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Sus hermanos franciscanos le dedicaron unas palabras

Para quienes formamos parte de la Orden de los Hermanos Menores, lo primero que surge al pensar en la figura de Mamerto Esquiú es su ser hermano menor; tanto más que, en el reconocimiento que estamos próximos a celebrar, no hablamos de la beatificación de monseñor Mamerto Esquiú, sino de fray Mamerto Esquiú. Son “títulos” que quedan arraigados en las personas que lo han vivido. Así sucede con la madre Teresa, o el padre Pío. Para Mamerto Esquiú ser “fray”, porque a lo largo de todos sus servicios, tanto en lo religioso como en lo sociopolítico, permaneció siendo hermano menor, franciscano.

Por otra parte, fray Mamerto Esquiú nos pone en sintonía con aquellos hombres constructores de la patria, forjadores de identidad. Y entonces aparece como modelo franciscano de atención y compromiso con las causas más importantes de su tiempo. Asumiéndolo todo esto desde su ser “hermano menor”.

Vive su vida como entrega intensa que toma cuerpo, tanto en su compromiso social y político caras a la comunidad como en la reconstrucción y la reestructuración de la orden franciscana en Argentina, y aquí nos referimos, no tanto a cuestiones estructurales como fundamentalmente al retorno a uno de los pilares fundamentales de nuestra espiritualidad, como es la vida fraterna.

Seguramente, es esta profunda identificación con el carisma minorítico que lo lleva a rechazar en dos oportunidades la consagración episcopal para ser constituido arzobispo de Buenos Aires. Donde tiene que recurrir, en la resistencia incluso a la presión del gobierno para que tome ese cargo, a estrategias de huida, yéndose primero a Bolivia y después a Tierra Santa con la intención de evitar estos nombramientos.

A pesar de su deseo, el año 1879 lo encuentra nuevamente en nuestro país, recibiendo un nuevo pedido al episcopado, esta vez, como obispo de Córdoba. A pesar de las resistencias, cuando el legado Pontificio le dice que se trata del deseo del santo padre, acepta el encargo y en 1880 asume como obispo de la región central del país. Durante todo su ministerio episcopal jamás se desvincula de la espiritualidad franciscana, en su manera de ser, en su manera de ejercer el ministerio episcopal. El mismo recuerdo que ha trascendido desde los fieles, que difícilmente podían reconocerlo como obispo cuando se encontraba entre los frailes, da testimonio del modo en que fray Mamerto Esquiú prefiere presentarse, firme y claro en su palabra, humilde y servicial en sus gestos.

Su gran amor por Catamarca y por los más pobres, a quienes siempre quiso estar cercano, laten juntos en su pecho. Y, como Jesús, su Maestro, lo entrega todo sin reservarse nada… Así queremos recordarlo, con un amor entrañable y fiel a su vocación de Hermano Menor y al pueblo, a quien nunca dejó de servir.

Fray Daniel Fleitas

Ministro de la Provincia San Francisco Solano

Fray Walter Cena

P. Guardián del Convento San Francisco Solano

Fray Gustavo Valenzuela