Las figuritas redondas y duras nos marcaron una manera de conocer a los jugadores. Su foto, el escudo del club, el número de la figurita, el apellido, y a veces el puesto en el cual se desempeñaba el hombre.

En el año 63 andaba yo en bici por el barrio, no muy lejos, ya que tenía seis años y no podía ir mucho más allá de acá. Iba con el bulto de figuritas en el bolsillo y un papel en donde tenía anotados todos los números del álbum y una cruz en las que ya tenía y por lo tanto sabía cuales me faltaban, para llenarlo y ganarme un fútbol número 5.

La cara de Sebastián Viberti la vi por primera vez allí, de cerca digamos. Hojeando los diarios y El Gráfico, lo había conocido como el cordobés que jugaba de 5 en Huracán y todo eso. Pero tenerlo en casa en una figurita pegada al álbum era compartir con él y todos los demás cada día de mi niñez.

Y fue, a pesar de mi corta edad, de los que más me llamaba la atención. No sé porqué.

Si recuerdo que un viajante que venía de Buenos Aires al negocio de mi viejo cuando hablaba de Huracán se llenaba la cara de alegría y decía: el 5 es el cordobés Viberti, un gran tipo y un jugador espectacular. Sebastián Humberto Viberti nació en El Crispín, departamento Río Primero, pueblo de 250 habitantes, en 1944. De pibe jugó en Talleres de Jesús María y a los 18 años pasó a San Lorenzo de Córdoba. En 1963 lo recomendó Manuel Giúdice a Huracán, que pagó 800 mil pesos por él.

En la primera fecha del campeonato del 63, Huracán cayó de local ante Atlanta, cuatro a uno y ese día vistió Viberti, por primera vez, de manera oficial, la casaca del Globo. Ayala; Troche y Vidal; Alarcón, Viberti y Schneider; Juárez, Rendo, Roldán, Marchesse y J.C.Rodríguez fue el "quemero" ese día. El único gol lo marcó Roldán. En Atlanta atajaba Gatti y jugaba Griguol en la mitad de la cancha.

Hasta el 69 estuvo Sebastián en el Globo, desde esa primera jornada del 63. Su último registro en planilla en AFA, antes de irse a España es en Huracán 1 Unión 2 en la fecha 13 del Nacional 69, el 16 de noviembre.

Un viaje por España me hizo recalar en la preciosa Málaga y comprobar el amor que los del lugar tienen por Viberti. Ya en el 69, debutó en el Málaga, tenía 24 años, medía 1,87 mts y ya había jugado para la Selección Argentina en la Copa América del 67. Debutó en la Nacional el 25 de enero de ese año en un Argentina 5 Venezuela 1 en el Centenario de Montevideo. Tres goles de Luis Artime y uno de Carone, y Marzolini. Los dirigía Jim López y Argentina fue con Roma; Ovejero (Viberti) y Marzolini; Calics, Acevedo (Rosl) y Albrecht; Bernao, A.González, Artime, Sarnari y Carone.

La historia de Viberti como Blanquiazul (Málaga) nació un 30 de noviembre de 1969. Era la jornada 13 del campeonato de Liga de la Segunda División. Visitaba La Rosaleda el Español de Barcelona. Dicen las crónicas que aquel día fue uno de los más fríos de la historia en la capital de la Costa del Sol. El Málaga dirigido por el húngaro Kalmar, formó con Goicoechea; Montero, Arias, Martínez, Monreal, Conejo, Benítez, Viberti, Wanderley, Cabral (Aragón 70') y Pons (Moli 72').

Viberti disputó 22 partidos de aquella Liga (8 goles) y el Málaga no perdió ninguno, con un balance de 10 victorias y 12 empates. Como colofón, Viberti logró dos goles ante el Bilbao, que le dieron el ascenso a Primera División en la última jornada de la temporada. Cuentan que La Catedral terminó aplaudiendo a Viberti y al Málaga, que inició a partir de entonces la mejor etapa de su historia. Viberti jugó cuatro grandes temporadas en un Málaga que alcanzó con él dos séptimos puestos en la Liga, en 1972 y 1974, y que siempre se mantuvo entre los 10 primeros de Primera entre 1970 y 1974. En total, jugó 117 encuentros allí, según cuenta el diario La Opinión de Málaga.

El Gimnàstic de Tarragona fue el último paso por España.

Y ya a mediados de los 70, con 32 años un paso final por Belgrano, en donde ahí nomás empezó como técnico, dirigiendo al mejor Belgrano, en números, de los Nacionales: el de 1977. Terminó segundo en su zona detrás de Independiente y si esa campaña no es tan comentada, quizás tenga que ver con la realizada por Talleres que llegó a la final, justamente ante el Rojo. En ese campeonato, que terminó en enero del año siguiente, Belgrano, por la 5ta fecha, le ganó al que sería el campeón, Independiente, y así le quitó el invicto en Alberdi. Fue dos a uno con tantos de Sanseverino de penal y Bonet; Outes, para el Diablo. Esa tarde la "B" formó con Luraschi; Sanseverino, Beccérica, Coletti y Daniel Capurro; Benito Rodríguez (Carranza), Cantarutti y Laciar; Rodolfo Rodríguez, Sosa (Rubén Comisso) y Bonet. Una gran campaña de la mano de Sebastián.

Volvió a Málaga para dirigir al equipo. En febrero de 1978, el club pensó en él como entrenador ante el serio riesgo que había de descenso a la Segunda B. Viberti mantuvo al equipo y a la siguiente campaña logró el ascenso a Primera, tras acabar segundo. En 1980 llegó otro descenso y Viberti dijo adiós para siempre al Málaga.

Más o menos así, explico a Viberti en el fútbol. Un grande. Un cinco de antes. Con mando y orden. Con presencia y juego.

Ahora, en poquitas líneas, diré que este bendito trabajo me permitió conocerlo como hombre, como tipo. En su carácter de técnico llegando con respeto y humildad a Río Cuarto para dirigir a Estudiantes y dando un paso al costado apenas notó que no lo consideraban. Sin estridencias. Con la frente en alto.

Y en su rol de periodista. En cada semana de televisión. Distinguiendo a compañeros más jóvenes y aportando con la misma mesura pero con singular decisión en cada tema tratado. Dicen que un 24 de noviembre de 2012 se fue a jugar de 5 al cielo. A charlar de fútbol y de la vida en un bar celestial y mejor si es celeste.

Hubo una lágrima en las camisetas de centro half y una pena grande en la dignidad. Porque Viberti fue un idóneo en ambas cosas. El cinco y la hombría de bien.

Cuando se va un tipo como Sebastián, no se va.

Estará siempre en los corazones del fútbol. En la Quema, en la Rosaleda de Málaga (el 12 de marzo de 2013, el Málaga homenajeó a Viberti dando su nombre a la puerta número 5 del estadio) ,en Alberdi y en todas las canchas que lo vieron pasar.

El Pelado Sebastián. Gracias por distinguirme con sus diálogos respetuosos y darme un lugar en sus oídos. Gracias por quedarse para siempre.

Osvaldo Alfredo Wehbe. Redacción Puntal

FUENTE: Puntal.com.ar