La pandemia global declarada ayer por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es la segunda en lo que va del siglo XXI, ya que la primera fue la gripe A de 2009, pero pese al temor que despiertan fueron menos mortíferas que otras enfermedades que golpearon a la humanidad a lo largo de la historia.
“Los virus y las epidemias seguirán surgiendo y acompañarán a la humanidad en el transcurso de su historia, pero el hombre seguirá poniendo sus esfuerzos para ir superándolas”, dijo el expresidente de la Sociedad Argentina de Infectología (SAI) Gustavo Lopardo.
“Basta recordar a la peste negra del siglo XIV, que devastó una tercera parte de Europa, o la viruela, que provocó más muertos que las guerras mundiales”, agregó.
La pandemia más mortífera hasta ahora fue la viruela, que provocó unos 300 millones de fallecimientos, dejó secuelas en los enfermos y fue erradicada hace 40 años.
La segunda fue el sarampión, que provocó 200 millones de muertos en el mundo, según cifras de la OMS, cuyo contagio, al igual que el ébola, se previene con vacunación.
La tercera, la peste bubónica, estuvo activa hasta 1959 y provocó la muerte de más de 12 millones de personas, mientras el tifus dejó más de 4 millones de fallecidos, pero no supone un peligro en el mundo moderno.
El cólera, que registró grandes pandemias en los siglos XIX y XX, supera los tres millones de muertos, de acuerdo a la OMS.
El siglo XX comenzó con la gripe llamada "española", que mató en 7 meses -de septiembre de 1918 a abril 1919- a cinco veces más personas que los combates de la Primera Guerra Mundial, con unos 50 millones de fallecidos.
Años después, entre 1957 y 1958, la gripe asiática (H2N2), que apareció en China y llegó varios meses después a América y Europa, causó un total de 1,1 millones de muertos. Otro millón de decesos provocó la llamada gripe de Hong Kong (H3N2), que dio la vuelta al mundo entre 1968 y 1970 y mató a muchos niños, una dolencia que entró en la historia como la primera pandemia de la era moderna, la de los transportes aéreos.
Y el siglo concluyó con la que se considera la quinta pandemia mundial más importante, el VIH, que a partir de 1981 mató a más de 32 millones de personas.
La Argentina no estuvo ajena a padecer estos estragos, ya que desde su fundación, en 1580, la ciudad de Buenos Aires sufrió periódicamente devastadoras epidemias que los cronistas llamaban "pestes", siendo el cólera, la viruela y la fiebre amarilla responsables de los hechos más trágicos en los siglos XVII y XVIII.
No obstante, la epidemia que marcó un antes y un después fue la de la fiebre amarilla en Buenos Aires (transmitida por el mosquito Aedes aegypti), especialmente en 1870 y 1871. En una ciudad donde el número de fallecimientos diarios no llegaba a 20, hubo días en los que murieron más de 500 personas, con un total aproximado de 14.000 muertos.