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Un dolor que prometen para todos y todas

Por Gonzalo Dal Bianco
Nicolás Dujovne debutó como cabeza del equipo económico nacional a comienzos de semana y rápidamente tomó la lapicera roja, convocó a los demás ministros del área y ordenó empezar a recortar gastos por todos los lugares posibles. El hombre que negocia con el Fondo Monetario Internacional quiere llegar a las próximas reuniones con Christine Lagarde con algunos deberes hechos. Pero el recorte del gasto no aparece como una tarea sencilla teniendo en cuenta que casi el 73% corresponde a prestaciones sociales y salarios del Estado. Hay un 9% de subsidios energéticos y de transporte; un 8,7% de gastos de capital (obras que serán fuertemente afectadas por el recorte), 3,8% para provincias y otra cifra similar para universidades.

Por eso para alcanzar los objetivos del déficit fiscal, que pretende ser del 2,5% y no ya del 3,2% del PBI como se había proyectado, ni del 2,7% como se recalibró en medio de la turbulencia, el ministro de Hacienda habría puesto en consideración también el platillo de los ingresos fiscales. Allí, claramente faltan los millones de dólares que debía aportar el campo si la campaña gruesa hubiese sido más o menos normal. Pero la sequía primero y el temporal gris y lluvioso de abril limaron los rindes.

Sin embargo, esta semana Dujovne y el campo saltaron al centro de la escena por los trascendidos de que la cartera económica preparaba modificaciones en las retenciones a los granos. No sólo se referiría a la suspensión de la quita mensual que se aplica desde comienzos de año a la soja, sino que se baraja también la posibilidad de que se vuelvan a implementar en trigo y maíz, algo que el Gobierno destacó siempre como una promesa cumplida cuando llegó a la gestión y las quitó inmediatamente. Los cambios en los derechos de exportación que aplicó la gestión Macri generaron un crecimiento de las gramíneas en las áreas sembradas que además aportó a la sustentabilidad del sistema, amenazado por la enorme expansión de la soja durante la década anterior. El yuyito fue el gran ganador, de la mano de su cotización y la ecuación económica que cerraba tanto a productores como al propio Estado que sumaba ingresos excepcionales de la mano de los derechos de exportación.

Por eso a la turbulencia cambiaria le siguió esta semana el ruido en la relación con un socio clave del Gobierno: el campo. En realidad la Casa Rosada está ante una encrucijada propia de la escasez: tiene que elegir a quienes les hará pagar el mayor costo del ajuste que comenzó a aplicar, sin dudas como preparativo para el acuerdo con el FMI. Hasta aquí claramente están los segmentos de los asalariados que ya comenzaron a aportar de manera significativa al acordar en muchas paritarias aumentos del 15% que desde comienzos de año se sabía que implicaría una pérdida de poder adquisitivo. El Gobierno insistió en esa cifra como una forma de moderar expectativas inflacionarias y como intento por anclar los precios. Pero cuanto más lejos se ubicara ese porcentaje de la inflación anual, mayor sería el impacto sobre el consumo, uno de los motores de la economía. Sin embargo, la decisión se sostuvo al menos hasta el 23 de abril en que todo comenzó a moverse. Ahora aquellos acuerdos seguramente buscarán ser reabiertos y entonces el Gobierno tendrá ruido adicional a futuro. Será un año de dos paritarias para muchos sindicatos que no firmaron con el seguro de la cláusula gatillo. Incluso para los que tomaron ese recaudo, como los estatales cordobeses, también puede haber problemas: es que así como Uepc y SEP, por ejemplo, incluyeron la cláusula, el gobierno de Juan Schiaretti también incorporó a las actas una propia que establece que se cumplirá con esa actualización siempre y cuando la recaudación se sostenga o crezca. Ya hay preocupación con este último punto. En el Municipio de Río Cuarto admiten que las partidas por coparticipación vienen en baja, de manera notoria. Es el efecto cascada de una parálisis que se dio entre la última semana de abril y este jueves. “Hay mucha precaución”, explican los empresarios como una forma de decir que las decisiones esperarán “hasta que aclare”. Y el horizonte no ofrece luces por ahora.

El sector agropecuario de pronto se puso en guardia. En el arranque de la campaña fina, con un viento a favor dado por las reservas de agua en los perfiles tras las lluvias de otoño y los precios que siguen en alza, el trascendido sobre las retenciones impactó de lleno. Y más allá de que llegaron desmentidas por parte del Gobierno, ninguna fue contundente. Y ayer hubo dos declaraciones que alimentan las sospechas. Primero fue el devaluado Marcos Peña el que señaló que las retenciones no están en agenda, aunque al mismo tiempo remarcó que “se puede debatir”. Por las dudas no cerró del todo la puerta. Y después se conocieron declaraciones de Dujovne, el hombre que tendría la carpeta de los cambios en su cajón, para decir que “a todos nos va a doler un poco el ajuste en las cuentas públicas”. ¿Un mensaje para el campo en medio del debate por los derechos a la exportación? Seguramente.

Hay sectores que ya sienten desde hace tiempo que les viene doliendo. No estaría destinado a ellos justamente la definición de Dujovne en la semana de la Revolución de Mayo. Hay un tercio de argentinos debajo de la línea de la pobreza y desde hace algunas semanas su situación seguramente se degradó. En el Municipio local también admiten que hay una decisión de revisar todos los gastos para tratar de amortiguar lo que ven como un crecimiento de la demanda social. Hay una economía informal que es la primera que recibe el golpe, porque en momentos de turbulencia desaparecen enseguida las changas de la calle. Y en esos segmentos se juegan a todo o nada, diariamente.

Hubo como reacción de los rumores mensajes contundentes del agro. Incluso algunas advertencias que si se avanzaba con la medida de las retenciones el campo podría pasar de ser un aliado a integrar las filas de la oposición. Suena a exageración la definición ante una situación atada con alambres. Pero además, las convicciones de la dirigencia agropecuaria sobre las conveniencias de respaldar a la actual gestión nacional se esfumarían con el solo hecho de una medida antipática para el sector que le implicaría un costo económico aún no especificado y que es probable que el Gobierno busque aplicar si sigue acorralado en la escasez. Pese a seguir deteriorando relaciones aliadas.