidente Mauricio Macri admitió que a esta altura pensaba que el tema de los precios iba a estar resuelto. Fue un reconocimiento, y tal vez un tirón de orejas para los que están a cargo de poner en marcha políticas para pinchar la inflación. Si fue esto último, el optimista ministro Dujovne nunca lo registró. Ayer volvió a insistir en que “nadie duda de que la inflación está bajando”, antes de pedir que nadie se ponga nervioso por los movimientos del mercado cambiario.

Llegó tarde Dujovne. Los nervios fueron evidentes en la semana. La realidad volvió a serle esquiva a los dichos del ministro de Hacienda. Pero además, hoy está más en duda que nunca que la inflación vaya desacelerando. El relato parece haber sobrevivido dentro de algunos despachos de la Rosada.

En medio de esas declaraciones, el que salió con la autobomba a apagar el incendio fue el cuestionado Sturzenegger, que al parecer tiene más enemigos dentro de los pasillos de Balcarce 50 que afuera. Con la credibilidad dañada, intentó en la semana salir a inundar la plaza de dólares para contener la demanda. Comenzó entre lunes y martes ofreciendo unos 600 millones que encendieron alarmas. Pero después llegó el fatídico miércoles, con 1.471 millones y luego el jueves con otros 853 millones. El cierre de la semana fue con otros 1.382 millones para redondear una colocación de 4.300 millones de dólares que de todos modos no pudieron evitar el alza de la moneda norteamericana, que cerró la semana en $ 20,88.

El accionar de la autobomba dejó un par de conclusiones: el mercado solo no puede determinar una variable sensible como el dólar en la Argentina, que cíclicamente padece de minicrisis reiteradas. El principio rector que parecía tener la gestión de Sturzenegger, de no intervenir y dejar libre flotación, caducó. Por otro lado, el viernes llegó también el plan B, en la antesala de un largo fin de semana que vendrá como anillo al dedo para recalibrar estrategias e insuflar oxígeno: la fuerte suba de las tasas con la que se buscó quitar presión al dólar. Eso deja en claro que la prioridad del Gobierno no está en reactivar la economía sino en contener la inflación, el mal que Dujovne asegura que se está yendo.

La tercera y consagratoria frase del ministro en el cierre de la semana pareció un homenaje al recordado Axel Kicillof porque aseguró que la suba del dólar no se trasladará a precios. Lo mismo había dicho su colega en el tramo final de enero de 2014; o incluso su antecesor Alfonso Prat Gay ni bien se produjo la devaluación en el arranque del Gobierno. En 2014 y 2016 los niveles inflacionarios alcanzaron el 40%. Si se toman las puntas del 1 de diciembre y la jornada de ayer, el billete norteamericano pasó de 17,55 pesos a 20,88, mostrando un alza de 3,33 pesos, lo que equivale al 19% en casi cinco meses. No habría que descartar que las petroleras estén analizando la situación cambiaria y sumando lo que ocurre en el mundo con el barril de Brent para corregir una vez más los surtidores.

La apuesta del Gobierno, con la que comenzó la semana, fue que desde el mes próximo la inflación bajaría fuerte porque ya no habrá tarifas ni combustibles al alza. Eso también está por verse tras la semana convulsionada.