Opinión | Llaryora |

Schiaretti y Llaryora, antes que todos

El peronismo acelera los tiempos de la pelea por la gobernación: mañana proclamará al intendente de Córdoba como candidato. Los cabos sueltos, la disputa por el vice y la pretensión de Llamosas

El peronismo provincial apura los tiempos. Mañana, desde las 5 de la tarde, en el Quorum de Córdoba, el oficialismo cordobés proclamará ante legisladores, intendentes y concejales a Martín Llaryora como el candidato a gobernador que tendrá el desafío de retener el poder para una fuerza que lo ha monopolizado durante los últimos 23 años.

Mientras en el escenario nacional prevalecen las indefiniciones y los encontronazos, Llaryora se convertirá en uno de los primeros candidatos ya oficializados en el país. Sin competidores internos, tendrá por delante una larga campaña de al menos seis meses. En ese punto, hay una contradicción en el schiarettismo: en los últimos meses ha venido sosteniendo que la crisis económica y social es tan grave, tan profunda, que no hay que anticipar las especulaciones electorales sino dedicarse enteramente a gobernar.

Que Hacemos por Córdoba lance su campaña tan prematuramente abre una disyuntiva: o se avecina una campaña de largo aliento, como las que no se ven desde hace mucho, o el oficialismo adelantará la fecha lo máximo posible.

El tiempo es un componente clave de la política y de la estrategia electoral. Y el oficialismo va a tratar de usarlo en su favor. Si deja que los meses pasen, puede estar dándole a Juntos por el Cambio la posibilidad de ordenar una situación compleja y aún irresuelta. Mientras Rodrigo de Loredo coquetea con la idea de la doble candidatura (a intendente de Córdoba y a gobernador), Luis Juez está enfrascado en una desgastante negociación con sus socios, principalmente del radicalismo, para definir con qué reglas de juego se dirimirán las listas. El senador se ha negado hasta ahora a firmar el reglamento que se usaría en caso de que no quede otra opción que una interna.

El peronismo pretende, como ha hecho otras veces con éxito, aprovechar esa inclinación de la oposición por los enredos y los desacuerdos. Schiaretti operará ahí por contraste: buscará mostrar mañana a un peronismo con una conducción indubitable y un encolumnamiento monolítico. Los organizadores hablan de que habrá 4.000 dirigentes expresándole su apoyo a Llaryora.

Pero, a pesar de la imagen que dará en el Quorum, en Hacemos por Córdoba quedan todavía algunos cabos sueltos en la estrategia para el año próximo.

Uno son los intendentes. O, mejor dicho, aquellos intendentes que pretenden un período más pero que lo tienen vedado por ley. En los últimos meses se sondearon distintas posibilidades para desactivar el artículo de la ley 10.406 que les pone a las gestiones municipales un límite de ocho años. Sin embargo, finalmente el peronismo no avanzó en la Unicameral.

Los 137 intendentes de Hacemos por Córdoba que están en esa situación presionaron de distintas maneras para conseguir al menos un período más. Ahora, el que cerró la puerta a cualquier rehabilitación de la re-re fue el propio Schiaretti.

El gobernador debió intervenir personalmente para tratar de encauzar el proceso y despejar el malestar de los jefes comunales. Por eso, convocó a los 30 más representativos y, esta vez, no hubo intermediarios: él mismo intentó convencerlos. En esa reunión, Schiaretti les dijo que se olvidaran de la re-reelección pero les prometió que habrá lugar para todos en el gobierno de Llaryora. La promesa incluye una eventualidad: antes el peronismo tiene que ganar.

Es decir, el gobernador les pidió que salgan a comerse la cancha para sumarle votos al candidato y así estarán construyéndose un lugar para sí mismos.

En el Panal creen que se preservará la organicidad y que todos convocarán a elecciones para el mismo día que se vote en la provincia. Sin embargo, las dudas están centradas en si esos intendentes que no pueden repetir estarán tan comprometidos a la hora de hacer campaña.

El segundo cabo suelto tiene nombre y apellido: Martín Gill, el intendente de Villa María, que está identificado con el kirchnerismo y que viene moviéndose principalmente en su zona de influencia. Ha dado muestras de que está dispuesto a volver a Hacemos por Córdoba de alguna manera pero no a costa de una rendición incondicional.

El factor Gill no es un elemento menor en el escenario peronista. Si bien el kirchnerismo está más desgastado que nunca, y especialmente en Córdoba, las características de la elección provincial hacen no sea tan sencillo desdeñar al villamariense. “Tenemos que tener una estrategia para Gill”, se oye insistentemente en el PJ. Porque ante un escenario menos previsible que el de 2019, con una oposición que acarrea sus traumas de convivencia pero que viene de ganar con elocuencia en 2021, es probable que cada punto sea clave el año próximo.

El schiarettismo admite que está ante un problema de compleja resolución: si prescinde de todo el arco kirchnerista puede padecerlo al final del camino; si lo incorpora, la sociedad cordobesa puede castigarlo en las urnas.

Lo ideal sería, aseguran, sumar a Gill sin que se note demasiado.

Mañana, en el acto, sólo habrá dos oradores: Schiaretti será el primero y le dejará a Llaryora el cierre. El motivo será uno solo: el lanzamiento de la campaña provincial. “No es ni el momento ni el ámbito para que el gobernador plantee una candidatura propia para el escenario nacional”, detallaron en el Panal.

Para más adelante quedará otra definición relevante: la del compañero de fórmula. En ese punto persiste el desacuerdo sobre el criterio general: hay quienes se inclinan por un intendente peronista con buenos índices de aprobación; otros prefieren que el elegido o la elegida sea una incorporación.

La segunda opción es la que prevalece en el schiarettismo. Ese dato es clave porque si hay algo que el gobernador no suele delegar es la lapicera. El criterio que surge del Panal es que el candidato a vice no puede ser más de lo mismo sino una mujer o un hombre que le agregue votos a Hacemos por Córdoba. “¿Quién, dentro del peronismo, va a sumarle a Llaryora un voto más de los que aporta Schiaretti? El garante del voto peronista, sobre todo en el interior, va a ser el gobernador y, por lo tanto, el compañero o la compañera de fórmula tiene que ser alguien que amplíe la coalición, que traiga votos de otro lado”, indican en el gobierno.

Esa visión se contrapone con la que postula el llamosismo por la simple razón de que le cierra la puerta a la aspiración de máxima que tiene el intendente. En el Palacio de Mójica aseguran que insistirán con el proyecto de Llamosas vicegobernador porque, a su juicio, la clave de la elección que se viene estará en el territorio, en el aporte de abajo hacia arriba que puedan hacer los dirigentes locales.

El llamosismo enumera algunas características que, considera, son sus activos para dar la pelea: la imagen positiva de Llamosas, el hecho de que en la legislativa de 2021 el PJ consiguió en Río Cuarto 9 puntos más que en el promedio general, y el índice de aprobación de la gestión.

Mañana, en el Quorum, el intendente también quiere dar una señal: llevará a todo el gabinete al acto para demostrar la magnitud del apoyo y el compromiso con la candidatura de Llaryora.

En el Palacio aseguran que jugarán la elección provincial a fondo, como si fuera una local, incluso si Llamosas no es el vice. Y lo harán por dos razones: porque, si no va en la fórmula, el intendente pretende alcanzar un ministerio importante. Y, además, porque considera que en el 2023 empieza a definirse el 2024.

Río Cuarto suele votar distinto: no necesariamente quien gana la provincia después se impone en la pelea municipal. Sin embargo, en el Municipio sostienen que una derrota en la gobernación desataría un escenario de caos en el peronismo local: se multiplicarían los precandidatos, una situación que ya vivió y padeció el PJ.

En cualquiera de los escenarios, el intendente pretende llegar a la elección municipal con el mayor índice de aprobación posible. Así, podría disponer del tablero según su criterio y ser el gran decisor dentro del peronismo.

Por eso, en el Palacio señalan que el proyecto de presupuesto que se presentará mañana en el Concejo será fundamental: está enfocado en una fuerte inversión en obras, que debería contribuir a que Llamosas pueda digitar dentro del peronismo su propia sucesión.

Mientras tanto, intenta influir en la oposición. La semana pasada, el intendente convocó a su antecesor, Juan Jure, para participar de la entrega de zoótropos. El acto, por supuesto, no fue inocente. Ni de un lado ni de otro. El legislador quiere gravitar en las decisiones de Juntos por el Cambio y Llamosas busca exacerbar la interna del radicalismo.

Por esas horas, la agrupación La 30 de Octubre, encolumnada ahora en Evolución Radical, aprovechaba el aniversario de la vuelta de la democracia para lanzar a Gonzalo Parodi y para avisar que quiere poner al candidato y que, si es necesario, está dispuesta a ir a una interna. Ayer, otro precandidato, Gonzalo Luján, también salió al ruedo con un diagnóstico de la ciudad.

En el Palacio de Mójica admiten que el oficialismo no dispone de un candidato afianzado e indiscutido para el 2024 y que remover en las disputas del adversario siempre es un recurso válido.