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El inicio, los límites y el efecto derrame

Milei inicia hoy su gobierno. La incertidumbre es qué capacidad de absorción tendrá la gente ante el ajuste. Y qué consecuencias podrían derivarse hacia abajo, por ejemplo, en Río Cuarto

Llegó el día. Javier Milei, el excéntrico economista que saltó a la escena pública como un desaforado comentarista de televisión, se convertirá en presidente de la Nación. A 40 años de Alfonsín, que citaba el preámbulo como un rezo cívico y aspiracional, llega a la Casa Rosada un hombre sin partido, atravesado por la incógnita, que se define como el primer presidente liberal-libertario de la historia, y que no se referencia en el preámbulo sino que repite como una letanía mística que “el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo…”.

Milei recibe del olvidable Alberto Fernández un país con 140% de inflación, altamente deficitario, emisor desaforado y con una situación social delicada: el 44,7% de los argentinos, según la UCA, son pobres. Para ellos –y para buena parte del resto- la perspectiva no es precisamente alentadora.

El presidente liberal-libertario llega con la promesa de aplicar un shock de ajuste. Shock en los efectos, señaló Milei, pero no en los resultados, que deberán esperar.

El ministro de Economía elegido para la etapa que viene, el reciclado Luis “Toto” Caputo, aseguró en los últimos días que el gobierno que se inicia hoy recibe la “peor herencia de la historia”. Una exageración. Los argentinos, expertos en situaciones límite y en explosiones, recuerdan que Raúl Alfonsín asumió después de una dictadura militar sangrienta, que Carlos Menem debió anticipar su jura porque la hiperinflación había incendiado al país, que Eduardo Duhalde se convirtió en presidente después de que De la Rúa huyera en helicóptero, empujado por el crack de la convertibilidad, el corralito y 30 muertos en las calles.

La hipérbole de Caputo es un ejercicio autojustificatorio: por el ajuste que comenzará a aplicarse mañana mismo y cuyas consecuencias abren un abismo de incertidumbre. Sólo hay una certeza: el nuevo gobierno no podrá cumplir la promesa, que siempre fue ilusoria por falaz y simplona, de que sólo la “casta política” pagará las consecuencias. Un ajuste de la magnitud que plantea Milei tendrá que alcanzar, indefectiblemente, a las partidas que representan el 79% de los gastos del Estado: las que tienen destino social, como las jubilaciones, las pensiones y los subsidios.

Milei asumirá hoy pero la economía ya comenzó a actuar de acuerdo a su lógica: los precios, que venían calientes, se dispararon alarmantemente en los últimos días porque ya se internalizaron dos conceptos: que habrá una devaluación traumática del peso y que el Estado dejará de intervenir en la evolución de los precios. El límite será el mercado, que establecerá “libremente” los valores de equilibrio.

Surge una duda ante esa situación: si La Libertad Avanza no sufre una disociación entre la teoría y la práctica, parece tener claros los manuales de la ortodoxia económica pero prescindir a la vez de las fuerzas que se desatan cuando los conceptos pasan al plano práctico en un país como Argentina.

Entonces, ahí aparece la cuestión de los límites. De los límites de la paciencia y del sacrificio. ¿Cuánto están dispuestos a soportar los argentinos, incluso quienes votaron a Milei, ante el ajuste que se viene? ¿Cuánto pueden soportar, además, después del castigo que recibieron durante los cuatro años de Alberto? ¿Hasta dónde podrá tirar de la cuerda el gobierno libertario, débil legislativamente, si el nivel de vida se deteriora, como sugirió el propio presidente, de manera acelerada? Esa es una de las incógnitas fundamentales ante el escenario que se abre.

Incluso ya hay dirigentes políticos que vieron con buenos ojos el triunfo de Milei y que empiezan a manifestar ciertos recelos: por la lógica de las medidas que anunciará la nueva gestión pero, sobre todo, porque empezaron a percibir las limitaciones de La Libertad Avanza en cuanto a praxis política. Hay una enorme dosis de improvisación e inexperiencia, dos atributos no precisamente oportunos en una crisis. Un ejemplo: la sesión preparatoria en la que se eligió a Martín Menem como presidente de la Cámara de Diputados dejó asombrados a los demás bloques por el amateurismo del oficialismo: sin estrategia, sin conducción, sin coordinación. Y, encima, en los próximos días deberán tratar un ambicioso paquete de reformas.

En el Congreso predomina una característica: la dispersión, una cualidad disfuncional para el gobierno porque multiplica los interlocutores y las exigencias. Si no cede, La Libertad no Avanza.

Entre esa constelación de bancadas, aparece la de Hacemos por Nuestro País, que tiene como protagonista central al schiarettismo. Será un bloque “dador de gobernabilidad”, es decir, que estará dispuesto a aprobar las leyes principales que enviará Milei. Pero no lo hará de manera automática. Mantendrá una actitud de apoyo condicionado a pesar de que Schiaretti consiguió instalar en el gabinete libertario a funcionarios de su confianza en áreas clave: Osvaldo Giordano en Anses, Franco Mogetta en Transporte y Daniel Tillard en el Banco Nación. Las jubilaciones, los subsidios y la asistencia financiera.

En principio, Martín Llaryora, quien hoy muy temprano asumirá como gobernador, considera que la siembra de cordobeses en esos puestos fundamentales puede ser favorable para su gestión. Pero también espera ver primero andar al libertario. Por eso tomó algunos recaudos: preparó el terreno por si los fondos que se esperan desde la Nación, como, por ejemplo, para la Caja de Jubilaciones, caen víctimas del recorte. En el presupuesto, Llaryora hizo incluir una cláusula que le permitirá aumentar en 2 puntos los aportes de los empleados públicos para cubrir el déficit del sistema jubilatorio.

Hay otro punto sensible que contiene una alta carga potencial de costo político: los subsidios al transporte. Mogetta podría ser la cara del ajuste en ese punto. Si el rumor de que Milei y Caputo pretenden eliminar los aportes del Estado en 4 meses es veraz, el sistema se encamina a una crisis profunda y dramática. Río Cuarto tuvo una muestra en los últimos días: se quedó sin transporte urbano porque la empresa SAT planteó que los fondos estatales son insuficientes para cubrir sus costos. Si los subsidios nacionales desaparecen, entonces sería incompatible sostener la asistencia provincial y municipal, o al menos esperar que pueda suplir el retiro del gobierno federal. Sin subsidios sólo quedan dos posibilidades: en el caso de Río Cuarto, o la empresa colapsa rápidamente o al oficialismo no le quedará otra alternativa que habilitar un fuerte incremento del boleto.

La incipiente crisis del transporte empieza a manifestarse en un momento inoportuno para el gobierno de Juan Manuel Llamosas: está en los inicios del proceso electoral y en medio de una campaña por instalar a su candidato, Guillermo De Rivas. Pero el transporte es sólo una de las caras del problema. En el oficialismo ya empiezan a preguntarse cómo impactará en las elecciones municipales de 2024 un escenario como el que ya se vislumbra, de alta inflación, caída de la actividad económica y pérdida abrupta del poder adquisitivo. ¿El previsible malhumor de los riocuartenses impactará en el resultado? ¿Afectará al oficialismo? ¿Propiciará la aparición de algún outsider tal como ocurrió en la Nación?

En el Palacio de Mójica evalúan que disponen de herramientas para conseguir la continuidad. Señalan que la gestión tiene un 65 por ciento de aprobación, que De Rivas es un candidato que está creciendo en su nivel de conocimiento y, sobre todo, que la llegada de Llaryora al poder provincial implicará un impulso adicional en términos electorales. El nuevo gobernador pondrá uno de los acentos de su gestión en la seguridad, un tema que aparece en el tope de las preocupaciones en todas las encuestas. Lanzará en los próximos días un plan para poner en marcha las Policías Locales y Río Cuarto tendrá un rol importante: será la cabecera para todo el sur provincial.

Pero hay otros sectores de peso dentro del peronismo que consideran y alertan que no debe pensarse el contexto político actual con marcos interpretativos tradicionales. Señalan que es una nueva realidad y que no hay que menospreciar la posibilidad de que surjan candidatos por fuera del sistema. Incluso aquellos que hoy forman parte de ese sistema pero podrían reconvertirse. Advierten, por ejemplo, que Adriana Nazario es un riesgo potencial para el peronismo por su advertencia de que irá sola si no la proclaman candidata. Y que Gabriel Abrile es un peligro equivalente para el radicalismo. “Los dos pueden encarnar opciones distintas de lo que representa la política actual. Adriana porque es empresaria y no tiene cargo. Abrile porque es médico y cuestiona a los políticos. Hay que tener ojo con eso”, evaluó un dirigente del PJ.

Cerca de la exmujer de De la Sota dejan trascender su malestar con Llamosas. “A la única que no convocó es a Adriana, a pesar de que es la candidata mejor posicionada”, se quejan. Citan números, encuestas propias, que dicen que la exdiputada se impondría si fuera por el peronismo pero que también ganaría si eligiera romper e ir con otro sello partidario.

El escenario político está revuelto, en revisión y en reconfiguración. En el país. En Río Cuarto. En todos lados.