"Cuando escribo tengo una pulsión cinematográfica y pienso en imágenes"
En la década del ’50 se inauguró en Córdoba capital un puente bautizado “Antártida Argentina”. Para tal evento, se mandó a hacer una escultura conmemorativa. Lo particular de la historia es que la estatua era de un oso polar, algo que varios pasaron por alto hasta que uno más despierto que el resto les llamó la atención: “En la Antártida no hay osos polares”. Ese fue el comienzo del fin para la particular obra de arte, que se vio obligada a vagar de un lado a otro en la ciudad, intentando encontrar un lugar en el que “molestara menos”, según lo indica el escritor Federico Lavezzo.
En 2012 el cordobés publicó junto con la editorial riocuartense Cartografías su primera novela con el nombre “El oso antártico”, libro que fue llevado al cine y que estará presente este año en el festival bonaerense Bafici. “Cuando escribo tengo una pulsión cinematográfica, en el sentido de que voy pensando en imágenes, como si fuera un guión”, indicó el escritor en diálogo con Puntal, y agregó: “Si bien en esta película no participé, fue una versión libre de mi novela que me gustó mucho”.
Lavezzo trabaja en la editorial municipal de Córdoba y cuenta con varios textos de narrativa en su producción, sumado a “El oso antártico” que ha sido filmada por Nicolás Abello y Alejandro Cozza, y otra novela que viene en camino.
- ¿Qué narra “El oso antártico”?
- La novela es una suerte de historia “docuficción”, porque tiene parte real y otra ficcionalizada, sobre la escultura del oso polar, que es muy reconocida en la ciudad (fue hecha por Carlos Barral y actualmente se ubica frente a la plaza España). Se hizo para la inauguración del puente Antártida Argentina y no se dieron cuenta de que no había osos en esta zona. No la pusieron allí, y el oso anduvo siempre de aquí para allá, por lo que en la novela hago una hipótesis de porqué fue de un lado a otro. A partir de ese “error”, parece que nunca se supo el destino de la escultura, considerando que nunca hubo un emplazamiento propio, la iban poniendo donde menos molestaba.
- ¿Cómo llega a vos el equipo de producción de la película para su filmación?
- La productora de la película, Eva Cáceres, leyó la novela y parece que le gustó y se la propuso a Abello y Cozza, quienes se encargaron de hacer toda la película. Por supuesto que compartimos algunas charlas en las que me preguntaron cosas del libro, pero lo único que hice fue ceder la posibilidad de que trabajaran sobre la historia. Así fue que surgió una nueva encarnación de “El oso antártico”, pues a la clave del movimiento de la estatua ellos la enmarcan por otra vía.
- ¿En la película se lo enmarca como documental o es completamente ficcional?
- No, de algún modo es más ficcional, con un tinte más policial que se cuenta en la película. Pero me pareció que la posibilidad de que se llevara al cine me servía para potenciar la lectura de mi novela y, a la vez, para quienes la hubieran leído, poder ver la película. Que no fuera una cosa idéntica que respetara a rajatabla, sino que una obra que produce a otra.
En las próximas semanas el film se presentará en el Bafici, máximo festival de cine de Argentina, mientras que están avanzando en la posibilidad de proyectarla en otros eventos del país. “La novela tuvo repercusiones inesperadas, por un lado, llegó a estudios académicos para su tratamiento en clases, como en seminarios de semiótica, incluso para el desarrollo de papers”, indicó el escritor, y señaló que, por otro lado, ha tenido situaciones muy particulares en las que terceros le comentaban sobre la historia del oso a partir de su libro, sin saber que él era el que lo había escrito. “Esto da cuenta de una apropiación de la historia, y con la película estoy muy contento, porque se potencia con el libro”, completó el autor.
“Las buenas novelas no resuelven enigmas, los crean”
Escribe Sergio Chejfec en la contratapa del libro
Para la memoria urbana de la ciudad de Córdoba, la escultura del oso polar es un misterio que sólo encuentra respuesta adecuada cuando se lo interpreta como error. Más aún si se tiene en cuenta que la misma ciudad que le da albergue, según recuerda esta novela de Federico Lavezzo, se funda también en la equivocación. Córdoba debería haberse levantado en otra región y la escultura del oso polar no debería haber existido. Sin embargo, estos dos objetos son ciertos, forman parte del mundo, y si bien responden a muy distintas naturalezas, por eso mismo, por el empecinado error que representan y el espacio que comparten, han tramado un vínculo distraído y fatal a la vez, regido por la casualidad y el avance del tiempo histórico.
La novela indaga el testimonio del lejano responsable del segundo error, encarnado en el gran oso. Quiere, a través de su versión, aclarar el origen entre burocrático y político de esa presencia exótica, y revelar el sentido de su deambulación urbana durante décadas, yendo de un punto a otro por distintos parques o plazas de la ciudad. La difícil entidad zoológica del título no anuncia solamente la trama disparatada que busca revelar, sino también el tipo de relato flexible y fuera de todo género que es la misma novela; entre policial, testimonial y ensayístico, la forma múltiple capaz de dar cuenta de eso que este relato también quiere decir: que la ficción puede ser, a veces, una bella y eficaz versión del pasado cultural.
En otras palabras, el lector de El oso antártico se va a encontrar frente a la infrecuente pero definitiva verdad que Lavezzo conoce muy bien: las buenas novelas no resuelven enigmas, los crean.
Luis Schlossberg. Redacción Puntal