“El amor es más fuerte”, el título de la emblemática canción del rock nacional le queda pintada a esta historia que comenzó nueve años atrás y tuvo un final feliz en estos días cuando el juez civil Dr. Lucas Funes dictaminó, en un particular fallo, la sentencia plena de adopción de una joven.
El magistrado, en la sentencia, dijo: “El afecto voluntario y la efectiva relación de padre e hija primaron sobre el parentesco sanguíneo”.
La causa se inició en el año 2014, cuando se encontraba vigente el anterior Código Civil, y bajo la figura de adopción simple. Bajo ese instituto, se confiere carácter de hijo/a pero sin otorgar parentesco con la familia del adoptante.
Con el tiempo, sucedió la unificación del nuevo Código Civil y Comercial, como así también la asunción de otro magistrado. La causa se reencuadró como “adopción por integración”, figura que, ante los nuevos modelos de familia que existen en la sociedad, permite la adopción del hijo de cónyuge/pareja para integrar o ensamblar a la familia, cuando en los hechos es lo que sucede.
Es así que se desarrolló un proceso de adopción, con producción de pruebas y participación del padre biológico.
La novedad es que existió más de una entrevista personal con la adolescente y en diferentes momentos se intentó confirmar siempre su voluntad real, la que fue siempre coincidente: tanto X se siente hija de A.G. como A.G. se siente padre de X. Por eso, se ponderó los deseos de X, con su autonomía progresiva (mientras más edad, más influencia tiene su decisión) para que la adopción tenga carácter de plena, es decir: con vínculos con familia extendida del adoptante, colocándola en una posición igual a la de hija/o biológica/o.
En diálogo con Puntal, el juez efectuante, Dr. Lucas Funes, realizó una síntesis de lo actuado en la causa: “A continuación, en función de lo decidido, en el afán de simplificar el actuar de la Justicia y fomentar el acercamiento a la ciudadanía, considero pertinente la redacción de un párrafo de lectura fácil para que se les sea transmitido a adoptada y a adoptante. Como juez, no soy -ni debo ser- protagonista de nada, sólo interpreté lo que realmente quieren A. y A.G., quienes verdaderamente son los destinatarios principales de lo aquí producido. Es así que puedo materializar esta bella historia.
Continuó Funes: “A.: soy Lucas (juez), vos ya me conocés. Viniste a charlar conmigo y con Ignacio (asesor letrado), varias veces a tribunales. Vos sabés que, hace ya un tiempo, A.G -con el apoyo de tu mamá- hizo un pedido que tenía que ver con tus deseos. Por eso, se inició un trámite, hubo muchas pruebas que se tuvieron en cuenta, pero principalmente, vos en persona me dejaste en claro lo que querías. Te noté tan convencida que no me quedaron dudas de que querés ser hija de A.G, como de que A.G. quiere ser tu papá. Que desde chiquita, él te brindó su cariño, te protegió y cuidó siempre, estuvo en tus cosas del cole, en los momentos lindos, como en los feos. ¡Hasta te hizo hincha de San Lorenzo! Mirá que comparten cosas… Pero, ¿sabes qué? Van a compartir muchas cosas más a partir de ahora. Creo que quieren ser hija y papá, es algo que sale de sus corazones y que es lo que está pasando en sus vidas. Por eso, es que sólo voy a reflejarlo en los papeles. Deseo que ese vínculo que formaron crezca día a día, de manera responsable. Ya podés decirle oficialmente papá a A.G. y, además, con la tinta del color que más te guste, escribir: A. y A.G. ¡Felicitaciones!.
A.G.: qué decirte a vos. De la causa, se nota que sos un padre en la práctica. Que rendís y aprobás un examen todos los días y te ganaste el título. A. G. te dio ese título, esos de los que más cuestan conseguir y que dan la gran responsabilidad de mantener. Desde un abrazo y un beso, desde estar cuando tenés que estar y decir lo que tenés que decir. El afecto es tan grande que se lee en cada hoja de este expediente. Es así que: ¡Felicitaciones, papá A.G.!”.
El actual derecho civil, sobre todo de familia, se encuentra íntimamente influenciado por principios constitucionales y de tratados internacionales. Ello lleva a que, en casos, pueda considerarse a la “socio-afectividad” por sobre el vínculo biológico. Es lo que ocurrió en este caso, el afecto voluntario y la efectiva relación de padre e hija primaron sobre el parentesco sanguíneo.
"La adopción no sólo cambia vidas, sino que también crea nuevas historias llenas de amor y esperanza"
Tras conocer la sentencia, la alegría de la familia fue infinita, así lo expresa el papá A.G. ante Puntal.
“Después de casi nueve años de sueños, de lucha, de desilusiones, de momentos amargos, de terapia, de llantos, de audiencias canceladas, de nervios, podemos decir que oficialmente somos padre e hija. Esta noticia ha marcado un capítulo fundamental en nuestras vidas como familia y nos ha dado la esperanza de seguir creyendo en la Justicia, y sobre todo, de seguir confiando de que el amor cura todo”, señala A.G. y agrega: “Quien conoce nuestra historia sabe perfectamente que un simple papel no iba a cambiar mi rumbo de amor por A.G., pero sí le iba a dar a ella la tranquilidad de tener una identidad con la cual se sentía identificada”, subraya.
Por último, el papá destaca a quienes acompañaron todo el proceso: “Agradezco, principalmente, al juez de turno, Lucas Ramiro Funes, y a todo su equipo de trabajo. Entendemos y somos conscientes de que su labor como juez implica tomar decisiones difíciles, pero su compasión y sabiduría han permitido que A.G encuentre un hogar seguro, lleno de amor y oportunidades para crecer y desarrollarse a lo largo de sus años”, dice y reflexiona: “Nunca dejen de luchar por sus sueños, aun cuando se sientan derrotados. A veces la vida golpea muy fuerte y donde más duele, pero la fe y el amor pueden contra cualquier obstáculo. También agradecer a nuestros abogados que estuvieron a cargo de este pedido de adopción, son ellos quienes cumplieron un papel fundamental para poder lograr este deseo tan anhelado tanto por A.G y por mí, sin ellos, y su profesionalismo constante esto no podría haberse logrado, gracias Ada, Marcos y Francisco. Agradezco también, a cada uno que estuvo a lo largo de este proceso, sobre todo a mi mujer Aranza, madre de mi hija, que supo protegerla con amor en todo momento. A su hermana mayor, Valentina (que obviamente considero mi hija también), que la cuidó y le enseñó el amor incondicional de hermanos. A mi familia de sangre, que desde chico me enseñaron que los vínculos se generan con amor y afectos y no por el simple hecho de tener un mismo gen. Sin la contención de mi familia, no creo haber podido soportar los duros golpes que me dio la vida”.

