Un triunfo aplastante logró el rector Roberto Rovere en su misión reeleccionista. Y lo fue por varias razones. En primer lugar porque con tres listas en disputa es muy complejo ganar en primera vuelta en la Universidad y resolver la contienda de una sola vez. Y más allá del capricho de unas centésimas que le faltaron para ajustarse a lo que pide el estatuto, la elección está resuelta. Y lo estuvo desde temprano en la tarde del jueves. A las 19 y más allá de que faltaba cargar las mesas estudiantiles, las urnas docentes ya habían marcado una tendencia contundente. Sólo restaba averiguar dos cosas: si habría ganador en primera vuelta y quién sería el segundo entre Rubén Davicino y Javier Salminis, que hasta ese momento no se sacaban ventajas.
Un dato de lo que dejó de allí para adelante el recuento: los estudiantes respaldaron más a Davicino que a Salminis y eso definió quién podía aspirar al balotaje con Rovere.
Pero además de quedar con el 49,82 por ciento de los votos, Rovere sacó una ventaja abrumadora. Ni sumando los porcentajes de los otros dos competidores alcanzaban la línea del rector. Fueron más de 25 puntos porcentuales los que sacó de ventaja, constituyendo una marca histórica para la Universidad. Por eso imaginar un balotaje sería un despropósito. Y lo sería incluso en una elección en la que las listas opositoras tuvieran posibilidades de concentrar sus votos en esa instancia. Y ese tampoco es el caso.
Pero además de las cifras generales, al interior también hay buenos detalles de la elección.
En primer término, Rovere ganó en las cinco facultades y en todos los claustros. Pero a su vez, en algunos de ellos ganó en todas las facultades. Para aclarar: si se toma el total de docentes, graduados, no docentes y estudiantes universitarios, el oficialismo ganó con claridad. A su vez, en cada facultad, sumando los cuatro claustros, también lo hizo.
Por último, al analizar al interior de cada facultad, Rovere ganó en docentes y no docentes de las cinco unidades académicas. Perdió solamente en graduados de Económicas con Davicino y en estudiantes en Agronomía y Veterinaria e Ingeniería también contra Davicino; y en Exactas contra Salminis. Sin embargo, al ganar alumnos de Humanas con mucho margen e imponerse también en Económicas, terminó con un triunfo general de estudiantes con el 9,22% de los votos ponderados frente al 8,50% de Davicino. Este último logró un sorprendente respaldo de alumnos y ese fue otro dato distintivo de las elecciones, con lecturas varias por hacer. Rápidamente hay que remontarse a fines de agosto y comienzos de septiembre, con la extensa toma de 9 días en el campus, iniciada por los estudiantes pero con respaldo agregado. A los tres días el frente estudiantil se quebró y quienes quedaron en la protesta sufrieron un impacto incalculable en ese momento.
La Federación Universitaria, liderada por el Espacio Independiente, la agrupación estudiantil que dominó a su antojo al estudiantado durante 15 años, fue la cabeza visible de esa protesta por financiamiento del sistema universitario y defensa de la institución.
Davicino y un grupo de docentes fueron protagonistas de las asambleas paralelas que armaron los estudiantes -muchos identificados con Dinámica Estudiantil- que rompieron con la protesta y comenzaron a sesionar en la Plaza Roca para que se abrieran nuevamente las puertas del campus y se normalice el ingreso. Allí nació un vínculo que terminó con el respaldo en las urnas. Pero en noviembre, durante la votación de la Federación Universitaria, se dio la primera secuela de aquella toma: el Espacio Independiente perdió la Furc en manos de Dinámica Estudiantil, una agrupación de alumnos que nació bajo propuestas de excelencia académica y en contra de paros docentes y politización de la Universidad.
Dentro del campus, también había docentes que respaldaban la toma y allí había muchos que acompañaron a Salminis en la contienda electoral. El gremio de los docentes, de donde surgió la estructura política del ruicismo que alcanzó la conducción del Rectorado en 2011, no convocó a la toma, pero acompañó la decisión de los estudiantes. En el medio, el Rectorado, con Rovere, intentó dar algunas respuestas aunque en aquellos 9 largos días de protesta transitó sobre un gris que muchos creían que podía impactarle políticamente en las urnas. Pero a partir de allí ajustó su estrategia, organizó su estructura y lanzó su reelección.
La gran incógnita eran los estudiantes, después del proceso que vivió la Federación, con cambio de manos después de tantos años, y especialmente el nuevo estilo en esa conducción. Y el enorme interrogante surgió por la implosión del Espacio Independiente, que demostró lo relevante que suele ser el poder, incluso en una organización estudiantil, para estructurar políticamente. La derrota de noviembre motivó una diáspora que parece difícil de rearmar. Pero además, quien ahora conduce lo hace con un estilo que impide predecir comportamientos por pertenencia. En ese nuevo orden desordenado, el oficialismo logró retener el poder y lo hizo de manera contundente, que no es poco. Y tal vez haya que buscar indicios en una frase que un ex vicerrector lanzó en el búnker del oficialismo: “La gente no quiso ni dar un salto al vacío ni para atrás, y reconoció a una conducción previsible”.
Pero además de quedar con el 49,82 por ciento de los votos, Rovere sacó una ventaja abrumadora. Ni sumando los porcentajes de los otros dos competidores alcanzaban la línea del rector. Fueron más de 25 puntos porcentuales los que sacó de ventaja, constituyendo una marca histórica para la Universidad. Por eso imaginar un balotaje sería un despropósito. Y lo sería incluso en una elección en la que las listas opositoras tuvieran posibilidades de concentrar sus votos en esa instancia. Y ese tampoco es el caso.
Pero además de las cifras generales, al interior también hay buenos detalles de la elección.
En primer término, Rovere ganó en las cinco facultades y en todos los claustros. Pero a su vez, en algunos de ellos ganó en todas las facultades. Para aclarar: si se toma el total de docentes, graduados, no docentes y estudiantes universitarios, el oficialismo ganó con claridad. A su vez, en cada facultad, sumando los cuatro claustros, también lo hizo.
Por último, al analizar al interior de cada facultad, Rovere ganó en docentes y no docentes de las cinco unidades académicas. Perdió solamente en graduados de Económicas con Davicino y en estudiantes en Agronomía y Veterinaria e Ingeniería también contra Davicino; y en Exactas contra Salminis. Sin embargo, al ganar alumnos de Humanas con mucho margen e imponerse también en Económicas, terminó con un triunfo general de estudiantes con el 9,22% de los votos ponderados frente al 8,50% de Davicino. Este último logró un sorprendente respaldo de alumnos y ese fue otro dato distintivo de las elecciones, con lecturas varias por hacer. Rápidamente hay que remontarse a fines de agosto y comienzos de septiembre, con la extensa toma de 9 días en el campus, iniciada por los estudiantes pero con respaldo agregado. A los tres días el frente estudiantil se quebró y quienes quedaron en la protesta sufrieron un impacto incalculable en ese momento.
La Federación Universitaria, liderada por el Espacio Independiente, la agrupación estudiantil que dominó a su antojo al estudiantado durante 15 años, fue la cabeza visible de esa protesta por financiamiento del sistema universitario y defensa de la institución.
Davicino y un grupo de docentes fueron protagonistas de las asambleas paralelas que armaron los estudiantes -muchos identificados con Dinámica Estudiantil- que rompieron con la protesta y comenzaron a sesionar en la Plaza Roca para que se abrieran nuevamente las puertas del campus y se normalice el ingreso. Allí nació un vínculo que terminó con el respaldo en las urnas. Pero en noviembre, durante la votación de la Federación Universitaria, se dio la primera secuela de aquella toma: el Espacio Independiente perdió la Furc en manos de Dinámica Estudiantil, una agrupación de alumnos que nació bajo propuestas de excelencia académica y en contra de paros docentes y politización de la Universidad.
Dentro del campus, también había docentes que respaldaban la toma y allí había muchos que acompañaron a Salminis en la contienda electoral. El gremio de los docentes, de donde surgió la estructura política del ruicismo que alcanzó la conducción del Rectorado en 2011, no convocó a la toma, pero acompañó la decisión de los estudiantes. En el medio, el Rectorado, con Rovere, intentó dar algunas respuestas aunque en aquellos 9 largos días de protesta transitó sobre un gris que muchos creían que podía impactarle políticamente en las urnas. Pero a partir de allí ajustó su estrategia, organizó su estructura y lanzó su reelección.
La gran incógnita eran los estudiantes, después del proceso que vivió la Federación, con cambio de manos después de tantos años, y especialmente el nuevo estilo en esa conducción. Y el enorme interrogante surgió por la implosión del Espacio Independiente, que demostró lo relevante que suele ser el poder, incluso en una organización estudiantil, para estructurar políticamente. La derrota de noviembre motivó una diáspora que parece difícil de rearmar. Pero además, quien ahora conduce lo hace con un estilo que impide predecir comportamientos por pertenencia. En ese nuevo orden desordenado, el oficialismo logró retener el poder y lo hizo de manera contundente, que no es poco. Y tal vez haya que buscar indicios en una frase que un ex vicerrector lanzó en el búnker del oficialismo: “La gente no quiso ni dar un salto al vacío ni para atrás, y reconoció a una conducción previsible”.

