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Piso 45 y subiendo

La inflación de 2018 sería la mayor desde 1991 si, como anticipan muchas consultoras, termina perforando el 47% anual. Con el dato de octubre quedó a un paso del 40%. El Gobierno intenta inyectar dinero con el bono y adelantos del aguinaldo.  Por Gonzalo Dal Bianco

La inflación del último bimestre sumó un 12% y se ubicó cerca de lo que el Gobierno esperaba a comienzos de 2018 para los 12 meses. Tal fue la magnitud de la distancia entre las expectativas y lo que realmente ocurrió este año, plagado de dificultades económicas y que ingresa en su tramo final con alta velocidad en los precios y un derrumbe significativo en los niveles de actividad: un escenario de terror.

De todos modos, en el Gobierno alientan las expectativas de que la crisis cambiaria va quedando atrás, su impacto sobre precios irá cediendo y la caída de la economía encontrará el piso en la próxima cosecha gruesa, allá por abril o mayo. Eso implicaría un tránsito de seis meses para encontrar un rebote y algo de oxígeno.

Lo cierto es que mientras tanto el avance de precios sigue limando ingresos y empujando a sectores medios bajos de la sociedad por debajo de la línea de la pobreza. Los ingresos de los trabajadores avanzaron este año mucho más lento que las cifras de las góndolas. El Gobierno intentó entre la semana pasada y ésta mejorar el clima y la percepción de esa realidad con el lanzamiento del bono, que nació malogrado. Primero tuvo que negociar mucho con los sectores empresarios y finalmente terminó publicando un decreto lavado sobre la obligatoriedad de pagar ese plus. Sí cambió la decisión de que sólo sea el sector privado el que tenga que afrontar ese adicional porque también el Gobierno lo pagará, lo que sumó presión a las provincias y municipios.

Sin embargo, el éxito del bono será muy limitado, ya que el decreto deja abierta la posibilidad de que aquellos que tengan actividad productiva en baja puedan negociar más de dos cuotas y hasta que se pueda tomar a cuenta de futuros aumentos. Está de más recordar que casi todas las actividades están a la baja y si es a cuenta, será un adelanto y no un plus. A eso se agregó la decisión de adelantar incluso el aguinaldo a los estatales nacionales. El Gobierno intenta así sumar ingresos para morigerar la caída del consumo, aunque el verdadero factor de ese derrumbe sea la vertiginosa suba de precios.

Más allá del bono o los adelantos, la inflación sigue siendo el talón de Aquiles de la gestión de Mauricio Macri, que en tres años acumulará más de 110% de incremento en los precios.

Pero en lo que va del año esto tiene su agravante: el capítulo de alimentos es uno de los que más subieron. Y es, como se sabe, el de más impacto en los sectores más vulnerables porque son los que destinan mayor porción de sus ingresos a ese rubro. No tienen para ellos demasiada incidencia otros gastos como “esparcimiento”, que muestran alzas menos relevantes.

Lo cierto es que en los primeros 10 meses del año la inflación alcanzó el 39,5% y el piso anual sería del 45%, aunque será difícil que no supere ese margen. Por eso, muchas consultoras creen que se ubicará por encima del 47%, lo que la dejaría como la segunda más alta desde 1991.

Noviembre, si bien seguiría mostrando una desaceleración, comenzó con un arrastre o una inercia importante del mes pasado, que sumó 5,4%. Y diciembre es un mes siempre caliente para los precios, aunque a esta altura queda poco con temperatura en la economía nacional y habrá que ver si este último mes del año es la excepción. Sin dudas que la caída en la actividad económica está poniendo una valla de contención sobre los precios. El retroceso en las ventas opera como un factor decisivo para frenar mayores subas. Eso explica la enorme brecha que hay entre los índices de precios mayoristas y los minoristas. No hay un traslado directo de los incrementos de costos para intentar sostener ventas. Eso -claro- recorta rentabilidad en muchos eslabones que empiezan a mostrar señales de asfixia.

La consultora Management & Fit destacó en su análisis sobre la inflación que a diferencia de lo que ocurrió el mes previo, cuando la depreciación empujó las remarcaciones, en octubre fueron los precios regulados y no los “libres” los de mayor aumento (+7,4% contra +4,5% mensual). La suba en la factura de gas y el aumento otorgado a los encargados de edificio explican gran parte de la suba del rubro Vivienda (+8,8%). En tanto, los incrementos en el transporte público y el ajuste de los combustibles incidieron sobre Transporte (+7,6%). Un escalón por debajo se ubicaron los rubros Alimentos y Bebidas (+5,9%, en buena medida por el arrastre de septiembre), Salud (+5,5%, por el aumento de las prepagas y medicamentos) e Indumentaria (+5%).

“La inflación cedería un poco a corto plazo. Estimaciones privadas de alta frecuencia reflejan que noviembre vendría mejor que lo anticipado. La estabilidad cambiaria, la baja de combustibles y la recesión serían factores importantes para moderar la inflación a un rango de 2-3% mensual. Anticipar diciembre resulta algo más complicado, pero si no hay ‘sorpresas’ por el lado cambiario y, efectivamente, noviembre termina en buena nota, el aumento de los precios minoristas debería estar en el mismo rango. Lógicamente, el precio de los bienes y servicios estacionales tomarán un poco más de envión, mientras que los regulados dependerán de las decisiones del gobierno”, destacó el informe, según el cual el último cuatrimestre sumaría entre 17% y 18% de inflación.



Gonzalo Dal Bianco.  Redacción Puntal