Opinión |

La falta de resultados económicos impacta en el Gobierno

Fernández cambió dos veces su ministro de Hacienda este año y ahora las modificaciones llegan a Desarrollo Social y a Trabajo, dos carteras que reciben las consecuencias de los malos resultados económicos

Cuando en un rápido repaso enumeró las variables que aparecen fuera de control en el tablero económico nacional, el reconocido economista Ricardo Arriazu, en una entrevista que se publica en esta edición, hizo especial hincapié en la inflación. Y claramente marcó que navega al doble de velocidad que en 2021 y llamó a frenarla para evitar que la situación de deterioro siga escalando a escenarios impredecibles. Para eso destacó que es necesario no aplicar medidas aisladas e inconexas porque irán por el fracasado camino que condujo a esta situación. Pidió políticas urgentes capaces de atacar varios frentes al mismo tiempo. Pidió un plan antiinflacionario.

En una de sus más recordadas frases vinculadas a la economía, el presidente Alberto Fernández remarcó en su momento que no cree en los planes y viene actuando en consecuencia, más allá de no contar con resultados positivos para mostrar.

No solo implica que los aumentos son importantes en términos comparativos, sino que además se dan con una frecuencia cada vez más veloz.

La llegada de Sergio Massa pareció iniciar un camino distinto, pero a poco más de dos meses de su arribo al gabinete nacional, insinúa concretarse más un cambio de clima que de fondo. Y algunos creen que en el horizonte cercano hay demasiadas nubes oscuras otra vez. Algo que también compartió el Fondo Monetario en su último informe, en el que destaca que Argentina enfrenta elevados riesgos, especialmente hacia 2023, el año de las elecciones.

Es que la inflación se consolidó en un nivel en torno al 7% mensual, lo que implica un nuevo piso que pone a las expectativas anuales en las tres cifras. Y eso marcó la luz verde para que en el terreno social se desatara otro tipo de reclamos. El conflicto del neumático, con todas sus particularidades, apareció como el primero en su tipo.Pero no sería el único. Los camioneros, con Pablo Moyano a la cabeza, ya avisaron que aquel podría ser “un poroto” al lado del que desataría el poderoso gremio que ahora conduce el hijo del histórico dirigente. Para comenzar la conversación paritaria, Camioneros pidió una recomposición anual del 130%.

En paralelo, en la calle, los movimientos sociales siguen ganando protagonismo. No es casual ninguna de las dos expresiones, ya que representan a quienes tienen sus ingresos fijos: asalariados y beneficiarios de planes sociales. Ante un salto inflacionario son, naturalmente, los que más pierden.

Arriazu remarcó también que el camino condujo a un escenario en el que la calesita de precios relativos gira cada vez más rápido. La calesita podría graficarse con un término más temido pero más claro: la espiral inflacionaria. Eso no solo implica que el aumento es importante en términos comparativos, sino que además se da con una frecuencia cada vez más veloz. Los precios que antes subían dos o tres veces al año, ahora se modifican por mes o hasta por quincena. Los salarios que se discutían una vez al año, después pasaron a ser semestrales. Y ahora los acuerdos semestrales cuentan con cláusulas trimestrales de revisión. Tal vez, como en el cuento de la rana en la olla, muchos pierden de vista cómo va ocurriendo el proceso.

Rodolfo Santángelo, socio de Carlos Melconian en la Consultora M&S, dijo anoche que “está bien que los salarios quieran acercarse o igualar a la inflación” para evitar la pérdida de poder adquisitivo. Pero advirtió que el problema comienza cuando en un escenario como el actual todos quieren ganarle a la inflación, incluidos los salarios. Concretamente habló del pedido de Camioneros de lograr 130% anual. De alguna manera Santángelo coincidió con Arriazu en observar la espiralización.

Ese contexto pone otra vez al Gobierno ante la necesidad de poner en juego una carta mucho más pesada que las que presentó aquí para contener el proceso inflacionario. La partida tiene hasta acá a un claro perdedor. O en realidad a muchos.

La suba de tasas que la gestión Massa tomó como iniciativa para enfrentar el proceso inflacionario y evitar corridas resultó insuficiente. Es un balde de agua en un incendio de envergadura. Más tasas y más inflación está teniendo como correlato un enfriamiento de la economía, que ingresa en terreno de estanflación.

Ayer la Came volvió a publicar un informe con resultado negativo en el consumo mensual. Fue el tercero consecutivo de estas características. La pérdida del poder adquisitivo no es gratis. Y la suba de tasas, que intenta atraer pesos para evitar que no vayan corriendo a los múltiples tipos de dólar, tiene como contraparte la desaparición del crédito o financiamiento para las compras. Los consumidores ya advirtieron hace rato que los planes largos en cuotas no están más disponibles y que cuando aparecen, el resultado de la cuenta es demoledor. El ingreso no alcanza y el crédito desapareció o es muy caro: no es casualidad que el consumo haya emprendido el descenso.

Tampoco es casual que justamente dos ministerios clave en ese contexto económico tengan hoy un cambio de nombres: Desarrollo Social y Trabajo.

Tampoco es casual que justamente dos ministerios clave en ese contexto tengan hoy recambio de nombres:Desarrollo Social y Trabajo.

La crisis afecta al Gobierno que no logra hacer pie y se acerca a un año de evaluación de su gestión en las urnas. Le queda poco tiempo para revertir el escenario económico e intentar tener expectativas políticas para retener el poder.