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Después del Covid, "todos estamos súper sensibilizados"

El infectólogo Lucas Stefanini cuenta cómo vivió la pandemia desde lo personal, el involucramiento emocional con pacientes y familiares, la plasticidad del sistema de salud y su llegada a la función pública

Realizó su carrera en la Universidad Nacional de Córdoba, donde también completó la especialización en medicina interna. Luego en Buenos Aires se especializó en infectología, una ciudad donde vivió y trabajó (en Hospital Italiano) durante cuatro años.

La infectología se ha puesto obligadamente de moda, y entre todos sabemos lo que hacen estos especialistas, sin embargo tiene para los profesionales el desafío de estar siempre estudiando algo nuevo.

Lucas Stefanini es infectólogo (MP 32179/2) y en diálogo con Salud & Ciencia dice que algunos aspectos de la especialidad son más estables en el tiempo, “como el manejo de pacientes con VHI, son pacientes que, actualmente, uno los acompaña toda la vida. Lo que sucede es que los tratamientos se hacen cada vez más complejos, sobre todo en aquellas enfermedades que implican inmunosupresión como el cáncer, la psoriasis, la artritis reumatoidea. Cada vez utilizan tratamientos que mejoran mucho más el pronóstico de la enfermedad pero que bajan las defensas y ahí participamos nosotros con evaluaciones de infecciones que puedan estar latentes o que se puedan producir, eso es algo que no es tan nuevo”.

Pero sí hay, permanentemente, virus nuevos…

-Sí. O virus ya conocidos, tanto como bacterias, que vuelven a ser importantes. Como el brote de Legionella, algo que es conocido desde hace muchos años, en Argentina no hay muchos brotes, pero cuando surge uno tan potente con una bacteria que mata personas, es digno de estudio. Nos pasa con la gripe, que año a año se presenta diferente. Lo mismo pasa con la viruela del mono, es algo que en África sucede desde hace mucho tiempo, no es nueva, sin embargo ahora se hacen más conocidas y afectan más poblaciones.

¿Por qué elegiste esta especialidad?

-La especialidad la elegí por ser una especialidad muy clínica, es algo que me gusta muchísimo, me gusta diagnosticar una enfermedad, buscar la causa de ella, creo que tiene que ver con eso la especialidad: tener un contacto con el paciente, revisarlo, saber cuáles son sus síntomas, eso es lo que más me gusta y también el seguimiento del paciente con VIH. En ese caso son pacientes crónicos donde se genera una relación con él, te convertís en un médico de cabecera.

¿Cómo es la especialidad?

-Las infecciones pueden ser producidas por virus, parásitos, bacterias, hay una parte muy importante que es la clínica, pero también hay otros aspectos igualmente relevantes que tienen que ver con el control de infecciones. Todos los sanatorios del sector público y privado tienen su comité de infecciones, donde no solo participan infectólogos sino también otro tipo de profesionales. Ellos tratan de disminuir, lo más que se pueda, aquellas posibilidades de infección dentro de una institución. Muchos pacientes en terapia intensiva, disminuidos, pasó con el Covid, pueden llegar a pasar mucho tiempo invadidos, por ejemplo, con asistencia respiratoria y ese es un riesgo de adquirir infecciones dentro de la institución. El comité lo que hace es tratar de disminuir ese riesgo, es un trabajo muy importante, duro y difícil. Y es un aspecto no es tan conocido de la especialidad.

Lucas Stefanini | Médico Infectólogo

Son protocolos que se hicieron más rigurosos con el Covid…

-El Covid fue muy importante en el sentido de que, como equipos de salud, nos tuvimos que amoldar a una situación que no estábamos acostumbrados. En ese contexto los equipos tuvieron la plasticidad suficiente para adaptarse a ese cambio que fue enorme y se logró. Hoy estamos volviendo a una normalidad, nos adaptamos a lo pre-pandemia, pero con el virus.

¿Cómo viviste personalmente la pandemia?

-Fue una situación sumamente compleja, no sabíamos cómo iba a ser al principio. Escuchábamos a los expertos y no sabíamos cómo nos íbamos a comportar, con esas características sabíamos que el virus iba a llegar, era imposible que no llegara. Lo que queríamos saber era si el equipo iba a estar preparado y si en infraestructura íbamos a poder soportarlo. Tuvimos un primer brote fuerte en agosto 2020, ahí aprendimos mucho. Con esa información pudimos estar preparados para la verdadera ola de 2021, con más casos, con más internados, fue la más fuerte. Y luego una tercera ola con gran cantidad de caso pero pocos internados y con la vacunación en el medio. Fue un aprendizaje que nos permitirá estar preparados para muchos años, ojala no suceda nuevamente.

Algo importante es que desde el cono sur siempre pudimos estar informados de lo que pasaba en el hemisferio norte, después cómo lo íbamos a administrar es otra cosa, sabíamos cómo se iban a comprobar las cepas, después el sistema se acomodó lo mejor que pudo.

¿Te contagiaste o tuviste miedo?

-No, no me contagié y nunca tuve miedo. Uno podía tener preocupación por la familia, por algún familiar de riesgo o adultos mayores, pero miedo de contagiarme nunca tuve. No hice síntomas de la enfermedad, tal vez hice la enfermedad asintomática.

¿Te conmovieron algunos casos?

-Muchos. Colegas, amigos, familiares, conocidos, gente joven, eso no lo esperas: que en una persona sana, una infección de este tipo pueda ser crucial. En todo ese contexto había un manejo muy estricto de la internación de los pacientes, y hasta a veces la imposibilidad de que los familiares se acerquen al paciente, entonces uno terminaba siendo un vehículo de comunicación entre el paciente y la familia, eso implicaba involucrarte emocionalmente, mucho más de lo que estabas acostumbrado a hacerlo, no fue fácil pero creo que lo pude lograr. Hubo momentos muy difíciles.

¿Cómo hacías para desconectarte?

-Llegábamos tarde a casa, pero cuando se pudo salir empecé a hacer actividad física, suelo correr de manera amateur y eso me ayudó muchísimo y luego el apoyo en la familia, hablar de otra cosa, hacer otras cosas, fueron muy difíciles esos primeros tres meses, fue estar conectado 24 horas los 7 días de la semana, hubo momentos de extremo cansancio, aunque también nos apoyamos mucho en el equipo.

La gente quedó con miedo…

-Sí, hay mucha sensibilización ante virus nuevos, todos estamos súper sensibilizados.

Ante, por ejemplo, Legionella…

En ese caso, es un germen que no tiene transmisión inter-humano, tiene una transmisión de los sistemas de ventilación o por el agua, pero no desde humano a humano, por eso es una enfermedad que no es tan trasmisible. Sin embargo tiene una mortalidad mucho más alta que el Covid.

¿En algún momento saldrá la OMS a decir, se termina el estado de ‘pandemia’?

Puede ser, no creo que falte mucho, hay que llegar a un grado de inmunización de la población en la que no colapse el sistema sanitario.

¿Cómo llegas a ser parte de la función pública?

-Eso fue a finales de esa primera ola, donde la gestión actual había ganado las elecciones, se comunicaron conmigo, me ofrecieron anexarme al equipo que ya estaba, que era lo que yo quería. Junto con el Dr. Ferrario y el Dr. Perez Villarreal eran quienes habían acompañado ese trabajo durante la pandemia y me ofrecieron anexarme desde la prevención y promoción de la salud. Tenemos un equipo de trabajo de primer nivel, es un equipo que viene desde hace años trabajando en salud con mucha experiencia. Logramos mucha armonía con la convicción de que en salud estamos para resolverle los problemas a la gente, siempre desde ayudar al otro.

Por Fernanda Bireni