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Los “tronos” de Maradona

El amor que le tributan a Diego Maradona en cada escenario que visita nace del juego que amamos y que él jugó como ninguno, y que se acentuó cuando lo hizo en equipos “menores” contra los grandotes de bolsillo y de jugadores, y les ganó con diez compañeros que lo han mirado en la cancha, pensando que iban a poder contar que jugaron con el Llanero Solitario, el Chapulín Colorado y Harry Potter, todos juntos.

Cada partido de Gimnasia tiene una previa particular. Si es de local, la cuestión es repetida y lógica, con un grado de curiosidad respecto a la misma. La ovación que recibe Diego Maradona por parte de los “triperos”, fue, desde lo emocionante de su presentación en el club, al apoyo en cada fecha, antes de los encuentros. 

El aplauso final a pesar de la falta de resultados se hace más por la gratitud a Diego que por alegría, la que cada vez que ha jugado el Lobo en el Bosque no abundó, por cierto.

El anuncio de Maradona técnico de Gimnasia debió ser así, por marketing, por contrato y porque Diego ha querido que sea así. Todos sabemos que en la práctica, el “Gallego” Méndez y Adrián González cumplen el rol día a día, en cada entrenamiento y si Diego está durante la semana, aporta lo suyo, motiva hasta al más limitado y la jornada de partido se sienta en su “trono” observando el cotejo y marcando desde su experiencia y conocimiento, las cosas que cree hay que cambiar o ratificar en el equipo platense, durante el juego. 

Así va la nave de Gimnasia, en un mar peligroso y hostil, con algunos puntos menos de los merecidos en los choques disputados, pero sabiendo que la cuestión se hace cuesta arriba cada semana que pasa y con los promedios a la vista. 

A pesar de ello, no ceja en el empeño y ganó por mérito propio en la cancha de Independiente.

Cuando el Lobo juega de visitante, desde que está Maradona y salvo en la cancha de Rosario Central, el recibimiento a Diego es conmovedor.

Su ingreso, caminando como Kung Fu Panda, con sus dificultades, su mirada hacia las tribunas “ajenas” que le cantan y lo aplauden es un gran momento.

Su encuentro con Miguel Brindisi en cancha de Huracán o con Ricardo Bochini en lo del Rojo, son piezas de colección de la sensiblería más auténtica que se vea por estos lados, en un país con montañas de hipocresía, en el fútbol y en la vida.

Muchos son los que no entienden el fenómeno. Que no lo aceptan. A los que no les entra el derrame de amor que sobre Diego cae desde hinchas que están a punto de enfrentarlo, al menos desde lo táctico.

“¿Cómo puede ser?”, piensan, y lo dicen. Este tipo que fue amigo de Hugo Chávez y Fidel Castro. Este “negro falopero” que apoya gobiernos planeros y demasiado inclinados hacia lo estatal. Este tipo al que se le aparece un hijo de vez en cuando.

Este que no sabe hablar y que en medio de su enfermedad llegó a coquetear con los poderes que siempre criticó. “¡No… mirá como lo aplauden…si hasta le hacen un trono en cada cancha!”.

Muchos de los que piensan así, más de los que ustedes creen, adhieren a sistemas y políticos que vaciaron la salud y la educación en sus países, se siente de parabienes cuando ven a algún presidente que aprieta un botón para jugar a la guerra con bombardeos sobre escuelas y hospitales, y no son de un trato cordial para con sus empleados a la hora de los sueldos y aportes.

Son maneras de vivir y pensar. Pero a Diego Maradona lo juzgan por eso, lo miden desde allí para poder medirse. Es que el amor por Maradona, ese que baja de las tribunas de las canchas en donde juega Gimnasia, ese que hace que verlo desde 1976 para acá nos haga sentir ante un dibujo animado, nace desde el fútbol. 

Del juego que amamos y que él jugó como ninguno, y que se acentuó cuando lo hizo en equipos “menores” contra los grandotes de bolsillo y jugadores, y les ganó con diez compañeros que lo han mirado en la cancha, pensando que iban a poder contar que jugaron con El Llanero Solitario, el Chapulín Colorado y Harry Potter, todos juntos.

Y más aún, el amor por Diego, de los futboleros, se hizo enorme, porque entre goles a los ingleses y otras victorias, no hubo uno de sus compañeros que hablara mal de él, que dijera que Diego le había fallado como persona, en un vestuario, concentración o campo de juego.

Cuando llegue el momento en que Maradona repose de la vida, ante su imagen lo saludaremos como a la persona “dueña del alma de la pelota”. El que mejor jugó a esto de todos los mortales. El que representó a los argentinos en la canchas, gambeteando y haciendo goles. Cuando Diego ya no esté, es probable que los escribas reptantes o los voceros de la cobardía tiren flores al Maradona jugador, olvidando de un momento a otro al Diego hombre, que ellos tanto defenestran, como si ellos mismos fueran ángeles sociales, políticos y deportivos.

Maradona entra a una cancha rival y lo ovacionan. Los de Central se mordían por aplaudirlo, pero un poco de tiempo con la “otra” camiseta bastó para que se pierdan la oportunidad de decirle de cerca que a ellos también los llenó de felicidad mientras jugaba.

Bueno. Eso. Catarsis de alguien a quien emociona ver a Diego recibir tanto afecto, tal vez un poco tarde, y saberlo feliz, en una cancha al lado de sus “triperos”.

Y los que no lo entienden, los puristas, los que se santiguan haciendo gancho con la otra mano, sacan a relucir sus odios reprimidos. Que son más de especie que de fútbol.



Osvaldo Alfredo Wehbe

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