Luciana Balvina Presbiterio vive en Berrotarán y el pasado domingo y por primera vez recibió el saludo del Día de la Madre, de su hijo mayor, Remo, aquel que a los 2 años dejó de ver tras dejarlo con una familia en Río Cuarto.
La mujer que hoy tiene 80 años jamás ocultó la existencia de ese niño que tuvo a los 20 años y que estuvo con ella durante los dos primeros años de vida mientras trabajaba como empleada cama adentro en Río Cuarto.
El viernes previo al Día de la Madre, Luciana recibió un llamado telefónico y al atender un hombre le preguntó: “Buenos días, ¿usted es Luciana?” y la respuesta fue: “Sí, soy yo”, y volvió la repregunta: “¿Usted es Luciana?”, y ante la reafirmación, del otro lado del teléfono le respondieron: “Hola, soy el Remo”.
No hicieron falta demasiadas explicaciones. Se trataba de su hijo a quien volvía a escuchar después de casi 6 décadas.
Remo Presbiterio finalmente se había animado a llamarla. Sabía de su existencia y hasta conocía su rostro por una nota de diciembre de 2018 que diario Puntal había hecho de su mamá Luciana por haber terminado la primaria a los 76 años y por haber sido abanderada. El hombre guardó celosamente dicha imagen.
El reencuentro y las circunstancias que llevaron a estar lejos por tantos años fueron escritos y compartidos en Facebook por Remo, quien hoy vive en Río Cuarto y trabaja en la Municipalidad. (Ver nota “Y al fin me decidí...”)
La historia de Remo y Luciana era conocida en la familia y amigos, pero tenía un capítulo inconcluso: el reencuentro de madre e hijo.
Y ocurrió el pasado viernes previo al Día de la Madre, a las 16 horas, cuando Remo Presbiterio decidió viajar a Berrotarán junto a su mujer Mónica para conocer personalmente a su mamá. Un abrazo, pedido de perdón de ambas partes, quienes a su vez asumen que no hay nada que perdonar sino que fue la vida misma que trazó este camino. Y más de tres horas de una extensa charla. Sólo ellos.
Luego la despedida y la promesa de un pronto reencuentro. Es que ahora Remo sabe que tiene otros 8 hermanos, además de los de crianza, primos, tíos, muchos sobrinos y hasta sobrinos nietos.
El domingo a la mañana Luciana recibió el saludo de sus hijos, pero el más esperado era el de Remo, quien volvió a comunicarse para desearle un “Feliz día a su mamá”. “No nos volvimos a reunir, porque Remo nos dijo que ya nos va a avisar para que nos encontremos todos”, dice ilusionada Luciana, quien sigue respondiendo llamados de vecinos, familiares, amigos que supieron del encuentro.
“En mi casa, mis papás y hermanos sabían de Remo. También todos mis hijos. Nunca lo escondimos. Pero por esas cosas, nunca me animé yo a ir a buscarlo. Sí lo hicieron mis hermanos, pero la familia que lo crió no dejaba verlo. Y no era por malos, sino que se encariñaron con él y le dieron una hermosa crianza”, resalta Luciana.
En diálogo con Puntal, la mujer contó al detalle cómo fue que dejó a su hijo cuando sólo tenía dos años y coincide con el relato que Remo hizo en su escrito difundido por la red social.
El hombre aún hoy sigue tratando de asimilar el encuentro y la repercusión que tuvo su historia en la red social: “No dejo de recibir solicitudes de amistad y mensajes de familiares que van apareciendo”.
“Lo dejé, pero nunca lo olvidé”
“Yo tenía a Remo chiquito cuando trabajaba en una casa de familia en Río Cuarto ‘cama adentro’. En ese lugar me hice amiga de otro muchacho que también trabajaba ahí. A él le daba lástima ver a mi nene que siempre lloraba y yo no lo podía atender, porque cuidaba de tres nenas, tenía que limpiar la casa, cocinar y planchar. Un día me dice: ‘Me lo prestarías para llevarlo y que lo conozcan mis papás. Le dije: ‘Bueno’. Lo llevó y lo trajo. Después conocí a una hermana de él. Un día visitando la casa me dice: ‘Déjelo y después venga a buscarlo’. La cuestión fue que lo llevé, lo dejé y nunca más fui a buscarlo”.
Luciana tenía por ese entonces 22 años y creyó que en ese lugar Remo iba a tener la atención y contención que ella no podía darle.
“Pasó el tiempo y me fui a Buenos Aires y allí estuve 5 años. Volví con mis hijas mellizas a vivir a la casa de mis padres, acá en Berrotarán. Ahí sentí el comentario porque unas hermanas mías que viven en Río Cuarto lo iban a buscar a Remo, pero la familia no se lo entregaba. Entonces yo tampoco fui a buscarlo. Hasta perdí la dirección de la casa. Yo nunca me olvidé de él, fue mi primer hijo, el más grande. Siempre pensé que ahí estaba bien cómodo, querido y le daban todo lo que yo no podía”. Además, reconoce, tenía miedo al rechazo del niño.
A Remo la familia que lo acogió lo crió como un hijo más. Pero siguió teniendo su nombre y apellido tal como decía la partida de nacimiento.
Pasaron los años y Luciana formó una nueva pareja con la que tuvo otros 6 hijos.
“En total tengo 9 hijos, y todos a su tiempo sabían que tenían un hermano más grande que vivía en Río Cuarto, todo”.
Luciana también menciona que el padre de crianza de Remo les había pedido a sus hijas que la buscaran. “Una de las chicas venía acá y la intención era juntarnos con mi hijo. Pero pasó el tiempo, hasta que una decidió buscarme, me reuní con ella. No hubo reproches ni nada, porque eran cosas que pasaban. El tiempo pasó y no le habrían dicho a Remo”.
Las cosas del destino hicieron que un sobrino de Luciana coincidiera con el hijo de Remo en un viaje: “Nuestro apellido es único y no hay otras ramas del mismo, así que seguro eran parientes. En eso de la charla el chico de Río Cuarto le dijo: ‘Yo quiero conocer a mi abuela’”.
Este intercambio de información fue de alguna manera abriendo y acortando distancias a la posibilidad de este reencuentro.
“Él (Remo) llamó a una hermana mía acá en Berrotarán y así consiguió mi teléfono. El vienes recibí el llamado. Me dijo: “Buenos días, usted es Luciana’. Le digo ‘Sí, soy yo’. Y me volvió a preguntar. Y me respondió ‘Soy el Remo’. ¡Ay, me dio una emoción!. Y me comentó que iba a venir a las 4 de la tarde”.
Remo llegó con su esposa y la charla transitó por recuerdos y preguntas de saber cómo había llegado a la casa donde se crió. “Nos abrazamos, nos pedimos perdón los dos, pero ninguno de los dos tenemos culpa de nada. Yo no me quise librar de él. Creí que en ese lugar iba a estar mejor”.
“El domingo me llamó para decirme feliz Día de la Madre”. Queda ahora otra visita para que Luciana conozca a sus dos nietos y que Remo se encuentre con sus hermanos.

