Regionales
Incendio en la AGD: expertos plantean la necesidad de extremar los controles
Las llamas afectaron una secadora de semillas de girasol ubicada en el predio del ferrocarril, a la vera de la ruta 158. Ambientalistas advirtieron sobre el peligro que implica la presencia de estas industrias en plena ciudad
El incendio que se desató en la medianoche de ayer en una secadora de semillas de girasol de la Aceitera de General Deheza despertó la alarma en los vecinos, quienes hasta la madrugada estuvieron en vigilia, hasta que las gigantescas llamas lograron ser controladas.
El sector afectado funciona en el predio del ferrocarril lindante con la ruta 158, la que permaneció cortada hasta las 6 de la mañana, y se investigaban las causas que iniciaron el incendio.
Personal especializado de la empresa y unos 30 bomberos estuvieron trabajando en el sector. Tras ser controlado, una gran cantidad de cenizas se acumulaba en el predio.
Consultados expertos ambientalistas dijeron que dicho material no sería peligroso, aunque advirtieron del riesgo que implica la presencia de instalaciones de la fábrica en el corazón de la ciudad de General Deheza, puntualizando, además, que en el proceso se utilizan productos altamente inflamables.
Federico Kopta, ambientalista e integrante de la Asociación Civil “Foro Ambiental Córdoba”, sostuvo que el funcionamiento de este tipo de industrias en proximidades de viviendas afecta la calidad de vida de los habitantes, por los olores y la posible afección de las vías respiratorias.
Por su parte, Rogelio Abburrá, licenciado en Química y especialista en Ingeniería Ambiental, explicó a Puntal que en el proceso extractivo de aceite de semillas se trabaja por prensado. “Se saca el girasol de primera calidad y después queda la torta, a la que someten a extracción por solventes que suelen ser el hexano o ciclohexano, que son los únicos permitidos”.
Solventes peligrosos
El experto aclaró que desconoce qué tipo de productos o solventes utilizan en el proceso, al tiempo que indicó que éstos habitualmente son altamente inflamables (caso hexano), al igual que el aceite. “Según los solventes que están usando, es la peligrosidad que exista”, agregó Abburrá. “La otra parte peligrosa es la hidrogenación del aceite. Entonces, si tienen depósito de hidrógeno es riesgoso para una población. Tener tanques de hidrógeno o solventes como el hexano aumenta el peligro”, advirtió el especialista.
Y recordó que hay antecedentes de siniestros importantes en ciudades como Río Cuarto y Tancacha, donde años atrás se incendiaron aceiteras.
El químico sostuvo que si se tienen los riesgos calculados, no hay peligro. No obstante, advirtió que este tipo de industrias, por los productos que utilizan, no deben estar en centros urbanos.
Asimismo, planteó Abburrá que “en ocasiones, el mismo Estado permite instalar barrios en cercanías de fábricas. En Córdoba hay firmas que piden permiso para hacer casas y de esa manera deducen impuestos”, alertó.
El peligro de l
“funcionamiento crónico”
Consultado Raúl Montenegro, de la Funam, sobre el incendio de la aceitera y el impacto ambiental que éste pueda tener, consideró -por un lado- que se trató de un evento que puede ocurrir, y que es controlable; pero por otro expresó su preocupación por lo que considera más peligroso y que es el “funcionamiento crónico de estas empresas dentro de los pueblos. Mueven e ingresan semillas que están cargadas de plaguicidas, y ese es el principal problema. Están manejando un insumo contaminado que puede llegar a la población”.
Por otra parte, coincidió en la necesidad de extremar los controles e inspecciones permanentes.
El sector afectado funciona en el predio del ferrocarril lindante con la ruta 158, la que permaneció cortada hasta las 6 de la mañana, y se investigaban las causas que iniciaron el incendio.
Personal especializado de la empresa y unos 30 bomberos estuvieron trabajando en el sector. Tras ser controlado, una gran cantidad de cenizas se acumulaba en el predio.
Consultados expertos ambientalistas dijeron que dicho material no sería peligroso, aunque advirtieron del riesgo que implica la presencia de instalaciones de la fábrica en el corazón de la ciudad de General Deheza, puntualizando, además, que en el proceso se utilizan productos altamente inflamables.
Federico Kopta, ambientalista e integrante de la Asociación Civil “Foro Ambiental Córdoba”, sostuvo que el funcionamiento de este tipo de industrias en proximidades de viviendas afecta la calidad de vida de los habitantes, por los olores y la posible afección de las vías respiratorias.
Por su parte, Rogelio Abburrá, licenciado en Química y especialista en Ingeniería Ambiental, explicó a Puntal que en el proceso extractivo de aceite de semillas se trabaja por prensado. “Se saca el girasol de primera calidad y después queda la torta, a la que someten a extracción por solventes que suelen ser el hexano o ciclohexano, que son los únicos permitidos”.
Solventes peligrosos
El experto aclaró que desconoce qué tipo de productos o solventes utilizan en el proceso, al tiempo que indicó que éstos habitualmente son altamente inflamables (caso hexano), al igual que el aceite. “Según los solventes que están usando, es la peligrosidad que exista”, agregó Abburrá. “La otra parte peligrosa es la hidrogenación del aceite. Entonces, si tienen depósito de hidrógeno es riesgoso para una población. Tener tanques de hidrógeno o solventes como el hexano aumenta el peligro”, advirtió el especialista.
Y recordó que hay antecedentes de siniestros importantes en ciudades como Río Cuarto y Tancacha, donde años atrás se incendiaron aceiteras.
El químico sostuvo que si se tienen los riesgos calculados, no hay peligro. No obstante, advirtió que este tipo de industrias, por los productos que utilizan, no deben estar en centros urbanos.
Asimismo, planteó Abburrá que “en ocasiones, el mismo Estado permite instalar barrios en cercanías de fábricas. En Córdoba hay firmas que piden permiso para hacer casas y de esa manera deducen impuestos”, alertó.
El peligro de l
“funcionamiento crónico”
Consultado Raúl Montenegro, de la Funam, sobre el incendio de la aceitera y el impacto ambiental que éste pueda tener, consideró -por un lado- que se trató de un evento que puede ocurrir, y que es controlable; pero por otro expresó su preocupación por lo que considera más peligroso y que es el “funcionamiento crónico de estas empresas dentro de los pueblos. Mueven e ingresan semillas que están cargadas de plaguicidas, y ese es el principal problema. Están manejando un insumo contaminado que puede llegar a la población”.
Por otra parte, coincidió en la necesidad de extremar los controles e inspecciones permanentes.