En ese sentido, el número que manejan está traccionado nuevamente por los aumentos en alimentos y bebidas, que no logran perforar el piso pese a la estabilidad macroeconómica y cambiaria.
Los informes de las últimas semanas detectaron una aceleración de precios hacia el cierre del mes, concentrada en productos frescos y bienes de demanda inelástica.
Si bien no hubo saltos abruptos, el “goteo” constante en góndolas, especialmente en carnes, verduras y aceites, fue suficiente para mantener la presión sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
La danza de cifras: qué dicen las consultoras
Las proyecciones privadas muestran un consenso en torno al 2,5%, con matices según la metodología:
-Econviews: Proyectó la suba más alta, con un 2,8%.
-LCG: Estimó un 2,5%, destacando la incidencia del encarecimiento de la carne.
-Almaceneros de Córdoba: Calculó una variación de entre 2,4% y 2,5%.
-Equilibra: Ubicó el índice en 2,2%.
-IPC Online Bahía Blanca: Fue el más optimista, con un registro cercano al 1,9%.
Núcleos duros y cambio de canasta
El fenómeno responde a una inflación que “conserva núcleos duros” en la canasta básica. Aunque hubo factores que ayudaron a moderar el índice -como bajas estacionales en algunas verduras, ajustes suaves en lácteos y la estabilidad en precios regulados como combustibles-, el peso de los alimentos frescos fue determinante.
El escenario de febrero traerá una novedad técnica clave: el INDEC comenzará a medir la inflación con una nueva canasta de bienes y servicios.
Esta actualización, ajustada a hábitos de consumo más recientes, le dará mayor ponderación a los servicios y reducirá la incidencia relativa de los alimentos, lo que podría modificar la lectura estadística de la inflación en los próximos meses.