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Preocupa a la Iglesia la falta de alimentos para entregar a la gente

El obispo Adolfo Uriona aseguró que necesitan mercadería para armar los bolsones para las familias con dificultades. Iniciarán una campaña en las parroquias. El prelado habló sobre la situación de la pandemia

En plena pandemia y con la llegada de los días más fríos del año, el obispo de la Diócesis de Río Cuarto, Adolfo Uriona, manifestó su preocupación por la falta de alimentos para entregar en bolsones a los vecinos que tienen mayores dificultades para sobrellevar la crisis económica. Por eso, anticipó a Puntal que iniciarán una campaña para que todo aquel que pueda aporte mercadería en la parroquia de su barrio. Por otro lado, el prelado se refirió a las implicancias del aislamiento estricto que se inició ayer y señaló que hay que acompañar las medidas dispuestas por los gobernantes.

-El país está atravesando un momento complicado, ¿qué análisis hace de la situación actual?

-Estamos en el momento más duro de toda la pandemia, pero debemos afrontarlo. Como dice el Papa, estamos en la misma barca y debemos enfrentar juntos el temporal. Debemos ser responsables frente a las medidas y cuidarnos los unos a los otros. De alguna manera, el momento que atravesamos también tiene que ver con el descuido. Es decir, no hemos sabido cuidarnos. Con respecto a la Iglesia en particular, nos cuesta dejar de lado lo presencial, pero vamos a acatar las medidas, con la suspensión total de las celebraciones y sacramentos presenciales. Vamos a reforzar lo virtual y le pedimos a la gente que siga la eucaristía desde la virtualidad o la televisión. Por otro lado, seguiremos ayudando a las personas que están solas y que necesitan un acompañamiento.

-Cuando empezó la pandemia nadie imaginó que iba a durar tanto tiempo. Si bien hoy hay una esperanza en relación a las vacunas, no está claro cuándo se volverá a la normalidad. En ese marco, ¿cómo se hace para que la gente se motive y no se caiga por los problemas de salud y económicos?

-Lo primero que tenemos que hacer es animarnos nosotros. Como todos los demás, nosotros estamos sufriendo las consecuencias de la pandemia y nos cuesta. He hablado con los sacerdotes y veo que todos están afectados. Hace un mes falleció uno de ellos (Jorge Felizzia, de barrio Alberdi) y ayer (por el viernes) otro (Orlando Fidel Nicoletti, de Santa Eufemia). Evidentemente, todo esto nos golpea y tenemos que hacer un esfuerzo desde la fe, desde la gracia de Dios, para mirar las cosas con la perspectiva del Evangelio. Tenemos que ayudar a otros para que también tengan esa mirada. En los momentos más duros, los que tenemos fe, creemos que Dios nos acompaña y que no nos abandona. Creemos que nos da fuerzas suficientes como para poder llevar adelante la situación.

-Recién hizo referencia a la muerte de dos sacerdotes a causa de Covid-19. Más allá de que en estos casos hubo un desenlace fatal, hay otros que también sufrieron las consecuencias de la enfermedad, ¿eso implica que han salido a la calle pese a todo?

-Sí, se expusieron, tratando de tener los mayores cuidados. En la ciudad, los sacerdotes han ido a las clínicas a visitar a pacientes con Covid-19 para llevarles la unción de los enfermos. Han trabajado mucho y siguen con el mismo espíritu. En total, de unos 70 sacerdotes que hay en la diócesis, 18 se han infectado de coronavirus (un 25%). Algunos de ellos han tenido que permanecer internados. Con lo cual, como clero, lo hemos sufrido bastante.

-El año pasado los templos estuvieron cerrados al público durante mucho tiempo, por lo que las colectas bajaron, ¿cómo se están manejando desde el punto de vista económico para solventar las obras de la Iglesia?

-El año pasado los sacerdotes pusieron en marcha distintos mecanismos para reunir fondos, especialmente durante el tiempo en el que se cerró el culto. La gente siempre se comportó muy solidariamente, colaborando con sobres con dinero en las casas parroquiales y haciendo transferencias en las cuentas bancarias. En tanto, con respecto a la ayuda a la gente que menos recursos tiene, desde Cáritas se brinda asistencia. Además de los pobres, hoy hay muchas familias de clase media que están con dificultades. Por eso, la semana pasada se inició una campaña para reunir prendas de abrigo que se sostendrá hasta julio, inclusive. Por otro lado, el 12 y 13 se junio se desarrollará la colecta anual. Los fondos que se recauden se dividen entre Cáritas parroquial, Cáritas diocesana y Cáritas nacional. De todas maneras, en este momento estamos bastante carentes de alimentos. Cáritas nacional no está ayudando tanto porque recibe menos ayuda. En ese marco, hemos decidido iniciar otra campaña para recolectar alimentos en las parroquias. La idea es juntar mercadería para armar bolsones y que las familias más necesitadas puedan tener comida.

Estamos en el momento más duro de toda la pandemia, pero debemos afrontarlo. Como dice el Papa, estamos en la misma barca y debemos enfrentar juntos el temporal Estamos en el momento más duro de toda la pandemia, pero debemos afrontarlo. Como dice el Papa, estamos en la misma barca y debemos enfrentar juntos el temporal

-¿Ese es el mayor desafío que tienen actualmente?

-Sí, porque la comida es fundamental para tener energías. En este momento Cáritas no está teniendo alimentos, por lo que pedimos la colaboración de los vecinos en cada parroquia. Además de esta campaña y la del abrigo, Cocaen sigue entregando medicamentos. Si bien esta semana estará cerrado, habitualmente abre los martes y jueves de 15 a 17.30 horas. La ayuda que se brinda en ese sentido es muy importante, sobre todo durante el invierno, ya que se necesitan más remedios.

-¿Cuentan con una buena cantidad de voluntarios?

-En general, el voluntariado en Cáritas viene bastante bien. Lo mismo pasa en Cocaen y en las parroquias, especialmente en aquellas que trabajan con merenderos. Hay mucha gente de buena voluntad, con espíritu solidario, que experimenta que ayudar a los demás hace bien.