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Cerró "Cappello y Castagno" tras 59 años, un ícono comercial en Levalle

Se trata de la histórica librería y juguetería, inaugurada en 1964 por Felipe "El Negro" y María, conocidos vecinos del pueblo. La nostalgia y el agradecimiento de sus clientes se manifestaron en redes cuando los dueños dieron a conocer el adiós a la actividad

Corría enero de 1964 cuando el matrimonio conformado por María Castagno y Felipe “El Negro” Cappello decidieron abrir un negocio en General Levalle que comenzó siendo juguetería y librería y luego anexó la venta de diversos artículos del hogar. La inauguración tuvo todo el ceremonial que se acostumbraba en la época y el padre que estaba a cargo de la parroquia del pueblo, Gerónimo Ducart, realizó la tradicional bendición del comercio. Durante años los vecinos, entre papás y niños que buscaban juguetes y materiales para el colegio, visitaron las puertas del histórico local céntrico. Cuando los fundadores faltaron, se hizo cargo Silvina, hija de ambos y quien brindó toda su simpatía e impronta. Para ocasiones especiales se disfrazaba, lo que generaba un gran lazo afectivo y fraternal con sus clientes. Durante 2020, la mujer falleció tras batallar durante bastante tiempo con una enfermedad. En ese momento, su esposo, Antonio Devcich, se hizo cargo de la atención. No obstante, ya cerca de jubilarse y con el cansancio propio de una larga trayectoria laboral, junto con su familia decidió decir adiós. En un largo descargo a través de las redes, los propietarios se despidieron y en cuestión de minutos decenas de comentarios de agradecimiento y de anécdotas no se hicieron esperar. El recuerdo, la nostalgia y el cariño de los levallenses siguen intactos.

En diálogo con Puntal, el último propietario, Antonio, contó con detalle la historia de este local que ya forma parte del corazón de los habitantes del pueblo, del que se despide con gran afecto. Manifestó que la mamá de su señora, quien tenía gran espíritu emprendedor, fue la precursora de la actividad, a la que luego se le sumó su esposo.

“Mi suegra empezó vendiendo en el garaje flores para el Día de los Muertos y los Santos. Más adelante, con mi suegro abrieron el negocio, que en un principio se llamó ‘Casa La Nena’ porque tenían una sola hija. Luego, en el 68 nació mi señora y ahí le pusieron Cappello, que era mi suegro, y Castagno, que era ella”, explicó el hombre. “Mi suegra empezó vendiendo en el garaje flores para el Día de los Muertos y los Santos. Más adelante, con mi suegro abrieron el negocio, que en un principio se llamó ‘Casa La Nena’ porque tenían una sola hija. Luego, en el 68 nació mi señora y ahí le pusieron Cappello, que era mi suegro, y Castagno, que era ella”, explicó el hombre.

En este sentido, puntualizó: “Durante unos 40 años el negocio estuvo en el lugar actual pero era la mitad del espacio, después en un momento mi señora lo quiso agrandar. Hicieron un galpón atrás, atendieron ahí casi un año e hicieron un comercio nuevo que incluía la parte antigua, un depósito y un patio, y lo que era garaje antes quedó como depósito, baño y cocina”.

Acerca del rubro, Antonio -conocido como Dadi en la zona- relató que primero se dedicaron a vender artículos de librería y juguetería y más adelante comenzaron a sumar diversos productos, según iban demandando los clientes. “Anexaron venta de cuchillos y marroquinería. Mi suegro iba a comprar a Buenos Aires, se iba un lunes y volvía un jueves. Eso, unas tres o cuatro veces por año. Cuando mi señora toma el negocio comenzamos a manejarnos con viajantes y ella le agregó también la parte de relojería, radios, artículos del hogar y también pusimos fotocopiadora por la cantidad de chicos que venían del secundario. Después, con el paso del tiempo nos fue quedando marroquinería, librería y juguetería, venta de cosas de plata y oro. Hacíamos lo que era bazar y regalería para hombres”, explicitó.

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No obstante, ya en el último tiempo, “Cappello y Castagno” quedó solo con la venta de los artículos con los que incursionaron en la génesis del comercio.

Las puertas de icónico negocio cerraron pero quedará en la memoria de cada uno de los niños, jóvenes y adultos que encontraron siempre no solo los elementos que necesitaban, sino la calidez y buena atención de sus dueños, siempre atentos a las necesidades de cada vecino.

El conmovedor mensaje de despedida

A través de las redes, la familia propietaria difundió un emotivo texto para despedirse de los vecinos, luego de casi 60 años de atención al público. El escrito reza: “Ha llegado el momento de decir adiós. Después de 59 años, hemos decidido pasar página y despedirnos de nuestros clientes y todos los que han pasado por nuestro negocio y se han convertido en amigos. Hay mucho por decir y agradecer, aunque es difícil encontrar las palabras. Siempre tratando de brindar lo mejor, para que no faltara nada. Desde el comienzo con el Negro y la María en el antiguo negocio, abriendo a toda hora para que nada les falte o simplemente para charlar un rato. ¿Quién no tocó el timbre porque se olvidó el mapa o la fotocopia que pedía la profe para el lunes? ¿Quién no recuerda a María con su delantal moviendo sus deditos en la calculadora con manija y al Felipe cambiando alguna que otra pila al reloj que dejó de funcionar? Y Silvina, siempre con buen humor y mucha energía trabajando horas y horas para darles lo mejor a nuestros clientes y sus locas ideas para el Día del Niño, los Reyes Magos y Navidad. Por eso queríamos darles las gracias por todo lo que hemos vivido estos años, por su cariño y su confianza. Dejamos miles de recuerdos en niños y también en grandes. No queremos dejar de agradecer a cada una de las chicas que trabajaron con nosotros, que nos ayudaron a trascender en el tiempo. Hemos sido unos privilegiados al haber compartido la vida con nuestros clientes, empleadas, viajantes y proveedores. Muchas gracias por todos los momentos compartidos y que nunca olvidaremos. Hasta siempre...”.