Llaryora aspira a que el 2026 sea un año en que la gestión se exprese, los resultados se vean. Por eso encaró una serie de decisiones polémicas, como las movidas en la Justicia y la reforma jubilatoria, durante el último tramo del año pasado: para encapsular los conflictos en ese período y concentrar en él los posibles efectos.
El esquema político del gobernador tiene dos planos: el interno y el externo. Hacia adentro de la provincia apunta a enfocarse, como lo ha venido haciendo históricamente Hacemos por Córdoba, en las obras de infraestructura. En Río Cuarto, por ejemplo, el oficialismo confía en la potencia electoral que puede tener la Circunvalación.
Desde su génesis, el peronismo cordobés apostó por las obras como fundamento de gestión y como instrumento de campaña. Lo hicieron De la Sota y Schiaretti. Aunque esta vez el escenario político nacional introduce una incógnita: el oficialismo encara megaproyectos de infraestructura, pero no está seguro de que sea suficiente como argumento electoral. El cambio del sistema político parece ser tan profundo que nadie alcanza a evaluar cabalmente qué sigue dando resultado y qué no.
El segundo plano para el oficialismo provincial es, precisamente, el país, ese territorio en el que predomina desde 2023, pero fundamentalmente desde 2025, un fenómeno político atípico como es el mileísmo. Y en ese punto, lo importante para Llaryora en términos electorales, lo que podría influir para que los cordobeses voten en uno u otro sentido en 2027, no es lo que el gobernador pueda hacer sino dónde ubicarse. Ya probó con la confrontación directa y no le fue bien, ni a él ni a Provincias Unidas, pero tampoco puede convertirse en un mileísta tardío porque implicaría inmediatamente atentar contra su propia construcción de identidad.
La reforma laboral será una instancia clave. No sólo para la configuración del modelo que pregona Milei sino para que las demás fuerzas políticas adopten una postura y, fundamentalmente, para que definan dónde están parados.
En los últimos días, Juan Schiaretti anunció que asumirá en febrero su banca de diputado nacional. Ni bien lo posteó en las redes, hubo especulaciones y lecturas: en Córdoba se entendió como el acto por el cual el exgobernador, más que ponerle fecha a su demorado desembarco en el Congreso, daba un mensaje interno de que el peronismo provincial todavía tiene otro líder, a pesar del avance que protagonizó Llaryora desde la elección de octubre.
En el schiarettismo, más allá de que las tensiones existen, le quitan peso a esa interpretación. Aseguran que la vuelta del “Gringo” tiene como objetivo más el país que Córdoba. En el exgobernador sigue gravitando la idea, a pesar del resultado del año pasado y de los diagnósticos políticos, de que Provincias Unidas puede convertirse en un instrumento para pelear el poder nacional el año próximo. Con una variante: ahora el eje sobre el que debe girar la estrategia no son tanto las seis provincias de la integración original de esa fuerza sino el tándem Córdoba-Santa Fe. De ahí debería salir, especulan, el posible candidato a presidente de 2027.
Por eso Llaryora decidió mostrarse en el Festival de Cosquín con el santafesino Maximiliano Pullaro: para dar una señal de que el acuerdo sigue existiendo y de que aspiran a fijar una estrategia en común con respecto a algunos proyectos centrales de Milei.
La reforma laboral será el primer gran hito. ¿Cuál será la postura de los diputados cordobeses cuando se discuta en el recinto? Primer aspecto importante: tienen decidido dar quórum, es decir, facilitar el tratamiento del proyecto del gobierno porque, además, entienden que una reforma laboral es necesaria. Pero a partir de ahí habrá disidencias. En el oficialismo provincial consideran que la reforma de Milei está pensada por y para las grandes empresas y que perjudicará a las pymes. También aseguran que no votarán ningún artículo que afecte derechos básicos de los trabajadores y critican abiertamente el capítulo fiscal que, para Córdoba, implicaría perder 100 mil millones de pesos al año.
A Llaryora le inquietan las posibles consecuencias políticas del debate por la reforma laboral. Por dos razones: porque los efectos impactarán en un electorado que tradicionalmente podría identificarse con el peronismo, aunque ese precepto no esté tan claro hoy, y porque afronta un reclamo abierto de las empresas de la provincia para que los diputados voten el proyecto de Milei. El gobernador encontró, por ahora, una salida que pretende ser salomónica: convocó a una ronda de consulta a gremios y a entidades empresarias. Espera así generar una instancia de acuerdo y un compromiso para que nadie se declare sorprendido después.
En el oficialismo concluyen que la cuestión de la ubicación ante la reforma laboral es central para lo que viene: Llaryora y Schiaretti no quieren quedar entrampados en una postura que los asocie al kirchnerismo, que va a oponerse al proyecto en bloque, ni votarle todo a Milei. “Si los cordobeses leen que estamos con los kirchneristas puede ser muy costoso en términos de imagen. Pero tampoco vamos a decirle que sí a todo lo que plantea el gobierno porque hay algunos aspectos que son indigeribles”, indicaron.
Llaryora se reserva, más allá de las definiciones que ya se tomaron y de las consultas con gremios y empresas, la posibilidad de una instancia de negociación con la Casa Rosada. Al gobernador le interesa acordar, en los debates clave como la reforma laboral, una serie de condiciones políticas y de gestión. El mileísmo se ha ganado fama de incumplir todos los acuerdos, pero el gobernador pretende que haya una especie de convivencia que les convenga a los dos para que no se entorpezcan el objetivo que cada uno tiene en su territorio: la reelección.
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El 2026 no sólo será relevante para Llaryora y su sueño de alcanzar un segundo mandato. Será un año que operará en varios planos, como un tiempo preparatorio para lo que vendrá en política. Río Cuarto no será la excepción.
Para Guillermo De Rivas implicará la posibilidad de afianzarse y de terminar de construir una identidad para su gobierno. Ya lleva un año y medio como intendente y su gestión muestra aún un perfil difuso, casi sin ejes potentes. Y los ejes que sí están definidos no suelen plasmarse por completo.
En la campaña y en la gestión el intendente hizo foco en la seguridad y, desde entonces, se convirtió en una obligación autoimpuesta. Si bien con el tiempo el tema fue diluyéndose en la agenda municipal, es un compromiso del que le resultará complejo desembarazarse.
Además, hay un segundo aspecto en el que De Rivas hace hincapié: en el mensaje de fin de año dijo que su gobierno se caracteriza por ser empático, cercano, por estar presente en un momento complejo como el actual.
Por eso, sorprendió la actitud que mostró la gestión local ante el crimen de Paolo de la Fuente, el hombre que fue asesinado de 15 balazos por Braian Vilches, quien lo habría confundido con otra persona. El Municipio se mostró, ante el caso, distante, ausente. Y lo hizo a pesar de que el hecho atraviesa dos de sus prioridades: la seguridad y la empatía. Perdió, hasta ahora, una oportunidad. No sólo de acompañar a la familia sino de mostrar cercanía con una sociedad conmocionada por la muerte absurda, violenta e inexplicable de un padre que venía de jugar al fútbol y que volvía a su casa.