Opinión |

La inflación es la abrumadora mala noticia de todos los días

El Ministerio de Economía aplica medidas para limitar daños mientras la escalada de precios continúa. Pero las herramientas son cada vez más ineficientes ante la imposibilidad de desacelerar ese proceso. Ahora anunciaron bonos y suba del piso de Ganancias

La inflación es una mancha de aceite que se va esparciendo y que se puede identificar con claridad detrás de muchos conflictos y tensiones que se acumulan cada vez con más frecuencia en la superficie de la realidad nacional. Y que a su vez va desajustando cada vez más las tuercas de la economía, mientras el Gobierno intenta encontrar la herramienta para evitar que el desbarajuste sea total. Pero el tiempo le juega en contra. Porque a medida que los días pasan, el proceso de suba de precios, que se muestra con una incercia que dificulta a esta altura encontrar una causa que lo impulse, viaja a velocidad crucero por encima del 6% mensual desde hace tres meses. Pero aún se podría tomar el dato de que en 7 meses hubo 5 por encima de ese umbral; mientras los dos restantes fueron 5,1% (mayo) y 5,3% (junio). Ese ritmo es el que podría llevar el valor anual de inflación a rondar los tres dígitos en diciembre, justo en el mes de mayor temperatura social históricamente en la Argentina.

Ante la imposibilidad de frenar la velocidad de los precios, los gobiernos de los distintos niveles del Estado intentan morigerar el impacto. Por eso Sergio Massa, el ministro de Economía, ayer confirmó un bono para jubilados y para indigentes (un sector que peligrosamente crece en el país, y que se trata de las personas que no tienen posibilidades de cubrir la canasta alimentaria, o que no pueden comer todos los días), al tiempo que ratificó que en noviembre se elevará el piso de Ganancias a 330 mil pesos. Sin embargo eso resulta claramente insuficiente y no hay ya posibilidades de intentar alcanzar la velocidad de la inflación si no se hace nada para desacelerarla. A este paso, todos los esfuerzos fiscales y la gran mayoría de las recomposiciones que puedan alcanzar los distintos gremios en paritarias, que ya intentan negociar con un piso del 85 o 90 por ciento anual, terminarán muy por detrás. Hay pocos consensos entre los economistas, pero uno claro es que con una inflación en estos niveles no hay posibilidad alguna de que no haya deterioro social.

Coincidentemente hubo en los últimos 7 meses, 5 con alza de precios superior al 6%. Y desde mayo, cuatro meses mostraron caída en el consumo.

El agravante aquí es que esa situación social es frágil. Y por ende, si no hay respuestas acertadas para la escalada de precios, eso tenderá a agravarse.

Desde hace tiempo la Argentina muestra una profundización de ese deterioro con muchos trabajadores registrados que ya no ganan lo suficiente para superar la línea de pobreza. En las últimas décadas del Siglo pasado, con un trabajo registrado había una garantía de ubicarse por encima de esa barrera imaginaria; hoy, hay miles que aún con ingresos en blanco están lejos de superarla.

Ahí hay un argumento central para que algunos sectores del Gobierno, más vinculados al kirchnerismo, propusieran la idea de aplicar, como se hizo durante la gestión de Néstor Kirchner, un incremento por decreto para esos sectores, con una suma fija. En ese caso, siempre la pregunta es qué pasaría con quienes no puedan afrontar ese monto. Y también, se abre una complejidad adicional porque al ser convenios por rama de actividad, eso engloba desde grandes empresas a otras mucho más pequeñas; algunas ubicadas en grandes urbes con mercados importantes, y otras en pequeñas localidades del interior. Imponer las mismas medidas para quienes son distintos suele generar más ruido que soluciones. De todos modos, ese segmento de la ex clase media y actual clase media baja requiere de soluciones para frenar su deterioro.

Lo que va generando esta dinámica de años con pérdida de poder adquisitivo es que cada vez más segmentos de la población deban recortar ingresos como política permanente en sus hogares. Esa conducta comienza por lo más superfluo y luego termina en decisiones complejas en donde todo parece derrota.

Ayer se conoció que las ventas por el Día de la Madre cayeron 4,7% interanual. Lo destacó la Came, que viene de informar ya tres meses consecutivos de caída en el consumo y en cuatro de los últimos cinco. Son las señales del deterioro que se acrecienta.

Massa intenta contener el deterioro con medidas paliativas basadas en bonos y planes con “precios justos”. Pero la clave pasa por contener la inflación.

¿La propia inflación va a generar su antídoto? Sobre eso la posibilidad de que se desacelere la escalada de precios por el desplome de consumo es cierto. El problema es el alto costo en un tablero político que avisa ya de que en 300 días habría PASO y en un año, la primera vuelta presidencial. El oficialismo necesita desarrollar otro remedio para esta enfermedad avanzada. Mientras tarda en suministrarlo, trata de aplicar paliativos, como la ayuda de bonos y el alza en Ganancias. En breve debería conocerse también una mejora para los monotributistas, que representan además un segmento de los que más vulnerabilidades ofrecen, y más aún en un terreno en pendiente para la actividad económica.

Este último no es el diagnóstico que tiene el Gobierno. Ayer, la nueva ministra de Desarrollo Social, Victoria Tolosa Paz, dijo que mientras siga el crecimiento económico no habrá más altas en los planes sociales. En esa línea, el presidente Alberto Fernández, en IDEA, dejó el mismo mensaje optimista sobre la coyuntura. Sin embargo, el que resuelve día a día en política económica parece admitir otra realidad muy diferente.

GonzaloDal Bianco. Redacción Puntal